Mismo lenguaje, diferentes códigos, pero influencias mutuas: Semejanzas y diferencias entre el cómic americano de superhéroes y el manga nipón (parte I)

Fan Arte de Goku y Superman. cómic americano vs manga

El cómic ha sido definido, especialmente en las últimas décadas del siglo XX, de diversas formas progresivamente más detalladas debido a su cada vez más creciente popularidad hasta nuestros días. Entre varios autores que lo han hecho, a Scott Mcloud se le debe la puntillosa descripción del término como:

Ilustraciones yuxtapuestas y otras imágenes en secuencia deliberada con el propósito de transmitir información u obtener una respuesta estética del lector, explicación tan concreta como difícil de entender pero que encaja con la simplificación de Will Eisner reduciéndolo a arte secuencial.

En cualquier caso, el cómic es -y será siempre- por definición, una serie de imágenes que forman un relato, ya estén acompañadas de texto o no, siendo de este modo, tanto un medio de comunicación en sí como un medio artístico. Además, como cualquier otra disciplina artística, posee un lenguaje propio, el cual, se apoya en tres pilares: la iconografía, el texto (tipografía, diálogos, globos…) o ausencia del mismo y la articulación narrativa. Sin embargo, no deja de resultar curioso cómo dicho arte secuencial poseedor de un lenguaje tan concretamente marcado, tiene una variada diferenciación de estilos dependiendo del lugar geográfico o del contexto al que pertenece su autor, de su trayectoria profesional o, especialmente en la actualidad, de las influencias que haya podido recibir.

Concebido desde su origen a finales del siglo XIX y principios del XX como medio de comunicación de masas, el cómic ha tenido durante largo tiempo una escasa consideración como manifestación artística, y tradicionalmente sus creadores tan apenas han sido valorados convenientemente (para saber más sobre el progresivo interés que está suscitando el cómic como objeto de investigación, puedes leer el artículo de Julio Andrés Gracia Lana). Aunque esta apreciación está cambiando en las últimas décadas, todavía se mantiene en algunos sectores de la sociedad actual, especialmente en Occidente, donde el cómic es todavía considerado como un subproducto cultural, como algo infantil o simplemente no equiparable a otras disciplinas artísticas. Por ejemplo, esto todavía ocurre en EEUU, el país donde nacieron Little Nemo in Slumberland, El Príncipe Valiente, Popeye, o The Spirit,  y cuya historieta constituye una las tres grandes tradiciones del cómic a nivel global, junto con la franco-belga y la japonesa. Aún hoy, los cómics de superhéroes, su género más dominante de la mano de dibujantes como Jack Kirby, Frank Miller o Alan Moore, son vistos por muchos norteamericanos como productos banales y carentes de verdadero valor artístico.

No obstante, existen excepciones como el paradigmático caso de Japón, donde este tipo de obras, allí conocidas como manga, no solo son fruto de una potente estructura empresarial y están más presentes en el día a día de la cultura y sociedad nacional, sino que además son altamente valorados y tienen una gran repercusión tanto a nivel artístico como popular. En este caso, la tradicional indiferencia por parte del pueblo nipón a otorgar más valor a las Bellas Artes frente a la artesanía,  así como el gusto centenario por los dibujos reproducidos en masa a través de grabados, son los datos que explican esta diferencia de posturas entre la sociedad de estas dos naciones de tan alta trayectoria historietista. Así, son muy conocidos mangakas como Osamu Tezuka, Akira Toriyama o Takehiko Inoue, tanto dentro como de Japón como en el extranjero.

Además, en las últimas décadas, el manga está teniendo una enorme presencia a nivel internacional y tanto es así, que el personal “estilo de cómic” asociado directamente a este país,  más allá de ser simplemente exportado, está siendo imitado fuera de Japón por sus singulares características (temáticas, lenguaje, géneros, estilo de dibujo, sistema de producción…) que destacan por encima de los productos de otras procedencias.

