Esperpento en el cine español: Alex de la Iglesia

esperpento alex de la iglesia

Nombre masculino

  1. m. Hecho grotesco o desatinado.
  2. m. Género literario creado por Ramón del Valle-Inclán, escritor español de la generación del 98, en el que se deforma la realidad, recargando sus rasgos grotescos, sometiendo a una elaboración muy personal el lenguaje coloquial y desgarrado.
  3. m. coloq. Persona o cosa notable por su fealdad, desaliño o mala traza.

El humor ha tenido cabida en el arte desde sus inicios siendo, a su vez, un elemento imprescindible unido a la condición humana. Pero su fin no siempre ha sido el mero entretenimiento sino que también ha buscado hueco para convertirse en crítica social. El uso del humor busca la superación del miedo (el grotesco), la liberación del cuerpo y de las inhibiciones (el carnaval) o la crítica (el esperpento). Ese fin último de crítica social del esperpento surge como producto de la suma de la parodia, el humor negro o español y la deformación.

El esperpento busca criticar mostrando así la falsedad del momento en el que se inserta su discurso. Para conseguir este fin se basa en la exageración de ciertos aspectos mostrando la verdadera realidad a través de la acentuación de caracteristicas muy concretas y conocidas para que los receptores del tiempo en el que se inscribe se reconozcan a sí mismos como objeto de crítica.

Así pues, se utiliza como un recurso de desenmascaramiento a través de la deformación, de la degradación, y del uso de la máscara que consigue mostrar algo diferente de lo que subyace: la crítica.

Este proceso lo encontramos a lo largo de toda la historia del arte español, habiendo pasado a formar parte de nuestra herencia, hecho que podemos ejemplificar en sus vertientes pictórica, literaria y cinematográfica. Desde Cervantes o Quevedo hasta Berlanga o Almodóvar, pasando por Valle-Inclán, el esperpento está inscrito en nuestra tradición.

El primer nombre que sobrevuela nuestras cabezas al mencionar el movimiento es Ramón María del Valle-Inclán ya que como auténtico género dramático hace su aparición en 1920 con su obra Luces de Bohemia. Esperpento.

La metáfora de este nuevo género teatral partió de una localización real; se encontraba por entonces un comercio de ferretería, situado en la madrileña «calle de Álvarez Gato» (el «callejón del Gato» de Luces de Bohemia), cuya característica más llamativa era la fachada publicitaria, donde se hallaban un espejo cóncavo y otro convexo que deformaban la figura de todo aquel que frente a ellos posase.​ Esto, que se convirtió en un entretenimiento de la época sería utilizado por Valle-Inclán como metáfora llevada a la escena teatral y a su narrativa.

Así, la deformación de la realidad bien podía ser divertida, como de hecho lo era para los transeúntes, pero podía convertirse en algo más: en un espejo social, en una crítica, en una deformación exagerada de la realidad que devolvía la verdadera imagen que se iba buscando al enfrentarse al espejo.

El esperpento se inicia en el cine, arte en la cual lo vamos a desarrollar en este ensayo, ante la necesidad de los directores de mostrar una realidad que quedaba oculta debido a la férrea censura franquista. La búsqueda por sortear el silencio de las voces desemboca en un retrato de España a través del humor y del sarcasmo.

En un primer momento podríamos destacar al cineasta aragonés Luis Buñuel ya que el esperpento se ve reflejado en las técnicas surrealistas que vemos en El ángel exterminador (1962) entendiendo así el humor como el origen del surrealismo. Más tarde, con la dictadura implantada, destacarán las figuras de Luis García Berlanga y Juan Antonio Bardem, tándem que realizó Esa pareja feliz (1951) tan esperpéntica como mordaz y que, luego, bifurcarán sus carreras para seguir sorteando la censura y trabajando la comedia esperpéntica con ¡Bienvenido Mr. Marshall! (1953) del primero de ellos o Calle Mayor (1956) del segundo.

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Fotograma de ¡Bienvenido Mr. Marshall! (1953) de Luis García Berlanga

También cabría destacar otros nombres de mitad de siglo XX como Rafael Azcona que junto a Marco Ferreri marcó la entrada del humor negro y la parodia al cine español con obras, por ejemplo, como El pisito (1959) o El cochecito (1960).

