«Una boda entre ganchillo y metal»: Evyenía Tzortzi, artista de la Galería Online Kalós

EVYENÍA TZORTZI

Ete, la última artista de nuestra Galería Online, nos abre las puertas del taller para desgranarnos en su interior qué hay detrás de sus preciosas joyas. Evyenía Tzortzi es una artista griega afincada en Zaragoza, donde su particular discurso y permeabilidad creativa le está permitiendo crearse una marca e identidad cada vez más sonada.

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Entrada al taller taller de Evyenia Tzortzi. Fotografía: José Ángel Monteagudo.

En primer lugar quisiera preguntarte por tus primeras inquietudes creativas. ¿Dónde está el germen como artista? ¿Y a qué se debe tu pseudónimo artístico, ete?

Siempre he tenido un problema en España con mi nombre, Evyenía, que por alguna razón no lo saben pronunciar, junto con mi apellido, que es Tzortzi. Es un diptongo que por motivos fonéticos en el alfabeto latino hay que escribirlo así, pero nadie lo ha podido pronunciar. Llegó un momento en el que tuve que buscar mi identidad comercial, porque realmente el proyecto artístico se ha desarrollado por el camino, pero la idea principal era un proyecto comercial al acabar la joyería, ya que debía de tener una marca. Entonces ete viene de mis iniciales.

Al principio, al escribir el brief principal que tenía que mandar a mi diseñador para que me sacara el logotipo, me dijo “oye me tienes que describir algo, quién eres”. Y ahí se me ocurrió esa frase que suelo poner en todos los lados, summer is  a state of mind. Siempre me he sentido más una chica de verano. En las primaveras broto, y los inviernos me deprimen totalmente. Quería asociarlo a la palabra francesa été, pero quitándole los acentos porque lo quería relacionar con mis iniciales. En mis inicios fue una manera de crear una mentalidad en torno a la cual construir una identidad. Por supuesto es una cosa que va evolucionando, porque ahora mismo no diría que el centro de mi actividad artística sea el concepto de verano. Funcionaba al principio para ver qué tipo de piezas quería hacer, aunque luego la vida te va mandando. Por ejemplo las cosas que yo quería hacer no se han vendido y se venden otras que me están creando otro tipo de identidad en un constante ir y venir, un diálogo con la gente.

Los proyectos comerciales realmente son experimentación, jugar con los materiales, algunas veces diseñar y otras veces no. Los proyectos artísticos sí son personales la mayoría de las veces, inquietudes o proyectos autobiográficos, pero cada día estoy intentando eliminar la parte que es “mi piel”. Obviamente los creo yo y me preocupan a mí, pero no creo que lo autobiográfico deba acaparar todo el tema filosófico. Prefiero la distancia de mis propias vivencias. Quiero ir mas allá de la semilla principal que conduce a la creación de las piezas, de la vivencia o el recuerdo concreto. En el momento de crear intento ser más universal. Quiero hacer piezas que uno pueda ver y signifiquen para él cosas, distintas a las mías,  que la pieza no tenga un significado cerrado.

En ese sentido quizás te ha venido especialmente bien tener ahora este nuevo espacio, este taller donde romper con el ámbito doméstico.

¡Claro! Si estoy en mi casa, solo me escucho a mí misma… No interacciono con nadie y no consigo llevar la información a la tierra.

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La artista ete durante la entrevista. Fotografía: José Ángel Monteagudo.

¿Tienes materiales o técnicas predilectas en tu producción?

En general en la joyería, metal… sobre todo plata, y cobre y latón menos. He hecho cosas con otros materiales: textiles, bayetas, unos disquetes de ordenador viejo, cosas de este tipo. He intentado jugar siempre con todo lo que estaba en mis manos. Es un poco la cosa de reciclar, pero no es un Diógenes, de “lo guardo, lo guardo, lo guardo porque lo guardo”. No, lo guardo porque se merece algo mejor que acabar en una basura, porque hay materiales que sí dan para algo más.

Luego existe la rama también de arte textil, las piezas que estoy desarrollando para Hilaku, actualmente con ganchillo y cosido. He hecho cursos de bolillos, ganchillo, fieltro, bordado… (suspira) De todo. Investigando un poco qué cosas pueden surgir más allá de las manualidades y este tipo de cosas. Es decir, llevarlo a otro lado.