Este fenómeno se inscribe en el actual contexto de auge y difusión de la cultura audiovisual nipona, cuyos productos (cine, anime, videojuego y manga) están generando un fuerte impacto y están penetrando de lleno en la cultura pop occidental. Tan significativo es su éxito que no resulta extraño que artistas criados en esta época del mass media decidan aglutinar en sus creaciones rasgos de tales manifestaciones ya independientemente de ser japoneses o no.

El cómic nipón es conocido como manga tanto en Japón como fuera de él gracias a las peculiaridades que posee y que lo hacen tan único y diferenciable del resto del cómic mundial. Por otro lado, el cómic estadounidense, pese a ser también una industria de gran importancia mundial justo por debajo de la japonesa, no tiene el mismo tipo de consideración que ésta, pues abarca bastantes más estilos.

Pese a que el género de superhéroes es el que prácticamente de manera automática aparece en nuestra mente al leer ‘cómic’ seguido de ‘Estados Unidos’, realmente ‘cómic norteamericano’ no es más que una calificación que solo hace referencia a la nacionalidad de origen de un título en cuestión. Lo contrario sucede en el caso del manga, cuyo significado, como ya se ha comentado, incluye más ideas y connotaciones.

Así pues, ambos tipos de cómics (manga y cómics de superhéroes americanos) presentan las suficientes peculiaridades de por sí para establecer un interesante estudio por comparación, logrando con ello reflexionar sobre aspectos que curiosamente acercan o alejan sus contextos culturales y artísticos.

 

Sistema de producción

El sistema de producción es un factor muy relevante para entender el porqué de gran parte del resto de características de un tipo de cómic y otro, pues condiciona, como se irá incidiendo más adelante, en muchos aspectos a las susodichas.

image005

Varios montones del formato fascicular de los cómics norteamericanos.

El cómic norteamericano de superhéroes se publica en pequeños fascículos de entre catorce y veinte páginas que posteriormente, si la tira tiene éxito, se recopilarán en tomos más grandes y con una edición de mayor calidad. Tanto en un formato como en otro, las imágenes son a color, propiedad que originalmente se debió al interés comercial, pues así tales dibujos sobresalían y llamaban la atención por encima de los periódicos. Ahora, sus tonos tan planos, simples y muy brillantes han dejado paso a tintas mucho más cuidadas que ahora han pasado incluso a encarecer la publicación.

Los derechos de autor, por otro lado, pertenecen a la editorial, por lo que un mismo título puede tener diferentes dibujantes: no son iguales los cómics de Batman dibujados por Frank Miller que los que fueron trazados por Neal Adams, por ejemplo, pero ambos son igual de oficiales y tratan sobre el mismo personaje. Pero no solo eso, pues dentro de su concepción existe una gran compartimentación y diversificación del trabajo (dibujante de personajes, de escenarios, guionistas, coloristas…) en el que ejerce un fuerte peso la editorial en cuestión. Esto hace posible que en muchos casos existan conexiones entre los universos de diferentes títulos o sagas dentro de las mismas franquicias, como ocurre con Batman vs Superman.

image003-1

Estanterías de manga en formato tankōbon.

Por el contrario, los títulos de manga se publican en revistas de papel reciclado (tankōbon) de poca calidad y a blanco y negro, únicamente se colorean las portadas y algunas páginas excepcionales al ser números especiales. En cada número se aglutinan varios capítulos de diferentes series a la vez, y en el caso de que uno triunfe, posteriormente se recopilará en una colección de uno o varios tomos. En este caso el mangaka hace todo el proceso de creación aunque puede tener ayudantes (encargados de entintar o añadir algunos detalles) pero es su nombre el que aparece como creador. No obstante, sí que son bastante habituales las colaboraciones entre unos pocos, como es el caso de Death Note, un manga cuya autoría pertenece a Tsugumi Ôba, encargado del guión, y a Takeshi Obata como dibujante.

