“1968: El fuego de las ideas”. Cuando se era realista, y se pedía lo imposible

Primavera de Praga

Este año de 2018 nos interesa por dos razones. La primera, porque PhotoEspaña celebra su vigésimo aniversario y ha organizado multitud de exposiciones, de las cuales, tres recalan en Zaragoza. Y la segunda, porque se cumple medio siglo de los movimientos reaccionarios, sociales y políticos, que fueron estallando a partir de 1968 y principios de los setenta, sucediéndose en los cinco continentes. Ambas nos llevan a la exposición 1968: El fuego de las ideas que alberga el Centro de Historias de nuestra ciudad y que nos ha traído la obra del artista plástico argentino Marcelo Brodsky (n. 1954).

1968 fue un año de revolución cultural, social y de pensamiento. La Primavera de Praga y las protestas estudiantiles de mayo en París se consideran el pistoletazo de salida para todo lo que vino después, al menos en Europa, en Italia, Reino Unido, Polonia o Yugoslavia. De Estados Unidos llegan las protestas contra Vietnam, la lucha por los derechos civiles o también Woodstock. De África, de Nigeria, Occidente toma conciencia de las primeras crisis humanitarias de carácter global; en Egipto, se suceden las revueltas universitarias contra el gobierno, y Sudáfrica es excluida de los Juegos Olímpicos por su apartheid. En Argentina, México, Colombia, Uruguay, los estudiantes saltan a la calle contra los gobiernos conservadores, y en Japón y Pakistán lo harán contra la guerra de Vietnam. Todo ello constituyó un punto de inflexión para toda una generación que se lanzó a la conquista de las libertades, y surgió, en su mayor parte, de la espontaneidad juvenil.

Marcelo Brodsky nació en Buenos Aires en 1954 y con el inicio de la dictadura militar argentina y el secuestro de su hermano por ésta, se exilió y se refugió en Barcelona, donde estudió Fotografía y Economía. Brodsky es y ha sido uno de los artistas argentinos mayor volcados por los derechos humanos tras el fin de la dictadura totalitaria de su país y el terrible Proceso de Reorganización Nacional en la que desaparecieron más de 30.000 personas.

La obra del argentino se caracteriza por la creación de series, siempre fundamentadas en el rescate de archivos, fotografías y testimonios, buscando un nuevo significado y generando, por medio de su intervención, un fuerte impacto visual.

En 1997 Brodsky expuso y publicó el ensayo fotográfico Buena Memoria en torno a los noventa alumnos desaparecidos a causa del terrorismo de Estado, y que estudiaron en el Colegio Nacional de Buenos Aires, donde él mismo lo hizo. Es esta obra la que conecta con su último proyecto que hoy vemos en Zaragoza: 1968: El fuego de las ideas. Brodsky toma fotografías periodísticas-documentales de protestas, manifestaciones y marchas sociales y políticas en múltiples ciudades de todo el mundo y participa en ellas a través de diferentes elementos. Primero los colores, contrastando con el blanco y negro original, destacando aquello que le interesa en su discurso, completando una figura humana o una consigna de una pancarta. Y segundo, por medio de textos escritos de su puño y letra y tras una profunda investigación para contextualizar la imagen que vemos.

snatiago de chile

Santiago de Chile, 1868.

Brodsky juega con el poder de la fotografía y con el poder de la palabra en un ejercicio de memoria con el pasado y de reflexión para el presente.

La muestra 1968: el fuego de las ideas, que ha pasado ya por la Bienal de Lyon y por el festival Paris Photo, se queda con nosotros hasta el próximo 12 de agosto, así que ¿a qué esperamos? Las otras dos muestras que nos trae PhotoEspaña, Expolio de Judith Prat, también en el Centro de Historias, y Ars Combinatoria de Chema Madoz, en la Lonja, podremos verlas hasta el 12 de agosto y el 9 de septiembre, respectivamente.

Imagen superior: Praga, 1968.

 

Julia Tramullas

Redactora de la Revista Kalós