Siempre he intentado hacer una boda entre textil y metal, y hacer joyería, piezas pequeñas textiles de este tipo. Y ahí a veces es frustrante, porque no he llegado a encajar el diseño perfecto con el material perfecto, y que todo esto case. Yo quiero llevar joyería textil desde hace mil años. He cosido y llevado cosas con lana y este tipo de materiales pero no he llegado todavía a conseguir algo coherente y comercial. Me queda ahí una pequeña frustración, así que por ahora nos damos un tiempo. La plata funciona, es la que me demandan y compran, y yo me intento adaptar un poco. Luego siempre existe experimentación, como en mi último proyecto donde quería hacer joyería con grabado. Quería tener un tórculo por el que pasar anillos entintados, en un sentido más lúdico. A veces salen cosas, a veces no.

Precisamente te quería preguntar desde cuándo has sumado el arte gráfico a las disciplinas que trabajas.

Febrero de este año. La FAZ fue mi fecha excusa para plantear un proyecto, y sinceramente no tenía intención de hacer grabado. Quería grabar una plancha, morderla y cortarla en trozos para hacer joyas. Llamé a un amigo y le dije si me podía ayudar a morder una plancha, Y me dijo que él trabajaba en El Calotipo y por qué no iba allí. Al final acabó siendo casi una residencia artística haciendo grabado, elaborando un proyecto totalmente experimental.

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Resultados de Ida y vuelta, último trabajo de ete. Fotografía: Evyenía Tzortzi.

 

¿Hay mucho de Mesolonghi y Grecia en tu obra?

Sí, siempre. Había momentos donde me entraba una absoluta depresión yendo de Zaragoza a Grecia, y otros momentos en los que llegaba a Grecia y “besaba la tierra”. El viaje, tanto en la vida real como concepto ha sido un motivo recurrente en mi obra. Muchas veces he tenido la necesidad de escribir sobre ello en el mismo momento que estaba haciendo las maletas para irme a Grecia. ¿Qué significa ir y qué significa venir?

El pueblo sí que existe, pero no con un chovinismo por así decirlo. No es para nada el lugar más maravilloso del mundo, donde me he criado… ¡Si fuera así estaría viviendo allí! (Risas) Yo creo mucho en las distancias. Sí que existe, pero de lejos nos queremos mucho más que de cerca.

Según tengo entendido cuentas historias a través de tus obras, ¿podrías desvelar alguna de ellas?

El año pasado en el proyecto #littlefingerfridays tenía que hacer un anillo cada semana. Este en concreto (nos muestra una fotografía de Emergency) es un aro de plástico bordado con un hilo blanco y una pastilla efervescente de Paracetamol cogida con hilo rojo (risas). Me recordaba con el rojo y el blanco al “no pasar” pero con los colores al revés. Pero era un día con una jaqueca tan increíble… No se cómo lo acabé, me parece que estaba en un trance, bordando en el sofá diciendo “hoy no tengo fuerzas para hacer nada pero tengo que acabarlo…”.

En ese sentido muchas de las historias… ni me acuerdo. (Nos comienza a hablar de Melting point). Un día había quedado con unas amigas, y una de ellas tiene un jardín, así que cogí helados pensando en cómo hacer las fotos ; porque este anillo viene de una técnica de microfusión en la que la cera se funde para transformarse en plata. Por eso quería que la sesión de fotos tuviera también una historia con la pieza. En este sentido siempre había historias a la hora de sacar las fotos y plantear las piezas.

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Collar Constelaciones. Fotografía: Evyenía Tzortzi.

Luego hay otro proyecto que no he compartido nunca, de los que cuentan una historia, en este caso de una familia. El papá es un amigo mío, acababan de tener su tercer hijo, y me dijo “quiero regalar algo a mi mujer para conmemorar y celebrar nuestra familia y este nacimiento”. Entre lo que me dijo y le dije diseñé una pieza que era así (forma un aro con sus manos para indicarnos la medida de la joya), un aro que representa el año natural. Dividí el círculo en 365 partes para encontrar cuál era la posición de cada persona según su fecha de nacimiento.