Ritmo narrativo según las viñetas

Las conexiones entre las viñetas se establecen de maneras bastante diferentes en función de lo que ambas muestren. Scott Mcloud en su libro Entender el cómic. El arte invisible elaboró de manera bastante acertada una lista en la que distinguía cada una, dotándoles de un nombre explicativo. Tales categorías de transición entre viñetas son:

  • Momento-a-momento
  • Acción a acción
  • Tema-a-tema
  • Escena-a-escena
  • Aspecto-a-aspecto
  • Non-séquitur

Todas pueden ser usadas en cualquier tipo de cómic, más es curioso cómo cada estilo siente mayor atracción por unas u otras. Es curioso cómo el cómic norteamericano y occidental en general prefiere la asociación de ‘acción-a-acción’ y después ‘tema-a-tema’, y en cambio el manga prefiere utilizar mucho más el ‘momento-a-momento’ y ‘aspecto-a-aspecto’,  pues de esta forma el carácter pausado y evocador que presenta por antonomasia la tradición japonesa puede así resultar mejor representada en este medio. Por lo tanto, es habitual encontrarse mangas cuyas viñetas señalen la misma acción o momento pero desde distintos puntos de vista (representación simultánea y fragmentada en vez de secuencia rápida).  Este método, también permite que, por ejemplo, un beso que según los recursos occidentales podría durar una o dos viñetas, en el manga podría durar dos o más páginas, dependiendo de la importancia que le quiera dar el autor. Sin embargo, por extraño que resulte, este fenómeno que ocurre en la historieta nipona y que a veces se referencia como “arte de la pausa”, no implica que el ritmo de lectura sea más lento aunque sí determinan el desarrollo total de la narración.

image010

Listado de los diferentes tipos de transición entre viñetas del cómic.

Además, relacionado con la composición de las viñetas que van desencadenando el ritmo narrativo, son muy importantes la gran cantidad de tipos de planificaciones y esquemas que utilizan para disponerlas. Mientras en los cómics estadounidenses las viñetas son bastante regulares (generalmente cuadrangulares o rectangulares) sin muchas variaciones (únicamente en las últimas décadas está cambiando debido a las influencias externas), a los mangakas japoneses les gusta mucho innovar y variar en el tratamiento de las mismas.

comic

Fragmento del cómic The Amazing Spiderman de Stan Lee (1978)y del manga Vampire Knight de Matsuri Hino (2004).

Éstas son mucho más irregulares, con composiciones más llamativas, personajes o elementos que sobresalen de éstas, a veces sin franjas de división entre ellas o muy finas (especialmente en los shojô),  superposiciones de unas sobre otras, y ocupando dos páginas.  Pero todo ello no nos debe hacer olvidar las perspectivas que muestran. Aunque en todo tipo de cómic suelen ser muy importantes, en ambos de los casos a estudiar en esta tesis suelen utilizarse con variedades. Perspectivas como un primer plano de un puñetazo ayuda a sumergir al público en cualquier tebeo de superhéroes, y no es el manga el que decide eliminar este factor tan importante del dibujo. De hecho, el cómic nipón tiende a exagerarlas todavía más, para lograr unas imágenes mucho más intensas y llamativas. Es más, incluso es muy común utilizar perspectivas forzadas como un picado o un ojo de pez, no solo para representar escenas dinámicas sino también para jugar con otras a primera vista más cotidianas, como pudiera ser escribir en un cuaderno o comer una patata. De este modo, consiguen generar una emotividad mayor que tendrá que ver con el avance de la trama, y los espectadores puedan profundizar más en ella.  Esta preferencia se asocia a la tradición dramática y gestual excesiva que se aprecia en manifestaciones artísticas japonesas tan antiguas como el teatro kabuki  -muy conocido en Occidente- , y al gusto nipón por la captación del instante.

Dicho todo esto, el sentido de lectura es sin duda lo que al lector más le sorprende cuando compara la historieta occidental de la japonesa por primera vez. El primero sigue el orden de izquierda a derecha y de arriba abajo y el segundo se escribe de derecha a izquierda y de arriba abajo, cada uno según su tradición cultural, lo que ya condiciona, por ejemplo, la disposición de los bocadillos y, por supuesto, crea un gran problema a la hora de traducirlos.

 

Este artículo tiene su continuación en la parte II próximamente publicada.

 

Imagen superior: Fan Arte de Goku y Superman.

Julia Rigual Mur

Redactora de la Revista Kalós