¡Peligro, peligro! Cine de ciencia ficción de los 50

Fotograma de Tarántula

El 24 de junio de 1947, el piloto estadounidense Kenneth Arnold informó de la presencia de nueve aparatos voladores cuyo movimiento se asemejaba al de “platos lanzados contra el agua”.  Ocurría en el monte Rainer, en el estado de Washington, y suponía, de manera oficial, el primer avistamiento OVNI de la historia. Tan solo dos semanas más tarde, el descubrimiento de los restos desconocidos de una nave en Nuevo México, de naturaleza presuntamente extraterrestre, dio lugar al célebre incidente Roswell, y significó el pistoletazo de salida a una década de teorías, especulaciones, imaginario popular e histeria colectiva.

Al mismo tiempo, y con las repercusiones del final de la Segunda Guerra Mundial bien presentes, el HUAC (más conocido como el Comité de Actividades Antiamericanas) llegaba a Hollywood, e inauguraba un infame periodo de mccarthismo y caza de brujas. La tensión de la Guerra Fría alcanzaba sus más altas cotas en los años 50, cuando el miedo a un apocalipsis nuclear se apoderó de la sociedad estadounidense, generando un estado de paranoia anticomunista y pavor hacia los efectos de la radioactividad.

Imagen 1. Portada del Roswell Daily Record el 8 de julio de 1947.

Portada del Roswell Daily Record el 8 de julio de 1947.

En este campo de cultivo tan fecundo no pudieron crecer demasiados tomates rojos, pero sí afloraron un buen puñado de películas que significaron la mayor época dorada del cine de ciencia ficción, el género que mejor funcionaba para explotar los dos grandes miedos populares de la época: la invasión alienígena y la hecatombe atómica a manos del enemigo bolchevique. Se trataba en su mayoría de producciones modestas que, amparadas en su condición de serie B, proporcionaban un innegable entretenimiento y, a la vez, conseguían vestir sus temáticas con los disfraces sociopolíticos de la época.

En el apartado extraterrestre, dos películas portaron la bandera inaugurando el fenómeno. Cohete K-1 y Destination Moon, ambas estrenadas en 1950, abrieron la lata y consignaron la aventura del viaje al espacio exterior, abonando el terreno de la prolongada carrera espacial. Planeta prohibido (1956), convertida con el paso de los años en filme de culto, y que adaptaba La tempestad de Shakespeare, también narraba las andanzas de una expedición humana a un mundo desconocido, y suponía la principal inspiración para la insigne serie de televisión Star Trek.

En cambio, clásicos inolvidables como Ultimátum a La Tierra (1951) o Vinieron del Espacio (1953), exploraban la idea de una visita a nuestro planeta de los vecinos extraterrestres y, en definitiva, apelaban a cuestionar nuestro comportamiento, nuestra condición como especie. También pertenece a esta estirpe de películas de “invasión exterior” la mítica El enigma de otro mundo (1951), cuya frase final dejaba bien claro el espíritu paranoico de la época: “¡Vigilad el cielo! ¡No os descuidéis!”, advertencia a la que más de un malpensado puede atribuirle un doble sentido.

Imagen 2. Fotograma de Ultimátum a la Tierra (Robert Wise_ 1951)

Fotograma de Ultimátum a la Tierra (Robert Wise; 1951).

Moviéndose bajo el influjo del miedo apocalíptico, un conjunto de películas metieron el dedo en la llaga del fervor atómico, la amenaza nuclear y uno de sus más fatales efectos: la radiación. En este caso, determinadas negligencias humanas desembocaban en un auténtico caos, en el que la amenaza adquiría la forma de animales gigantes, deformaciones monstruosas o, incluso, humanos de proporciones extraordinarias.

Incidiendo en este último fenómeno, la Universidad de Zaragoza, a través del Vicerrectorado de Cultura y Proyección social, se propone rescatar esta fértil etapa de abominaciones y productos radioactivos con su ciclo El tamaño sí importa: cine de ciencia ficción USA años 50, que tendrá lugar del 16 de mayo al 11 de junio, tanto en Zaragoza como en Huesca. Ocho películas, algunas de ellas prácticamente inéditas, serán las protagonistas de dos semanas de engendros contaminados a los que ya no les valdrá la ropa del armario.

Imagen 3. Fotograma de La humanidad en peligro.