Cuatro líneas partían del punto que indicaba a la madre y se unían con el padre y con cada uno de los hijos. El padre me dijo que quería que ella fuera importante, más que los demás, por lo que cada persona tenía una bolita de plata que marcaba su punto en el círculo. El de ella era el mayor, los hijos los tenían los tres iguales, y el del padre era el más pequeño porque lo había pedido él.  Así ella podía llevar una joya que contaba el encuentro con esta persona, el enamorarse, el decidir tener hijos, la manera en la que llegaron a ser padres… No quería que esa historia fuese visible de alguna manera obvia, escribiendo los nombres…

Claro, algo más sutil…

Yo quería inventar una manera para representar toda la imagen de lo que puede ser su constelación familiar, que era como se llamaba la pieza. Son dos personas que entran en órbita y a partir de ahí ¡pum! Choque, y empiezan a surgir otro tipo de cosas. Imagínate el nivel de suerte de este encuentro o qué es lo que pasó para que él y ella se encontrasen y decidieran ser las personas que son, el matrimonio que son, los padres que son. Yo quiero que ella se emocione cada vez que alguien le diga “qué bonito es eso que estás llevando”, o “¡qué raro!” o “¿es una constelación?”.

Mi labor no sólo consiste en contar su historia a través de la pieza que estoy creando. Mi intención es crear una pieza que cada vez que se inicie una conversación en torno a ella, la persona que la lleve tenga la oportunidad de hablar sobre la historia que hay detrás, que cuente todo lo que se celebra o se conmemora a través de una joya.

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Evyenía nos explica en la entrevista. Fotografía: José Ángel Monteagudo.

Hay otra historia de otras piezas, una familia, cinco mujeres, tres generaciones. Mi clienta me contó que tienen una tradición entre las mujeres de la familia de intercambiarse mucho las joyas. Entonces si una tenía un collar por ejemplo que llevaba mucho y quizás su hermana estaba en un momento vital difícil, ella le pasaba la joya para regalarle esa buena energía. Entonces yo les hice una serie de pulseras de plata muy simples pero que todas partían del mismo grosor, del mismo alambre, como el ADN.

Eran la abuela, tres hijas y la nieta. Lo más precioso de todo era que eran cinco pulseras y yo tenía en mente a la familia porque las conocía y quería asignar tal pulsera a tal mujer, pero eso en realidad no tiene mucho sentido porque luego ellas se las iban a intercambiar. O por ejemplo, a la abuela le quedaba más grande por lo que la manipuló, y a la pequeña no le gusta llevar así la esclava, así que puso una cadena y lo llevaba de collar. Todo eso les da una libertad de expresión a ellas.

Siempre he querido hacer proyectos de este rollo, en los  que yo pueda contar algo sobre ellos pero sobre todo que ellos de alguna manera puedan vivir su propia historia a través de la pieza”.

Son unos proyectos preciosos, muy interesantes, de verdad. Por otra parte querría que nos contaras qué suponen las redes sociales para ti. Te has involucrado mucho con ellas en proyectos como #littlefingerfridays y los 52 anillos que lo componían. 

No he llegado a entender cómo funciona eso todavía, sinceramente. Obviamente es una plataforma que se agradece mucho porque lo sueltas allí y ya veremos. Sin embargo algunas veces me parece que es un mensaje en una botella, tirado al mar. Yo flipo con la difusión de ciertas piezas que gustan mucho en Instagram… Algunas piezas tienen muchos “me gusta” otras piezas menos…En realidad son números que no me dicen nada, no he pillado el punto a las redes sociales para saber cómo utilizarlas.

El Facebook tiene sus limitaciones pero es el único que me permite escribir en tres idiomas distintos, inglés, griego, y castellano. El Instagram te permite hacer traducciones. Pero yo cuando lo probé en Facebook en mis inicios hace casi tres años la traducción era horrible. Me dejaba en evidencia, horrorizada…

Además yo manejo los tres idiomas, y sabía traducir las cosas mejor que cualquier máquina. Por ejemplo cuando yo quiero llamar a una pieza light, pues en castellano sería luz o en griego fos, pero incluso quiero jugar con otros significados de la misma palabra como “ligero”. Una máquina no puede responder a mi uso del lenguaje, que en ese sentido para mí sí que es importante.

También hay temporadas que paso totalmente de las redes sociales. Hago lo mínimo y me obligo con ciertos retos para estar activa y publicar. A veces he vendido cosas a través de estas plataformas pero tampoco he visto ninguna luz y decir “esto es la ostia”.

