Entrevista a Víctor Gomollón (Jekyll&Jill)

Victor Gomollon Saturno Jekyll&Jill

Conversamos con Víctor Gomollón, cabeza de Jekyll&Jill, editorial independiente zaragozana fundada en 2011. Jekyll&Jill, con sus tiradas pequeñas offset y su extremo cuidado tanto por la selección de textos como por su presentación, se suma al fenómeno de las “pequeñas editoriales independientes” característico del contexto literario español a lo largo de la última década.

Con algo más de una veintena de libros a sus espaldas, esta empresa zaragozana puede presentarse como versátil y arriesgada en la selección de su catálogo: autores de habla hispana y traducciones, actualización de textos clásicos y nuevas voces, pluralidad de géneros –ensayo, novela, recopilatorios, ediciones críticas, ilustración–; todo ello conforma un conjunto ecléctico unificado por la mirada de un editor comprometido y una particular manera de comprender el trabajo editorial.

Los libros de Jekyll&Jill son reconocibles a primera vista por el cuidado de la forma en que Víctor Gomollón imprime en cada uno de los textos de los que se hace cargo: ya sea por la original presentación de algunos de sus libros –como la negra sobriedad de su último título, Saturno, de Eduardo Halfon—o por los souvenirs literarios que otros de sus primeros volúmenes esconden –como las calcomanías de Artaud y otros autores con las que se cierra Menos joven, de Rubén Martín Giráldez—la presencia puramente física de los textos es difícil de olvidar. Pero no hay que olvidar que esta fuerza no hace más que acompañar la que ya tienen por sí mismas unas palabras o ilustraciones muy bien escogidas por autores y editor y que, según sus propias palabras, son lo más importante. El propósito de este cuidado no es tanto el crear atractivos objetos como buscar la presentación más adecuada para cada una de las obras.

La excelencia del trabajo de Gomollón se ha visto reconocida por la obtención  del Premio al Libro Mejor Editado del Gobierno de Aragón en los años, 2011, 2012 y 2015 por Un día me esperaba a mí mismo (Miguel Ángel Ortiz),  Del Enebro (Hermanos Grimm, ilustrado por Alejandra Acosta) y Cosmotheoros (Christiaan Huygens, ilustrado por Alejandra Acosta), respectivamente. Además, Jekyll&Jill también recibió el Premio Extraordinario de los Premios Cálamo por Mansa chatarra, de Francisco Ferrer Lerín, en 2014; y el Premio Liberisliber 2016 por Magistral, de Rubén Martín Giráldez. Preguntamos a su editor por el trabajo del editor independiente, sus referencias y aspiraciones a la hora de lanzarse a la aventura editorial, sus criterios editoriales y los proyectos en los que aspira embarcarse.

 

¿Cómo es el día a día de un pequeño editor?

Trabajoso. Maquetar, revisar textos, enviar textos, remaquetar, revisar, montar cubiertas, corregir, maquetar, leer manscruitos, tratar con las distribuidoras, revisar, tratar con los autores, hacer promociones en Internet, corregir, maquetar, revisar pruebas, tratar con los libreros, ir a ferias, maquetar, corregir, revisar pruebas, tratar con la imprenta… Así visto desde fuera puede parecer un poco alienante, pero no, lo es mucho más. Es un oficio que tiene que gustarte mucho si no quieres enloquecer. Para descongestionar, a mí me sirve diseñar libros para otras editoriales, cocinar y cuidar plantas. Ahora me ha dado por plantar patatas. Es muy satisfactorio. Plantas unos trozos de patata y, pasados unos meses, metes las manos en la tierra y obtienes patatas nuevas. Es lo que hacen algunas editoriales, pero en este caso de modo natural y sin perjudicar el cerebro del lector.

¿Cuándo y cómo surgió la idea de empezar con Jekyll&Jill?

En 2011, de forma más bien descerebrada y sin ninguna planificación. Montamos la editorial entre dos personas: Jessica Aliaga y yo. Jessica dejó la editorial hace más de un año, así que actualmente me encargo de todo el proceso.

¿Qué editoriales o editores eran tus referentes antes de iniciar tu propio proyecto?

Lo cierto es que siempre he sido muy infiel con las lecturas y las editoriales. Tan pronto me gusta un libro bellamente editado como una edición sencilla de bolsillo. Si he de nombrar uno, siempre he seguido con mucho interés el trabajo, tanto en su faceta de editor como la de diseñador editorial, de Jacobo Siruela, antes en Editorial Siruela y ahora en Atalanta, junto a Inka Martí. Tienen un catálogo maravilloso, envidiable.

Una de las figuras más presentes en la editorial es la de Rubén Martín Giráldez. ¿Cómo comenzó la relación con él?

