Esclavitud en el siglo XXI

En las peores circunstancias hay niños que encuentran la puerta de atrás, una salida a su situación de esclavitud. Niños esclavos. La puerta de atrás es el último trabajo de Ana Palacios (Zaragoza, 1972). El resultado es un documental, un libro con prólogo de Gervasio Sánchez y la exposición que podéis ver en el IAACC Pablo Serrano hasta el 30 de septiembre.

Los datos son escalofriantes: 72 millones de niños viven bajo esclavitud en África subsahariana, situándolo a la cabeza del ranking mundial. La fotógrafa documenta por primera vez el proceso de rescate y reinserción de los niños de esta zona a través de varias ONG.

Niños esclavos portada

Vista general de la exposición.

La autora ha recorrido los países de Togo, Benín y Gabón en un proyecto que ha durado 3 años. Allí ha convivido en los centros de acogida con los menores que han logrado escapar, recogiendo los testimonios personales de 50 niños. Lo que actualmente se denomina como «trata de personas» es la versión moderna de la esclavitud. Recoge el trabajo forzoso, el tráfico de personas, el matrimonio forzoso, la explotación sexual, el comercio de órganos o el reclutamiento como niños soldado. ¿Cómo es posible esta situación en pleno siglo XXI? La tradición esclavista de esta zona –Palacios explica que es desde donde salieron los 20 millones de esclavos hacia América- sumada a la extrema pobreza, ha hecho que se normalice la venta de niños hasta tal punto de que ni siquiera saben que están haciendo algo ilegal.

África no es un sitio desconocido para Ana Palacios. Muestra de ello son sus trabajos La piel de África, Art in Movement (2015) y Albino (2016). La que fuese parte del equipo de rodaje de famosos directores de Hollywood como Ridley Scott o Roman Polanski dejó todo para dedicarse a poner en el punto de mira situaciones que no aparecen en los telediarios. Esta labor ha tenido un gran reconocimiento y ha sido galardonada con el Premio Manos Unidas de Periodismo.

La exposición, comisariada por Chema Conesa, narra de forma didáctica los pasos que siguen las organizaciones. El primero de ellos, la identificación, es de gran importancia para poder intentar una posterior reinserción en el ámbito familiar. Posteriormente se centran en la rehabilitación, en la que además de la recuperación física y psicológica, se enseña a los niños su derecho de serlo. Por último se procede a la búsqueda de la familia y la negociación de su vuelta si el entorno es favorable; en caso de no serlo, se proporciona una educación que posibilite su inserción en el mundo laboral.

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Los paisajes de la esclavitud, de Ana Palacios.

A través de 50 historias, reflejadas en los 50 retratos que componen el precioso mosaico del comienzo de la exposición, se visibiliza este problema social y la labor que ejercen las ONGs sin apenas recursos ni capacidad de comunicación.  Los niños, quienes han elegido su alias, toman la palabra para contar brevemente su historia. Junto a las fotografías de sus actividades y del entorno componen un panorama en el que entendemos las circunstancias en las que se mueven.

Las imágenes, tomadas con la sensibilidad que caracteriza a Palacios, no ocultan la crudeza del pasado sino que pone en valor el camino recorrido para recuperar la infancia robada.  La dificultad de transmitir ese cruento pasado en rostros infantiles se ve superada por la continuidad narrativa que se establece entre las imágenes unida a la sinceridad del ojo de la fotógrafa. Estamos tan habituados a ver imágenes de extrema violencia en los medios de comunicación que casi nos hemos insensibilizado. Por eso es un respiro cuando, además de la denuncia, encontramos grietas de optimismo. Y es que en eso se centra Palacios, en poder seguir ofreciendo soluciones a las personas que lo necesitan.

 

 

 

Imagen superior: muro de acceso a la exposición.

 

 

Ana Muñoz Pico

Redactora de la Revista Kalós