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Entrevista a ete, nombre artístico de Evyenía Tzortzi. Fotografía: José Ángel Monteagudo.

A finales de 2017 realizaste tu primera exposición individual en el taller de escultura creativa El Arquetipo. ¿Cómo fue Un paseo por el bosque?

Realmente todo pasó super rápido, porque no tenía ninguna intención de hacer una exposición (risas). ¡Para nada! Justo me acababa de llamar una amiga y me dijo que estaba en un proceso vital muy importante ; “me pasa esto, y quiero llevar una pieza tuya para que me acompañe”. Y yo pensé que quiero trabajar con madera.

Fui al Arquetipo a hablar con David. Tampoco nos conocíamos mucho y yo le dije ¿trabajas con madera, eres escultor? Los joyeros gorroneamos siempre de los escultores porque cogemos trocillos pequeños que tiran, siempre he trabajado asi.  Además él tenía muchas maderas que las iba cortando en trocitos pequeños, y pensé: “¡De ahí algo puedo aprovechar!”. Encontré la madera que buscaba para mi encargo y hablando hablando me dice “en noviembre ya tengo un artista que va a hacer una exposición, ¿por qué no te vienes tú para diciembre?”. Esto era igual a finales de octubre, y por aquellas fechas estábamos montando exposición en el Matadero, y yo igual hasta el Puente de Todos los Santos no llegué a ponerme a trabajar. Tuve realmente veinticinco días para montar la exposición. Entre medias tenía unos billetes y me fui de viaje y todo!… ¡Una locura!

En realidad el proyecto fue inspirado en la propia conversación de donde empezó todo, con la madera. Y fue volver a casa y darme cuenta de que tengo los cajones llenos de maderas. Yo siempre había ido mucho a la montaña con mi expareja, y siempre volvía a casa con trastos y maderitas y ramitas, o líquenes… Se quedaban en los cajones y dije: “¡Algo tengo que hacer con esto!”.

El trasfondo más filosófico del asunto casi apareció cuando acababa el trabajo. En la excusa de la exposición y las prisas por hacer las piezas no lo pensé mucho pero sabía que tenían que ser de madera, porque me parecía que encajaban, me encajaban a mí y me encajaba con el lugar, al ser un espacio dónde se trabaja la madera. Luego a partir de ahí, reflexionando un poco sobre lo qué estoy haciendo y qué significa… La columna vertebral de la exposición es La escucha, la pieza que hice para este encargo que fue la excusa por la que me acerqué al taller de David. Es una madera con forma de caracol que hace alusión a la cóclea del aparato auditivo y al propio caracol, su autonomía, su poder regenerativo, su manera de esconderse y volver a aparecer.

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Collar La escucha. Fotografía: Evyenía Tzortzi.

Empecé a reflexionar sobre el propio acto de andar, pensar y crear. Cuando yo salía al monte conseguía deshacerme de mi cabeza por el camino, mientras otras veces era imposible. Entonces andando, seguía creando. De repente se organizaban las ideas y volvía a Zaragoza con todo más claro, cuando tenía proyectos estancados o algo así. Y al revés; había momentos que era material, traer objetos que sugerían proyectos o ayudaban a crear otro tipo de ideas.

Realmente fue una manera de reflexionar sobre el hacer y el no hacer. En qué momentos no estás trabajando. La práctica son muchas cosas, entonces parar dos días para hablar con gente que sí está haciendo proyectos y puede aportar ideas es igual de trabajo que estar acabando piezas en el taller. A veces me agobiaba salir un domingo de Zaragoza si tenía que estudiar o trabajar en un proyecto… Y a raíz de eso me dí cuenta de que crear no es solo el proceso de hacer. Puede ser  parar y respirar, estar en la Naturaleza, puede ser un paseo por el bosque…

En la parte técnica había piezas trabajadas en madera y otras en plata. Trabajaba una técnica que se llama microfusión. Las piezas se crean en cera y luego se pasan a plata. Era realmente la cera la que abrazaba las maderas, y esas formas las mandé fundir en plata. Entonces la plata cogía formas sobre las ramitas que sería muy difícil conseguir manualmente, para que pudiera conseguir este tipo de curvas. Esto también era un diálogo entre lo estrictamente manual y mecánico que es la plata, con algo natural. Soy yo la que se tiene que someter al material y respetar la madera. Era la que llevaba el protagonismo en este proyecto, para que la plata pudiese luego funcionar en terminales para collares, en maneras de apoyar un tronquito para un anillo… Era como un homenaje, como mis talismanes de mis viajes, de mis paseos, como quien se trae una piedrecita de la playa.

