¿La arquitectura de marca en crisis? Breves notas sobre un proyecto de Álvaro Siza en el Balneario de Panticosa

Centro de Alto Rendimiento Deportivo, Panticosa. Balneario de Panticosa

Durante el mes de mayo, en el transcurso de la realización del trabajo de una de las asignaturas de nuestro Máster en Estudios Avanzados en Historia del Arte, me di de lleno contra uno de esos casos que nos traen de cabeza a los historiadores del arte, más aún a los que no somos especialistas en Arquitectura. La pregunta del millón que siempre me repito, ¿por qué cojones no me dedico a estudiar templos griegos y dejo de una vez el arte contemporáneo? Al final siempre me doy cuenta de que a los historiadores del arte de hoy en día (como a la sociedad en general), lo que nos va es el barro, y de ahí esta breve reflexión sobre un edificio que nunca se llegó a inaugurar.

Nacido en 1933 en Matosinhos, junto a Oporto, Álvaro Siza tiene un larguísimo recorrido como arquitecto. De las viviendas colectivas realizadas tras la Revolución de los Claveles pasó a trabajar en la reconstrucción de Berlín y a realizar importantes obras por encargo tanto de instituciones públicas como de clientela particular.

Su prestigiosa firma y la boyante situación que atravesaba la construcción en nuestra región a comienzos de los 2000 motivó su elección para ejecutar para el Balneario de Panticosa un Centro de Alto Rendimiento Deportivo.

El proyecto contaba con no pocos condicionantes (ahí el barro del que mencionaba al comienzo). En primer lugar el Bien de Interés Cultural que es el Balneario de Panticosa, integrado por unos edificios históricos cuya preservación debería haber sido prioritaria. En segundo lugar, las condiciones ambientales tan específicas en las que debe integrarse el edificio, en un paraje a 1.630 metros de altitud, rodeado por un circo glaciar cuyas cumbres superan los 3.000 metros. Otra característica que podría entenderse como condicionante es la necesidad de integrar el Centro de Alto Rendimiento Deportivo con el resto de construcciones contemporáneas planteadas para el balneario. Pero ya os anuncio que el final no hubiera sido feliz ni aún con todos estos retos bien resueltos. No olvidemos el efecto de la crisis económica sobre la arquitectura de los últimos años. Así amigos, el drama está servido.

El 29 de junio de 1992 la Dirección General de Patrimonio Cultural y Educación del Gobierno de Aragón, incoó como Bien de Interés Cultural el Balneario de Panticosa. La historia del balneario se remonta a la época romana, pero las construcciones modernas comenzaron a edificarse en 1693. Hacía 1844 ya eran nueve los edificios acabados, pero fue a partir de los años 50 del siglo XIX cuando el balneario comenzó a crecer considerablemente. En 1854 se construye el Hotel Victoria, en 1857 el Hotel Embajadores y el Hotel Salón de Sociedad. El complejo quedó enriquecido cuando se le dotó de la iglesia del Carmen en 1881 y del Gran Hotel en 1896. A comienzos del siglo XX todavía se construyeron otros edificios, llegando a ser junto a Termas Pallarés en la provincia de Zaragoza, el balneario más importante de Aragón.

Vivió su época de mayor actividad entre los años 20 y los años 60 del siglo XX, pero tras este periodo y unido a una crisis del termalismo español como forma de ocio, cerró sus puertas en 1979. Fue en 2008 cuando volvió a inaugurarse, al concluir la polémica rehabilitación de varios de sus edificios.

Entre 2002 y 2008 asistió al conjunto de intervenciones más agresivas que hayan tenido lugar en su dilatada historia. El grupo Inmobiliario Nozar adquirió en el año 2000 parte de la propiedad, compartida con el Ayuntamiento de Zaragoza, el cual en 2002 terminó permutando a la empresa constructora su parte del balneario a cambio de terrenos en el Actur. Entre 2002 y 2004 comenzó el derribo de buena parte de las instalaciones de este conjunto histórico. El Hotel Mediodía y el Hotel Continental fueron demolidos para levantar nuevas construcciones. El Gran Hotel fue vaciado entero por dentro, dejando solamente del edificio original la fachada. Es entonces cuando comenzaron las obras de las Termas de Tiberio, proyecto del estudio Moneo-Brock, y del Centro de Alto Rendimiento para deportistas, de Álvaro Siza. La bella galería de madera que enlazaba los hoteles Mediodía y Embajadores, obra de 1878 desapareció durante las reformas. Lo mismo sucedió con el Hotel Victoria, de 1854 y con el Hotel Embajadores, de 1857. Otro de los principales edificios que integraban el balneario, el Hotel Continental, fue demolido también.

La integración de los nuevos edificios construidos en el Balneario de Panticosa resultó sumamente agresiva con el conjunto histórico-artístico, pues para su integración fue necesaria la destrucción de construcciones históricas protegidas por la declaración del balneario como BIC.

