El Impacto Occidental de Wong Kar-Wai

In the mood for love (2000)

Hong Kong fue durante casi siglo y medio, hasta 1997, una colonia británica, por lo que la ciudad se convirtió en un punto de encuentro entre Oriente y Occidente en el que se han producido multitud de transferencias, entre ellas, culturales y artísticas. Además de ser la tercera pata del cine chino, que se dividía en China continental, Taiwán y Hong Kong, la mezcla de culturas trajo a la ciudad un éxito fuera de sus fronteras, pero sin dejar de lado una autodeterminación de la cultura propia, al ser el cantonés la lengua de uso entre la población hongkonesa, y por ende en sus representaciones culturales como una insignia de una generación  ansiosa por manifestaciones propias. El director de cine Wong Kar-Wai traslada este mestizaje a su poética cinematográfica: su estética, maravillosamente táctil, se ha filtrado profundamente en la cultura pop y por ello, ha impactado de una forma inusual en muchos cineastas europeos y americanos.

Wong Kar-Wai nació en 1958 en Shanghai, siendo su nombre por aquel entonces Wang Jiawei. A raíz de los primeros movimientos de la revolución cultural china con solo 5 años se trasladó a la colonia de Hong Kong, residiendo junto a sus padres en Tsim Sha Tsui. En aquel entonces en la colonia gran parte de la población no hablaba ni mandarín ni shanghainés, viéndose forzado a aprender el dialecto oficial, el cantonés, por lo que su nombre también tuvo que cambiar a la lengua de la colonia, pasándose a llamar Wong Kar-wai.

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Wong Kar-wai durante el rodaje de The Grandmaster (2013).

Estas particularidades de la colonia no resultaron fáciles para Wong, que pasa la mayoría de su infancia con pocos amigos y aislado, incapaz de adaptarse a la ciudad como debería y encontrando consuelo en la literatura y en las salas de cine. Durante varios años estas fueron sus inspiraciones y motivaciones a la hora de querer dirigir, ya que nunca estuvo escolarizado en lo que a clases de dirección respecta, siendo en 1980 el año que acaba diseño gráfico graduándose en la Hong Kong Polytechnic College y matriculandose más tarde en un curso de producción para la TVB (Television Broadcast Limited) de Hong Kong. Durante los 80 se dedicó en la TVB a escribir guiones y trabajó también como ayudante de producción. La migración de cineastas, actores y productores procedentes de la televisión al cine durante esta década condujo a Wong a trabajar bajo el ala de figuras como Alan Tang o Patrick Tam, hasta que en 1989 le surgió la ocasión de rodar su primera película, As tears go By (1989).

A pesar de su reconocido desprecio a la forma de trabajar de Hollywood, totalmente opuesta a la suya –mucho más orgánica–, multitud de directores occidentales han admitido haber recibido influencias de la obra de Wong Kar-Wai. Sin embargo, fue Quentin Tarantino uno de los primeros en defenderlo y darlo a conocer más allá de las fronteras de Asia. Days of Being Wild (1991)fue la primera película del cineasta hongkonés que vio, pero la que verdaderamente le impactó fue Chungking Express (1994). A Tarantino le sorprendió esta historia de amor encapsulada en la loca y frenética ciudad de Hong Kong. Ambos autores comparten elementos comunes, como el cruce de diversas historias en la estructura argumental, característica que comparten Pulp Fiction (1994)y Chungking Express (1994). Así pues, Tarantino fue el encargado de distribuir esta película en Estados Unidos, como parte de una serie de DVDs de películas que no habían encontrado distribuidor en el mercado americano o que debían ser reeditadas, titulada Rolling Thunder Pictures, catapultando así a Wong Kar-Wai a la fama internacional.

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Quentin Tarantino hablando sobre Chungking Express en la serie Rolling Thunder Pictures.

Además, Wong y Tarantino beben de las mismas corrientes cinematográficas, como es el caso de Nouvelle Vague. Son este tipo de influencias exteriores las que hacen que el cine de Wong Kar-wai destaque en el cine asiático. La cercanía a este movimiento cinematográfico hizo que la prestigiosa revista Cahiers du Cinéma encumbrara también internacionalmente a Wong Kar-Wai.

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Wong Kar-Wai por Thierry Jousse para Cahiers du Cinéma (2006).

Su exquisita película del año 2000 In the Mood for Love probablemente haya sido la más referenciada a día de hoy en la obra cinematográfica de otros autores. Sofia Coppola en Lost in translation (2003) supo como nadie plasmar en la pantalla el día a día de la gran ciudad, con esa sensación de aislamiento y ambigüedad temporal; pero en su caso ambientada en Tokyo. Años más tarde, Coppola reconocería que In the mood for love (2000)fue su mayor inspiración para el filme y, en el discurso tras ganar el Oscar de la Academia de Cine a mejor dirección, agradeció públicamente a Wong Kar-Wai por la inspiración que le infundió su obra. La icónica escena de arranque de esta película está claramente influenciada por una de In the mood for Love (2000). Además, cobra importancia el uso que hace Coppola de una canción compuesta por Bryan Ferry In The Mood For Love, que dio título a la película de Wong. Aunque ambas son diferentes, existen suficientes similitudes en los temas, el carácter, los espacios o el uso de la música, ya que sirve como voz que expresa lo que ocurre en el interior de cada personaje y se percibe esa claustrofóbica soledad que los protagonistas intentan superar.

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In the Mood for Love (2000).

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Lost in translation (2003).