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 Pendientes del proyecto Ida y vuelta. Fotografía: Evyenía Tzortzi.

Me gustaría que nos hablaras de tu último proyecto experimental Ida y vuelta que precisamente presentabas ayer sábado 26 de mayo.

Ida y vuelta nace también de forma un poco fortuita (risas). Me llamó Bertrand de la FAZ y me dice “¡oye voy a montar esto para marzo!, ¿te apuntas?”, y yo, “vale”. Siempre suele haber algo en la carpeta de los futuribles que quiero desarrollar, y aunque no siempre se dan las circunstancias, si sale una fecha es cuando de repente (chasquido de dedos) ¡este es su momento!

Sergio Aragón fue quién me presentó a Carla Nicolás, de El Calotipo, hablé con ella y me fui allí a desarrollar el proyecto. Ella me enseñaba todo lo que tenía que saber sobre grabado según surgían las necesidades durante el proceso. Yo le expliqué mi chifladura de pasar los anillos por el tórculo y empezamos haciendo unas pruebas.

Siempre existe una miga de algo en algún lugar de donde hacer el pan. ¿Sabes cuando haces pan, que tienes la masa madre de la que cortas un trocito, lo guardas, haces pan, y así vas reciclándolo siempre? Pues así como una pequeña maderita da lugar a toda una exposición. Una noche que tengo que mandar unas piezas al fundidor para la exposición en el Arquetipo,  y me sobran unas ceras, pues me pongo a rallarlas y las mando a fundir a ver qué pasa. Y cuando se juntan todas estas estrellas y uno me da una fecha para presentar un proyecto, otra me dice vente aquí a desarrollarlo y yo tengo unas pruebas, unas chapitas de plata talladas… Les digo: “¿Podemos pasarlas por el tórculo, a ver qué pasa? Si pasa algo bonito puedo seguir adelante”. Y así es como se crea este viaje.

Primero desde la joyería hacia el grabado, es decir, aprovechando técnicas exclusivas de la joyería como la microfusión, para tallar piezas en cera, mandarlas a fundir, y cuando me las devolvieron en plata las entinté y las pasamos por el tórculo. Entonces por ejemplo un anillo era plano, tallado, con textura en los dos lados. Pasó por el tórculo como un sándwich: papel abajo, anillo, papel arriba. Y todo esto en otro sándwich de goma eva para no dañar el tórculo. Entonces salen dos grabados, cada uno con una cara del anillo. Fue la parte más experimental.

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Anillo realizado por ete. Fotografía: Evyenía Tzortzi.

Luego el viaje de vuelta ya era absolutamente grabado, grabado, grabado. Era coger una placa de cobre, hacer todo el proceso de limpiar, barnizar, calcar el dibujo, hacer la mordida… Y coger esa matriz, estamparla, cagarla, volver a estamparla (risas)… Luego todo con prisas, coger la chapa y empezar a cortar y partir de ahí sacar piezas.

Sobre el trasfondo, a la hora de dibujar, como yo no me llevo bien con el dibujo, de repente te metes a hacer obra gráfica y ¡adónde vas! Cómo vas a meterte ahí si no has dibujado nada. Entonces empecé a jugar con los títulos de la obra. Uno de los primeros títulos que tenía siempre en mente con este proyecto fue Raíces, ramas y rutas. Trayectos, por así decirlo. La primera reflexión respecto a la información formal, es decir, los dibujos de los anillos y las placas que acabaron siendo luego piezas, es vegetal. Es decir, formas que las puedes mirar hacía arriba o hacía abajo, porque pueden ser ramas o raíces, según cómo se miren o quieras ver tú.

Es una reflexión de que cuanto más estoy creciendo hacia arriba, abriendo ramas, más necesito el fondo de mis raíces, porque sino me voy a caer. Y cuanto más estoy echando raíces, más puedo brotar hacia arriba”.

