Aragón en tus manos: de Canfranc a los Monegros. La variedad paisajística en el cine de Paula Ortiz

Luisa. De tu ventana a la mía.

En la línea de nuestro anterior artículo Aragón en tus manos: el viaje del anarquista y Villarluengo, seguimos con el propósito de conocer más a fondo nuestro querido Aragón a través de algunas manifestaciones artísticas vernáculas cuyo emplazamiento-argumento-fondo se corresponda con alguna localización de esta región. De esta manera, el objetivo de la sección radica en dar a conocer al público una pequeña muestra del enorme talento que habita en nuestra comunidad a la vez que –permitidme la expresión– «hacemos un poquito de patria».

Si bien en el anterior ensayo dábamos a conocer el libro El viaje del anarquista (Elifio Feliz de Varga) desarrollado en el municipio turolense de Villarluengo, perteneciente a la comarca del Maestrazgo; en este caso no vamos a abordar ni una obra ni una localidad en concreto, sino que con el motivo de explorar la enorme versatilidad del paisaje aragonés, nos adentraremos en dos de los ecosistemas más radicales que podemos encontrar en nuestra comunidad: por un lado la indomabilidad salvaje del Pirineo; y la aridez propia del desierto de los Monegros por otro. Para ello recurriremos a la obra cinematográfica de una artista única, dotada de gran sensibilidad y de un imaginario emocional y poético realmente extraordinario. Por supuesto, no estamos hablando sino de la cineasta Paula Ortiz

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Paula Ortiz, para El País.

Nacida en Zaragoza en 1979, posee una carrera académica brillante la cual le llevó a formarse en guion y dirección de cine en la escuela Tisch School of the Arts de Nueva York, así como en la celebérrima UCLA (Los Angeles) para culminar con una tesis doctoral sobre la escritura del guion cinematográfico.

Desde sus inicios en la profesión del séptimo arte, la directora aragonesa ha demostrado ser poseedora de un universo personal que combina un «planteamiento estético y narrativo alejado del realismo y más cercano al cuento» con la necesidad de plasmar una belleza casi «literaria» podríamos decir, al servicio de las emociones más puras del ser humano, y sobre todo de la mujer, tal y como pone de manifiesto en su último trabajo, la galardonada La novia.

Algo realmente interesante en la filmografía de Ortiz es que, tanto sus tres cortometrajes (El rostro de Ido, 2003; Fotos de Familia, 2005; El hueco de Tristán Boj, 2008) como los dos filmes (De tu ventana a la mía, 2011; y la recién mencionada La novia, 2015) han sido enteramente rodados en Aragón –a excepción de momentos puntuales en Las Bárdenas Reales (Navarra) y la Capadocia turca– lo que puede ser muestra de una intencionalidad por parte de la cineasta zaragozana hacia la búsqueda de un estilo propio a través de la reiterada utilización de lugares y elementos comunes. Sin embargo, esa reivindicación de los espacios naturales tan recurrente en la iconografía de Paula Ortiz no podemos entenderla sin la presencia absolutamente protagonista del diverso paisaje aragonés como elemento principal en sus películas, en tanto que éste actúa como catalizador de las propias experiencias de los personajes. 

Así, comenzaremos con el primer largometraje que catapultó a la directora aragonesa al panorama nacional y mostró al público más general el nacimiento de un talento único, capaz de contar historias de una manera verdaderamente personal y bella.

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Cartel de De tu ventana a la mía (2011). Paula Ortiz.

Respaldada por el ICAA (Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales) y por el Gobierno de Aragón, De tu ventana a la mía (Amapola Films, Oria Films) constituye un relato preciosista de tres mujeres, en épocas y paisajes diferentes que comparten experiencias cruzadas relacionadas con el amor, la soledad o la muerte, y que sabemos de primera mano, beben de las vivencias personales de miles de mujeres reales cuyas vidas transcurrieron en un momento tremendamente convulso, como lo son las dictaduras y la inmediata posguerra en la España del XX. Tal y como señala su creadora, el filme debe ser entendido como un «tapiz o caleidoscopio de las experiencias de un grupo de mujeres» situándose esta vez como protagonistas de las historias y dejando de lado el «san Benito» de secundarias de una vez por todas.

La primera historia se desarrolla durante la primavera en el Canfranc en 1923 en un contexto casi inexistente en los guiones cinematográficos españoles como es la dictadura de Primo de Rivera. Violeta (Leticia Dolera), una joven frágil y soñadora de familia adinerada, vive junto a sus tíos rodeada de flores en la localidad pirenaica, situada como bien sabemos cerca de Francia. Desea estudiar biología en la Sorbona de París, hasta que un día esa intención se ve truncada al conocer a Manuel (Pablo Rivero), aprendiz refugiado del tío.

Violeta cae rotundamente enamorada de Manuel, pero todos sus sueños se desvanecen al conocer la repentina marcha de su amor. Ello sume a Violeta en una tremenda depresión que vemos materializada perfectamente en un hecho puntual de la película tremendamente dramático (tranquilos, no es spoiler), y que junto a la sobreprotección por parte de su familia y la ausencia de amor, culmina en una Violeta triste, frágil y ahogada por el desarrollo de los hechos.

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Fotograma 1. Violeta y Manuel. De tu ventana a la mía. Fuente: http://detuventanaalamia.com/galeria/

Para la narración de este relato era necesario captar un ambiente de misticismo y de fertilidad, en el que los invernaderos y la vegetación fueran un personaje más en el imaginario de Violeta. Para ello, el equipo técnico de la película usó como escenario los alrededores de la Estación Internacional de Canfranc; lugar fronterizo entre España y el resto de Europa, entre el aislamiento y la libertad.