También en el panorama español encontramos admiradores de Wong. Chungking Express (1994)fue el primer filme que Isabel Coixet vio de Wong Kar wai y reconoce que le marcó un antes y un después, ya que lo considera como uno de los directores más libres y con un estilo más personal que han surgido en los últimos diez años. Participó en la retrospectiva del cineasta que se realizó en la Seminci de Valladolid en 2002 y lo entrevistó. Coixet trató de trasladar el estilo visual de Wong Kar-Wai y su tipo de relaciones frustrantes e imposibles en su película Mapa de los sonidos de Tokio (2009), pero finalmente con un resultado decepcionante. En lo que respecta a lo visual logra plasmar esa estética de Wong, pero falla en el reflejo de las conexiones amorosas inalcanzables con un drama sin afinidad entre sus personajes que sabe a poco, algo que Sofia Coppola en Lost in translation (2003) sí consiguió reproducir con fidelidad por todo lo alto con un veterano Bill Murray y una primeriza Scarlett Johansson.

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Mapa de los sonidos de Tokio (2009).

Martin Scorsese también es uno de los mayores apoyos del cine de Wong Kar-Wai en el mercado occidental. Fue quien se encargó de promocionar y presentar en Hollywood el estreno de The Grandmaster (2013) de Wong.

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Wong Kar-Wai presentando The Grandmaster con Martin Scorsese.

Por otro lado, algunos críticos han querido ver en Skyfall (2012) de Sam Mendes, una de las películas de James Bond, guiños o referencias a la estética brillante, futurista y llena de misterio de 2046 de Wong Kar-Wai, sobre todo en aquellas escenas del film ambientadas en los casinos iluminados con luces ámbar de Macao y Shanghai.

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Skyfall (2012).

La estela del estilo visual de Wong Kar-Wai llega prácticamente hasta la actualidad ya que Moonlight (2016), ganadora a Mejor Película en la gala de los Oscar de 2016, de Barry Jenkins, no existiría sin la obra del cineasta hongkonés. Jenkins utiliza el color de la misma forma que Wong para construir psicológicamente a los personajes, para cautivar, emocionar y conectar con el espectador de una forma íntima y silenciosa. El director, que en Moonlight (2016) consigue captar la esencia del amor con una sutileza de enorme belleza y emoción contenida, recuerda al mejor Wong Kar-Wai en historias como la del drama de In the mood for love (2000). El director de fotografía de la película, James Laxton, afirmó que durante el proceso de producción de esta cinta había «una carpeta de Dropbox llena de imágenes y capturas de pantalla de las películas de Wong» para inspirarse.

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Moonlight (2016).

La influencia de este maestro del cine hongkonés va más allá del ámbito cinematográfico. El mundo de la moda también ha querido rendir tributo a Wong Kar-Wai, inspirándose en su particular estética. Ese es el caso de la colección A Single Man de Tom Ford para Yves Saint Laurent en 2004 o la de Nicolás Ghèsquiere para Luis Vuitton en primavera-verano de 2016, quien realizó alusiones directas al mundo robótico y cyber-punk de 2046 de Wong, y donde Maggie Cheung, protagonista de dicha película, fue captada «por casualidad» tras bambalinas del desfile.

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Tom Ford para Yves Saint Laurent: A Single Man (2004).

A pesar del impacto que este cineasta ha causado fuera de sus fronteras, el reconocimiento no siempre fue el mismo en su tierra natal, donde al principio los críticos acogían favorablemente sus películas pero el público (acostumbrado en los 90 a un cine más comercial y con más acción) no siempre acompañaba favorablemente en taquilla. Sin embargo durante los últimos años hemos visto una revitalización en el ámbito actual del cine chino con películas de ambientación noir que recogen influencias de Wong. Sería el caso de Bi Gan en Largo viaje hacia la noche (2018) con reminiscencias de una historia de amor imposible del pasado, donde el tiempo parece que se detiene y el recuerdo y la ensoñación lo inundan todo, presentándonos una factura estética cuidada, además de inspirarse como Sofia Coppola en una de las escenas más conocidas de In the mood for love.

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Largo viaje hacia la noche (2018).

Otro de los influjos evidentes de Wong Kar-Wai en el panorama de China sería Cities of Last Things, de Wi Ding Ho. En esta vemos un policía atormentado en una serie de capítulos fragmentados de su vida donde fracasa amorosamente con diferentes mujeres, mientras le rodea una ciudad distópica al más puro estilo de 2046.

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Cities of Last Things (2018).

Pese a contar solamente con diez películas en su filmografía Wong Kar-wai ha conseguido cautivar internacionalmente tanto a directores como a críticos y público. Su reflejo de la posmodernidad en sus personajes más melancólicos consiguen, mediante una estética y una dirección de fotografía magnífica, darnos la sensación de detenernos en el tiempo, donde todo se ralentiza para reflejar el conflicto interno y amoroso de sus personajes.

Después de siete años inactivo desde The Grandmaster (2013) en agosto de este año se anunció Blossoms Shanghai,  una serie que contará con la producción de Wong y la dirección de este en el primer capítulo de la serie. Al igual que en In the mood for love (2000) la acción se situará en la ciudad natal del director, un homenaje claro a esta película y que el propio Wong quería en un principio que fuera un largometraje de continuación de esta. Finalmente tendremos una serie que ya se ha hecho eco internacionalmente,  de la que se espera con expectación una nueva historia llena de emociones y sentimientos que acompañen a esa estética y dirección única que tanto ha atraído al mundo occidental.

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Blossoms Shanghai.



Imagen superior: In the mood for love (2000). Fuente: www.otroscineseuropa.com


Alejandro García

Inés Serrano

Marta Franco

Lucía de la Cal

Colaboradores de Revista Kalós