No podemos olvidarnos del director manchego Pedro Almodóvar, cuyas referencias a lo grotesco y a lo esperpéntico han sido recalcadas en su obra. La esperpentización en Almodóvar se puede ejemplificar en cuatro ámbitos: Madrid, la religión, la sexualidad y los animales y los objetos. Así tenemos ¿Qué he hecho yo para merecer esto! (1984) o Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988).

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Fotograma de Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988) de Pedro Almodóvar

Alex de la iglesia

Por último, merece un capítulo aparte Alex de la Iglesia por ser uno de los pocos directores españoles actuales que ha revivido y destacado en el género del esperpento, hecho innegable si nos paramos a analizar los principales elementos de su filmografía.

En primer lugar, debemos señalar la rebeldía, el rechazo a la tradición anterior y al sistema. La reutilización y parodia de los géneros cinematográficos, con la influencia del cómic, el western, el cine negro o el cine de terror, da como consecuencia una manera completamente diferente de hacer cine en la que se ha visto un modo de escape y de crítica.

Consecuencia de este rechazo a lo anterior (recurso de la deformación esperpéntica) es la constante reescritura de los géneros que encontramos a lo largo de su obra. Así, los elementos que pueblan sus películas funcionan como un guiño continuo hacia su propia generación, aludiendo a lugares comunes fácilmente reconocibles, ya sean célebres programas de televisión: “Un, dos, tres” en Muertos de risa (1999); espacios frecuentemente transitados: las torres KIO o la Puerta del Sol en El día de la bestia (1995), los grandes almacenes en referencia a El Corte Inglés o Galerías Preciados en Crimen Perfecto (2004) o “Los payasos de la tele” en Balada triste de trompeta (2010), donde además destaca la aparición del mundo del circo, el cual funciona como espacio del carnaval con el uso de máscaras que intentan ocultar la realidad, pero que nos sirven para percibir la verdad con su caída. España es presentada en esta película como una gran pista de circo en la que todos ríen de cara a la galería intentando ocultar sus propias miserias. Son constantes también las referencias a elementos reales, como el Valle de los Caídos en Balada triste de trompeta, y la reutilización alterada de elementos religiosos, recurso que funciona como extrañamiento que rompe el encantamiento de la mascarada, produciéndose una desacralización de lugares de culto para una parte de la población.

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Fotograma de Balada triste de trompeta (2010) de Alex de la Iglesia

Descubrimos así la creación del discurso basado en la intertextualidad, con la aparición de elementos históricos y culturales que consiguen que el espectador se reconozca en los personajes de los que se ríe.

Destaca igualmente la presencia de personajes fracasados, antihéroes que buscan redimirse haciendo algo supuestamente heroico, pero que terminarán fallando siempre. Es significativo el protagonismo de los macabros payasos de Balada triste de trompeta, quienes luchan por salvar a la chica a la manera del héroe tradicional perdiendo por el camino la dignidad y sus principios, produciéndose un viraje hacia su configuración como villanos de la historia.

Otras producciones suyas destacan por la capacidad de convertir lo cotidiano en una aventura –evidentemente esperpéntica- como podemos observar en La comunidad (2000), La chispa de la vida (2011) o su última película Perfectos desconocidos (2017). Tras estas pequeñas historias se encuentra la visión crítica de ciertas manifestaciones sociales. En la primera, la aparición de repente de una maleta llena de dinero conduce a la protagonista llevada por la codicia a querer quedárselo, en la segunda monetizarán un desafortunado accidente que casi conducirá al protagonista a la muerte y en la última, y recién estrenada película, un grupo de personas se reunirán junto a una mesa a cenar y admitirán las reglas de un juego que en vez de diversión traerá engaño, celos e ira.

Por último, hay que destacar la aparición de la muerte en todas las películas de Alex de la Iglesia, un elemento que es indispensable del esperpento.

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 Fotograma de La comunidad (2000) de Alex de la Iglesia

 

 

Imagen superior: Ramón del Valle-Inclán, precursor del esperpento con su obra Luces de Bohemia (1920)

 

 

Pamela Tomás

Revista Cultural Kalós