Avanzamos casi dos décadas en el tiempo en este caso para señalar a Inés (Maribel Verdú) como protagonista de la segunda historia. A priori puede parecer un periodo muy reducido de tiempo, sin embargo, en el transcurso de estos años no debemos olvidar el recorrido cronológico de los acontecimientos sucedidos en España: la dictadura de Primo de Rivera, la II República española y el posterior estallido de la Guerra Civil que concluye con unas consecuencias humanas, materiales y sociales tremendamente perjudiciales que sumieron a un país entero en la miseria. Y es aquí, durante los primeros años de una interminable y violenta dictadura donde surge un amor puro entre Inés y Paco (Roberto Álamo).

Las diferencias superficiales entre Violeta e Inés son fácilmente reconocibles: la situación adinerada y confortable de la primera se ve contrariada en este caso en tanto que Ortiz nos plantea una mujer campesina empobrecida que trabaja de sol a sol durante el verano de la árida tierra aragonesa de la comarca de las Cinco Villas. Pese a ello, Inés es una mujer tremendamente fuerte y optimista que luchará a lo largo del relato por mantener su dignidad y la de su amor, a pesar de las terribles vicisitudes por las que ha de pasar.

Rodada en el entorno rural de las Cinco Villas y Las Bárdenas Reales, la directora aragonesa presenta al espectador el relato más crudo y árido de todos, donde el hambre está a la orden del día y las continuas represiones franquistas consiguen separar para siempre lo que el amor unió en una ocasión. 

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Fotograma 2. Inés y Paco. De tu ventana a la mía. Fuente: http://detuventanaalamia.com/galeria/

Ortiz –y todo su equipo artístico– destaca aún más si cabe en este caso por el magnífico trabajo evocativo que hace de las texturas y de los colores, entendiéndose la concepción del relato como un lienzo que reniega del sentido estrictamente visual y podemos llegar a oler, e incluso sentir; y remitiéndonos directamente –al menos en mi caso– a la obra pictórica del artista Jean-François Millet (1814-1875) y sus series dedicadas al trabajo y a la vida campesina; o incluso a la película operística Novecento (1976) de Bernardo Bertolucci.

En el tercer y último relato nos alejamos del entorno rural precedido por Violeta e Inés, para adentrarnos en la Zaragoza urbanita de finales de los setenta. Luisa (Luisa Gavasa) una mujer madura de carácter áspero e irascible, vive junto a su hermana Isabel (Cristina Rota) encerrada en sí misma y entre cuatro «paredes empapeladas de flores marchitas». Tras vivir gran parte de su vida contenida debido a los convencionalismos propios de la dictadura y a ese maldito «qué dirán», afronta su última etapa vital tras ser diagnosticada de una grave enfermedad y sin un amor que le acompañe, pero eso está dispuesto a cambiar.

La conservadora actitud que Luisa muestra en pantalla en una primera instancia del relato parece evolucionar de manera positiva y optimista conforme transcurre el film –a pesar, de nuevo, de las dificultades que le impone su propio destino–, contagiándose del espíritu de revolución y cambio tan anhelado por una sociedad que ha sido presa de su libertad durante casi 40 años, y que la directora aragonesa nos muestra en las calles del centro histórico de Zaragoza, todavía impregnadas de la apariencia otoñal de esa década. 

Entre los escenarios más familiares para el recuerdo popular zaragozano, podemos distinguir el mítico establecimiento Paños Sesma (desde hace unos años reconvertido en un famoso café vintage) ubicado en la Plaza San Felipe, y que en la película acoge una cuidadosa mercería regentada por Valentín (Luis Bermejo), enamorado silenciosamente de Luisa desde la juventud; o la transitada Calle Alfonso, la cual actúa como testigo de un hecho histórico para capital aragonesa en una de las escenas clave del film: la manifestación en favor de la autonomía celebrada el 23 de abril de 1978.

Paula Ortiz se vale de este recurso para contextualizar al espectador, situándolo en los primeros años de la transición a través de una manera tremendamente visual, y apoyándose a su vez en la presencia de las pancartas y panfletos que caen indefensos sobre la peluca de Luisa, quien, como hemos mencionado anteriormente, podría considerase el reflejo evolutivo de una sociedad ansiada de cambio.

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Fotograma 3. Luisa. De tu ventana a la mía. Fuente: http://detuventanaalamia.com/galeria/

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Manifestación autonomista celebrada en Zaragoza el 23 de abril de 1978. Fuente: http://www.aragontelevision.es

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Recreación de la manifestación en pro de la autonomía en la Calle Alfonso de Zaragoza para la película De tu ventana a la mía. Fuente: Nerea Esqués. https://zaragozers.com/historia_item/de-tu-ventana-a-la-mia/

Los tres relatos en su conjunto forman un mismo ciclo narrativo que se ve reforzado por la presencia de ciertos elementos comunes en cada historia (ej: ovillo de lana, espejos, etc.) que funcionan como símbolos propios dentro de la película, y que la directora introduce al espectador con una sutileza realmente admirable, construyendo de esta manera una realidad estética distinta en cada caso, pero sin perder el sentido de la belleza supeditada a la idea común.

A pesar del relativo éxito que disfrutó De tu ventana a la mía (3 nominaciones a los Goya direcc. novel, canción y actriz reparto, entre otros), la verdadera consagración de Paula Ortiz en el ámbito cinematográfico de nuestro país aterrizó con La novia (2015); una bellísima adaptación de la obra teatral escrita por el maestro Federico García Lorca Bodas de Sangre, y que trataremos en el siguiente artículo sobre la directora aragonesa y sus vínculos con Aragón.

Continuará…


Imagen de Cabecera: Luisa. De tu ventana a la mía. Fuente: http://detuventanaalamia.com/galeria/


Pablo Villuendas

Colaborador de Revista Kalós