Panorama actual del arte de género en Zaragoza. Una revisión del arte hecho por mujeres en los últimos meses

Zaragoza alberga, desde 1990, una intensa labor expositiva de arte de género. Sin embargo no tendría sentido entender la capital aragonesa como un baluarte de la producción creativa femenina cuando su mayor parte se ha visto concentrada en un punto muy concreto de la ciudad, la Sala Juana Francés del Ayuntamiento de Zaragoza, un espacio pionero en la promoción de mujeres artistas en España, creado en ese año de 1990. Además de ésta, otras entidades públicas están dando cabida a toda esta actividad. De ahí que el objetivo de este breve ensayo, sea el de revisar las últimas muestras de mujeres artistas en Zaragoza y valorar las políticas expositivas de los espacios que las muestran.

Los agentes del mercado del arte mantienen hoy en día el poder y el atrevimiento de acallar la producción femenina, de negarle un espacio en sus galerías y  de olvidar la promoción que necesitaría para comercializarse. Entonces, ¿qué alternativas quedan para todas aquellas mujeres que intentan vivir de su arte?

Las instituciones públicas deberían ser las que intentasen cubrir este agujero negro del mercado artístico, haciendo justicia a que sus fondos vienen de nuestros impuestos, y que la mitad de ellos son pagados por… sí, por mujeres. Uno puede entender que museos canónicos, surgidos en la época del despotismo ilustrado, como sucede con el Prado, o los museos de Bellas Artes con origen en el siglo XIX, cuando un pensador como Schopenhauer dedicó un opúsculo en 1851 a explicar la inferioridad femenina, conserven entre sus acervos menos obras de mujeres artistas que de sus compañeros varones.

Lo que quizás ya no es tan comprensible es que si los museos, que para ser considerados como tal tienen la obligación de ampliar sus colecciones, no hayan prestado más atención en adquirir las obras de tantas creadoras sin las cuales la Historia del Arte seguirá siendo, durante las próximas décadas, la disciplina mutilada que es hoy en día. Que esto suceda en museos de origen temprano, no es aceptable, pero es explicable hasta cierto punto. Que la situación sea prácticamente la misma en los fundados a partir de la Transición, momento de eclosión del feminismo en la postmodernidad española, es casi insultante.

Paula Gonzalo Les, investigadora zaragozana especialista en estas cuestiones, arrojaba hace años el siguiente dato: en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, las muestras de mujeres fueron tan solo de un 12%, frente a las masculinas, que fueron un 72% entre el año 2000 y el 2008.

Zaragoza, a 8 de abril de 2017, fecha de publicación de este artículo, sigue teniendo grandes carencias en la difusión del arte realizado por mujeres, por supuesto en el pobre tejido de galerías que tiene nuestra ciudad, pero también en los organismos públicos. El Instituto Aragonés de Arte y Cultura Contemporánea Pablo Serrano, en su programación expositiva para este año 2017 apenas da cabida a artistas mujeres. Sí lo hizo por ejemplo en 2015, con muestras de Julia Dorado, Beatriz Pellés o Sara Biassú. Pero si la participación femenina en las exposiciones de nuestro centro de arte contemporáneo más conocido no es equilibrada y constante, difícilmente podrá contar con el apoyo que este arte necesita.

Un caso diferente es el del Centro de Historias. Sus salas no solo dan a conocer la actividad de pintoras como Jenni Kärnä-Escalante o Rosa Balaguer, cuyas obras fueron expuestas aquí el año pasado, sino que además sirvió de sede a la XIX Muestra Internacional de Cine realizado por Mujeres, en octubre. No podemos olvidar que es el audiovisual uno de los terrenos en los que de forma más directa quedan asumidas todas las nuevas corrientes de la cultura contemporánea, y que a la hora de realizar reivindicaciones del tipo que sea, es la forma artística con mayor impacto sobre el público. Este año, el festival incluyó un homenaje a la cineasta Margarethe Von Trotta, una de las grandes olvidadas del Nuevo Cine Alemán.

Sin embargo, fue la producción aragonesa la que recibió más atención. Incluyó consolidadas creadoras como Vicky Calavia, que presentó su cortometraje Píldoras por amor (2016), sobre la lucha para conseguir la legalización en nuestro país de la píldora anticonceptiva. La realizadora quiso recuperar la memoria del Centro Municipal de Promoción de la Salud. También pudimos escuchar nuevas voces; con el nombre de Videopoemas, fueron presentados varios cortos de un minuto, en los que se recitaban poemas surgidos del curso Para escribir un poema, impartido por Daniel Rabanaque en La Pantera Rossa.

En los márgenes de la ciudad y explorando todas esas relaciones entre arte y tecnología que tanto nos gustan actualmente a los historiadores del arte, Etopía sí ha dado un espacio a creaciones realizadas por mujeres. Hasta el 10 de junio puede visitarse Interstices, un conjunto de instalaciones creadas por el estudio francés Chevalvert, detrás del cual se encuentra la aragonesa Julia Puyó. Se agradece que haya centros en Zaragoza que se preocupen de dar a conocer la obra de artistas locales que están teniendo una enorme repercusión internacional, pues las instalaciones de Interstices pudieron verse, por ejemplo, en la Nuit Blanche de París de 2016.

Pero posiblemente las dos exposiciones que más impacto hayan tenido últimamente en esta reivindicación de la creación femenina zaragozana, hayan sido Círculo de tiza, en el Paraninfo, y Muerte a los grandes relatos, en la Sala Juana Francés.