Fotograma de La humanidad en peligro.

La humanidad en peligro (Them!), dirigida por Gordon Douglas en 1954, relata las consecuencias de unas pruebas atómicas en el desierto de Arizona, que convergen en forma de hormigas sobrenaturales y, por supuesto, ampliamente multiplicadas. Se erige como notable película que mezcla misterio y ciencia ficción, y que recoge fielmente el estado de eventual alarma hacia los peligros nucleares. En Surgió del fondo del mar (Robert Gordon; 1955), un pulpo gigante amenaza la ciudad de San Francisco y, amarrado al Golden Gate, protagoniza un filme cuyos efectos especiales fueron realizados por el gran Ray Harryhausen, maestro de la técnica del Stop motion.

Sin embargo, si hay un invitado que resulta indispensable en esta celebración de las dimensiones, ese es Jack Arnold. El director, figura esencial en esta época de esplendor del género, apostó por dotar a las tramas de mayor complejidad y una marcada sensación de terror. En Tarántula (1955), la catástrofe tiene lugar por una negligencia científica, y el monstruo, en formato arácnido, deviene en una amenaza implacable que impera a reflexionar sobre los límites de la ciencia y la intervención humana en la naturaleza. Mas su obra maestra no llega hasta dos años después, en 1957, con El increíble hombre menguante. Escrita por Richard Matheson a partir de su propia novela, la película da la vuelta por completo al argumento habitual. En este caso, Scott Carey, su protagonista, se cruza desafortunadamente con una neblina radioactiva que provoca una disminución progresiva de su tamaño. A través de unos prodigiosos efectos especiales, los elementos más domésticos y cotidianos se tornan en una amenaza casi invencible, y viajamos a un nuevo mundo inabarcable que sorprende por su uso de la perspectiva y sus ingredientes metafísicos.

Imagen 4. Fotograma de El increíble hombre menguante

Fotograma de El increíble hombre menguante.

Más directores trataron de abordar los efectos de la radioactividad en los humanos, como Bert I. Gordon en El asombroso hombre creciente (1957), cuyo punto de partida es la exposición a una prueba nuclear de un coronel del ejército americano. Su conversión en gigante le provoca fatales trastornos, y acaba configurándose como una película menos violenta pero ostensiblemente cruel, que nos habla del sufrimiento del monstruo y del miedo a lo desconocido. Con El ataque de la mujer de 50 pies, estrenada en 1958, no podemos ser tan generosos, pues ha aguantado el peso de los años con bastante menos decoro que sus compañeras. Una historia de traición y ambición desmedida que esconden una coartada sobrenatural ciertamente estúpida, que sin embargo se convierte en disfrutable por sus momentos de comedia no intencionados, y el encanto de sus trasnochados efectos especiales.

El monstruo que desafió al mundo (Arnold Laven; 1957) vuelve a mostrarnos mutaciones abominables, esta vez producto de la experimentación atómica con bombas de hidrógeno. Un bicho indescriptible siembra el pánico en el estado de California, que sirve como escenario de una película en la que asistimos a distintas subtramas, con una notable construcción de atmósfera y que incluso se permite ciertos toques de negrura. Por último, y también venido de las profundidades oceánicas, conocemos a Behemoth, una bestia bíblica que protagoniza El monstruo submarino (Douglas Hickox, Eugène Lourié; 1959) y que sirve para cerrar una década de continuo peligro y terribles amenazas radioactivas. Pa’ habernos matao.

Imagen 5. Cartel para El monstruo que desafió al mundo.

Cartel para El monstruo que desafió al mundo.

El cine de ciencia ficción de los años 50 respondió con genialidad e inventiva al clima popular tan especial que se vivía en su época. En los días que vivimos, con la intimidación nuclear ocupando portadas en forma de posesión de armas de destrucción masiva, y el simultáneo descuido y destrucción de nuestro planeta situado como uno de los más urgentes problemas a resolver, tendremos que esperar a ver cómo el cine ha dejado plasmados los avatares de nuestro tiempo. Como observa el Dr. Melford en La humanidad en peligro:

Cuando el hombre entró en la era atómica, abrió la puerta a un nuevo mundo. Lo que encuentre en ese mundo, nadie lo puede predecir“.

 

Imagen superior: Fotograma de Tarántula.

 

Álvaro Muñoz Carmona

Redactor de la Revista Kalós