Otro aspecto a tener en cuenta son las condiciones ambientales tan concretas en las que debía insertarse el edificio. Rodeadas por picos de más de 3.000 metros de altitud, las arquitecturas que conforman el conjunto termal siempre tuvieron en cuenta la climatología extrema a la que debían adaptarse. Los edificios construidos durante el siglo XIX poseían gruesos muros de mampostería que luego se revestían hacia el exterior por un enlucido que les otorgaba un acabado más noble. Estilísticamente se intentó desde siempre vincular este balneario con otros complejos termales europeos construidos en la alta montaña, algunos justo al otro lado de los Pirineos, como Cauterets, Bagneres de Luchon o Bagneres de Bigorre.

Proyecto para el Centro de Alto Rendimiento Deportivo de Panticosa (antiguo Balneario)

Proyecto para el Centro de Alto Rendimiento Deportivo de Panticosa.

Para el Centro de Alto Rendimiento Deportivo, Siza escogió un material diferente, una estructura interna de hormigón armado. Al exterior colocó una lámina de hormigón blanco, y separando ambas quedaría el aislamiento térmico, al que se concedió gran importancia debido a las bajas temperaturas que este edifico tiene que soportar durante el invierno. El hormigón armado utilizado en lugares en los que las temperaturas al menos una vez al año alcanzan los 5º bajo cero, corre el peligro de sufrir patologías ocasionadas por el proceso de hielo y deshielo. De ahí la importancia que recibe el aislamiento térmico, para evitar las patologías de la estructura interna del edificio. Además, teniendo en cuenta la dilatación y la contracción del hormigón provocada por los cambios de temperatura, se dispusieron apoyos especiales para evitar que se generasen fracturas.

Para prevenir posibles problemas de filtración de agua en zonas habitables, una galería perimetral rodea toda la construcción. Además esta galería permite una mejor distribución de las infraestructuras tan específicas que un edificio adaptado a tantos usos requiere. La complejidad de las circulaciones dentro de esta edificación queda subsanada por esta galería. El plan original proyectaba la ubicación de una piscina interior con maquinaria deportiva, una piscina exterior, salas para terapias y masajes, baños termales, solárium y una zona destinada al tratamiento del agua.

Otro aspecto que hay que tener en cuenta es la relación del Centro de Alto Rendimiento Deportivo con el resto de edificios contemporáneos levantados entre 2002 y 2008 en el Balneario de Panticosa. Ya hemos analizado la difícil inserción de esta arquitectura en el conjunto histórico del balneario, pero cabría plantearse también cómo se logra establecer una coherencia con el resto de los edificios de nueva planta aquí erigidos. Dos arquitectos serán los autores del resto de construcciones, Sixto Marín Gavín y Belén Moneo Feduchi, del estudio Moneo Brock. Sixto Marín se incorporó en 2003 al equipo liderado por Belén Moneo con el objetivo de construir los nuevos hoteles Mediodía y Continental, la pasarela entre ambos y la rehabilitación de la iglesia del Carmen.

El más cercano al Centro de Alto Rendimiento es el hotel Mediodía. Se trata de un edificio que presenta al exterior hormigón armado blanco, combinado con ventanas de madera. Son estas las que otorgan al edificio la originalidad que posee, pues la planta y el alzado son bastante convencionales. Hay que tener en cuenta que al tratarse de un hotel, la distribución de los espacios interiores es mucho más sencilla que en el caso del CAR. Queda conectado al Hotel Continental por una ligera pasarela realizada con muros cortina de cristal, que permiten pasar de un hotel al otro sin salir al frío exterior durante los meses de invierno, pero que no impiden la visualización del paisaje durante la circulación.

Un caso distinto, por su aspecto más novedoso, es el de las Termas de Tiberio, obra del estudio Moneo-Brock, que posee la hija de Rafael Moneo, Belén Moneo y su esposo, Jeff Brock. Este edificio se une en su parte trasera al circo rocoso bajo el que se construye. Por su fachada delantera, los muros reproducen las formas sinuosas del paisaje montañoso que rodea a la construcción. Paralela a la fachada lateral queda la iglesia del Carmen.

El resultado es de un edificio de 8.300 metros cuadrados que queda perfectamente integrado en el conjunto histórico del balneario y la naturaleza que lo rodea. Sus colores discretos y sus formas arriesgadas pero elegantes, permiten establecer una perfecta coherencia con el entorno.

Termas de Tiberio, Moneo-Brock Studio.

Termas de Tiberio, Moneo-Brock Studio.

Dos meses después, con el trabajo ya presentado, sigo sin tener demasiado claro cómo valorar este ejemplo de construcción inacabada. De lo que no tengo duda es de sus posibilidades como caso práctico para los futuros estudiantes tanto de Sociales como de Historia del Arte; pues permite analizar un ejemplo de gestión nefasta del Patrimonio cultural, a la vez que un edificio interesante, construido por uno de los arquitectos más solventes de las últimas décadas. Y todo ello, condicionado por la crisis económica, la cual estoy seguro que ha marcado un antes y un después en la praxis artística contemporánea. Que tiemblen mis futuros alumnos.

Imagen superior: Centro de Alto Rendimiento Deportivo, en Invierno

Guillermo Juberías

Redactor de la Revista Kalós

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