La primera reúne a un grupo de artistas bastante heterogéneo. Encontrar una instalación junto a una pintura sobre muro y al lado una proyección de videoarte, es interesante, pues permite crear recorridos con una mayor riqueza de lecturas, pero a la vez corre el riesgo de ser difícil de comprender para el gran público. La muestra se articula en torno a la idea de la interrogación, como mecanismo para dar voz a las problemáticas sociales que siguen viviendo las mujeres hoy en día. La idea es novedosa, y aplicarla para crear a partir de ella un discurso expositivo coherente es complicado. Sin embargo, las creaciones aquí expuestas en muchas ocasiones hablan por sí solas.

Nunca mejor dicho que en el caso de la proyección de Gema Rupérez, una forma muy evidente de mostrar las dificultades que la voz de la mujer tiene para ser escuchada. El Paraninfo está llevando una política bastante interesante en sus muestras de arte, permitiendo nuevas reflexiones sobre lo femenino, necesarias desde una institución poderosa como es la Universidad de Zaragoza, en la que uno de los objetivos debería ser el de proyectarse hacia la sociedad que la mantiene. Desde su ubicación estratégica en uno de los edificios más emblemáticos del centro zaragozano, ya nos dio a conocer la obra de numerosas artistas olvidadas o no suficientemente valoradas por la Historia del Arte, desde la zaragozana María Luisa de la Riva hasta la vanguardista Maruja Mallo.

También, otra visión de lo femenino fue la ofrecida por la muestra Fatales y Perversas, en este caso sobre el arte de finales del XIX y comienzos del XX, en el que la nueva posición de la mujer comenzó a dar “miedito” a los artistas varones, y ante un poder que iba en aumento decidieron representar lo femenino bajo la figura de la femme fatale.

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Instalación de Teresa Salcedo en Círculo de tiza, Paraninfo de la Universidad de Zaragoza

Muerte a los grandes relatos nace, curiosamente, de uno de los grandes discursos que desde el último tercio del siglo XX ha combatido por la transformación de la Historia del Arte tal y como se llevaba estudiando desde su nacimiento hace 250 años, como una disciplina articulada en torno a los grandes nombres de artistas varones. La organización de esta exposición encuentra su germen en el proyecto de María Bastarós Hernández, creadora de la absolutamente maravillosa plataforma Quién Coño Es.

Lo terrorífico de todo esto es que hasta 2015 no haya aparecido otra María Bastarós capaz de llamar la atención, no solo de los estudiantes de Historia del Arte, sino de la sociedad en general con un discurso tan potente y tan justo como el logrado por ella. Gracias a María sabemos quién coño fue Angelica Kauffmann, o Jenny Holzer, o tantas otras cuyo papel ha sido reivindicado a través de esta incitativa.

En Muerte a los grandes relatos se vincula la labor de todas estas mujeres silenciadas por la Historia del Arte con el trabajo de artistas contemporáneas, algunas de ellas con propuestas verdaderamente interesantes, como la de Clara Sancho-Arroyo recuperando a Berthe Morisot, artista del grupo impresionista francés. A finales del XIX se relegó a la mujer artista a representar siempre el mismo tipo de escenas de interiores, familiares y pintura de flores, géneros que luego la propia crítica de arte consideraba como menores, contribuyendo a la insuficiente valoración de las obras de estas pintoras, problemática que aún hoy en día cuesta superar.

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Muerte a los Grandes Relatos, exposición colectiva de la Sala Juana Francés

Por último, cabría preguntarse por qué todas estas creaciones no llegan al ámbito de las galerías de arte. La crisis no es excusa. Antes de 2008, la presencia de arte realizado por mujeres en las galerías zaragozanas tampoco era representativa, si la comparamos en cifras con las muestras de arte realizado por hombres. Hoy tampoco lo es, y convendría reflexionar sobre esto, cómo el arte de género, tan ilustrativo de los problemas de nuestro tiempo, tan innovador en su línea creativa, no recibe la atención suficiente por parte de un mercado del arte aún dominado por los cánones masculinos.

Hoy en día sigue cotizándose a precios muy superiores un desnudo femenino (entendiendo siempre por desnudo piezas absolutamente académicas, Venus barrocas o Afroditas decimonónicas, no vayamos a ponernos obscenos o reivindicativos, por favor), que uno masculino. Los exuberantes senos de una Salomé, se pagarían mucho mejor que los trabajados pectorales de un San Sebastián, por muy icono queer que este sea. La explicación es sencilla, los ojos del mercado artístico son siempre los del coleccionista, y esta es una mirada masculina y heterosexual, demandante de un arte que sea complaciente con sus propios deseos estéticos y carnales.

 

Imagen superior: Muerte a los Grandes Relatos, exposición colectiva de la Sala Juana Francés.

 

 

PARA SABER MÁS…

-BASTARÓS, M. y MAYAYO, P, Muerte a los Grandes Relatos, Zaragoza, Concejalía Educación e Inclusión Servicio de Igualdad, 2017.

-GONZALO LES, P., “La sala Juana Francés y su apoyo a la mujer artista”, Artigrama, nº 24, Zaragoza, Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza, 2009, pp. 685-700.

-VV. AA., Círculo de tiza, imágenes y voces que interrogan, Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2017.

 

Guillermo Juberías Gracia

Redactor de la Revista Kalós