Con la publicación de un relato suyo en el que fue el segundo libro de la editorial, Doppelgänger (2011), una selección de relatos de varios autores sobre el doble. Luego publicó las novelas Menos joven en 2013 y Magistral en 2016, que recibió muy buenas críticas y va por la segunda edición. También se encargó de la deliciosa traducción de Comotheoros, un tratado astronómico del siglo XVII escrito por Christiaan Huygens que conjetura la posibilidad de vida en otros planetas, y en los últimos meses también ha ejercido como editor y corrector de varios títulos. Actualmente estamos trabajando en un par de ensayos. Sí, Rubén es una parte muy importante de la editorial. Además de un excelente escritor y traductor es un tipo estupendo, así que es un placer crecer con él (y ver cómo lo hacen sus chiquillos, a los que adoro).

En este sentido, ¿cuál es tu criterio a la hora de seleccionar un libro para el catálogo? Ahora mismo, ¿buscas escritores noveles o te decantas por autores más consolidados?

Tanto noveles como autores consolidados, como Sergio Chejfec —con el que llevo ya dos libros, Últimas noticias de la escritura y Teoría del ascensor— o Eduardo Halfon, del que acabo de publicar el que fue su primer libro, Saturno (publicado en Guatemala en 2003 e inédito en España), dos autores reconocidos internacionalmente a los que admiro. En los últimos meses he publicado autores noveles, como Julio Fuertes Tarín (Fábula de Isidoro), Monoperro (Gran fin) y María Melero (La cura) y actualmente estoy trabajando también con la obra de otros tantos. La verdad es que es difícil vender libros de autores desconocidos para el público pero ¿Cómo vas a negarte a publicar algo que consideras que es bueno? Creo que ahí está la ética del editor.

Mi criterio es abierto y ecléctico, así que tan pronto puede interesarme publicar una novela de terror y ciencia ficción como Deshielo y ascensión de Álvaro Cortina Urdampilleta, como los microrrelatos de Gemma Pellicer en Maleza Viva, una selección de textos oníricos en la obra de Francisco Ferrer Lerín (Mansa Chatarra, selección de José Luis Falcó) o unos diarios apócrifos del pintor Francis Bacon escritos por Óscar Curieses (Hombre en azul). Soy lector de ensayo, pero me gusta publicar narrativa; en los dos casos me interesan las obras relacionadas con la identidad.

Nadie negará que tu editorial, en general, hace apuestas a la hora de elegir su catálogo. No muchos de tus libros parecen dirigidos al “público general”: la prosa de autores como Martín Giráldez es exigente, la elección de algunas temáticas –como el ensayo sobre La Jetée, de Antònia Escandell—son bastante específicas… ¿Qué te hace arriesgar con un proyecto que no parece destinado a las grandes ventas?

Pero bien, a ese público general al que te refieres, los lectores de best-seller prediseñados, los consumidores de libros de lecturas fáciles publicados por grandes y medianas editoriales, solo puedo crearles insatisfacción con mis libros. No hay nada que hacer. Hay una idea muy equivocada sobre la lectura como un bien formativo, la industria del libro como un bien cultural, y no, da la casualidad de que en muchos casos los libros más vendidos suelen ser mierdas como panes que no tienen nada que ver con la literatura o con el conocimiento. Se publican miles de libros que están en la línea de los peores reallyties de la televisión. No hay diferencia entre leer esos libros y ver esos programas.

La verdad es que publico sin un público claro, valga la frase. Si me preocupara por eso debería publicar obras de lectura más fácil e invertir más dinero en las promociones de cada libro.

¿Te has planteado alguna vez editar electrónicamente? ¿Crees que los ebooks pueden ser un antídoto a la piratería en el caso de los libros?

Los ebooks me interesan en la misma medida que la pesca de la trucha con mosca. Creo más bien que el libro electrónico es la solución para la piratería.

¿Cuál es el trabajo del que te sientes más orgulloso como editor?

Siempre del último. Cambio con mucha facilidad de gustos, así que el último libro publicado es siempre el que mejor define lo que me atrae en la actualidad. Esa es la razón por la que los libros que publico no siguen una estética de colección pues temo que si la tuviera la acabaría odiando al tercer título. Es una cárcel eso. En todo caso, me sigue gustando mucho Cosmotheoros, de Christiaan Huygens, ilustrado por Alejandra Acosta y que va por su segunda edición, que tomé como un trabajo muy personal y que me tuvo enloquecido durante meses preparando la maqueta, la biografía de los Huygens y las notas para la edición; o los libros que he publicado de Paco Inclán (Incertidumbre y Tantas mentiras), autor valenciano que en estos momentos está de gira promocional en México. Paco es un autor muy creativo y siempre surgen ideas estupendas cuando nos juntamos o hablamos por chat, como lo de publicar su último libro, Incertidumbre, con el aspecto de un panfleto político de Kim Jong-il.

Para terminar, ¿puedes contarnos un poco qué proyectos tienes en mente?

Actualmente estoy preparando dos nuevos libros: La coronación de las plantas, una novela densa, mágica y muy orgánica del argentino Diego S. Lombardi y Éramos tan felices, de Roxana Popelka, una novela de aprendizaje que transcurre en un tiempo muy concreto de la historia de España.

 

Últimos títulos publicados por Jekyll&Jill:

Imagen superior: Saturno, Eduardo Halfon (editorial Jekyll&Jill)

Sara Barquinero 

Colaboradora de la Revista Kalós