Ahí digo, “raíces, pasado, Mesolonghi, ramas, Zaragoza, cielo o Nueva York”. No se dónde va a acabar esto, da igual. Pero claro, en este proceso existe la pregunta: “¿En qué momento puedo echar raíces, o dónde están? ¿Están donde estaban cuando tenía dieciocho años, cuando me fui de mi pueblo, se han quedado allí? ¿Pero las puedo echar aquí también?” Yo estoy desarrollando mi trabajo en Zaragoza, y ahora mismo mi vida está aquí, pero “¿dejas de ser en algún momento “de fuera”? ¿Puedo llamar realmente a este lugar  mi casa?”. Siempre ha habido algo de incomodidad a la hora de preparar las maletas para ir allí. Decía que me voy a casa. Y cuando hacía las maletas allí para venir a Zaragoza, la misma incomodidad y también decía que me voy a casa. Es tan fluido el movimiento… entonces también el lenguaje te pone trampas y dices: “¿De dónde soy?”.

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Calcografía del proyecto Ida y vuelta recién presentado por ete. Fotografía: Evyenía Tzortzi.

Para la calcografía he calcado un mapa de Μesolonghi y uno de  Zaragoza, superpuestos. Se ve que es un espacio urbano pero ya no existen calles concretas. Encima de todo eso, una imagen de mis manos extendidas en la plancha. En la zona donde mis dedos se cruzan es el punto donde se ubicaría mi casa en Zaragoza y la de Mesolonghi en los respectivos mapas. La mordida más fuerte, que es la de más duración, es la de mis manos. Yo quería que fuera un mapa superpuesto porque en realidad es un mapa que ya no me sirve, un mapa a ninguna parte. No quiero llegar ni a un lugar ni a otro. Quiero crear un camino donde, al fin y al cabo, mis manos son las que mandan más, por encima de cualquier espacio urbano.

Era una reflexión en este sentido sobre el ida y vuelta, desde la joyería que yo considero como más identidad ahora mismo, hacia el grabado al que me acerco con absoluto desconocimiento de la técnica; y del grabado a la joyería.

¿Tienes en mente algún futuro proyecto?

Ahora mismo estamos preparando el Hilaku 2018 que se expondrá en el Centro de Artesanos de Aragón en noviembre, así que me toca tejer. Por eso he traído el maniquí (señala un maniquí que acaba de traer al taller). Es que justo tengo que restaurar una pieza, la de Un estudio sobre Medea porque viajó a Colombia y como mi pieza llevaba metal y unos vidrios cortantes tuvimos que desarmarla para que las piezas pudieran pasar por la aduana. En realidad era mi aceitero, que se rompió y lo coloqué en el collar de la Medea (risas). Pero toca tejer mucho y hacer para la próxima edición. No he empezado todavía a trabajarlo y estamos en una locura de fechas. No tengo ni siquiera claro qué es lo que voy a hacer.

A la hora de plantear proyectos de joyería siempre hay ideas pero no llegan a ser nada concreto hasta que realmente hay algo. Lo más importante es tener ideas, explorar los materiales, las técnicas, hablar con la gente… Todo lo que tiene que salir saldrá y todo lo que no sale deja espacio para lo que tiene que salir.

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Evyenía respondiendo a las preguntas de la entrevista. Fotografía: José Ángel Monteagudo.

¿Podrías explicar de qué manera organizas tu agenda? Cómo trabajas en tu nuevo taller, sigues algún tipo de disciplina a la hora de crear tus obras…

El estrés es lo mejor para ponerse a hacer, ¡pum, no te queda otra! (risas). Cuando hacía el Ida y vuelta, en el que las fechas eran muy concretas y no había tiempo de demora porque había una feria, me había comprometido con la feria, conmigo, con El Calotipo… Vi que lo que mejor me funciona es tener horarios laborales como una oficina. Entonces es levantarme a las ocho de la mañana o algo así, y a veces incluso tomar un mega desayuno, escuchar la radio… Encender el cerebro bien y trabajar,  parar a comer, descansar, café y por la tarde otra vez.

Pero una de las cosas que he implantado hace poco es que en los días en los que realmente tiene que salir trabajo, que de momento no suelen ser todos (risas) porque siempre hay algo pero… En los días en los que realmente hablamos de rutina laboral empecé a hacer tabla de tiempos, empezando a vigilar cada descanso. Cada vez que me levantaba de la silla lo apuntaba, y cada vez que me volvía a sentar lo apuntaba. Entonces hacía cuentas y me daba cuenta de que no había sido capaz de sentarme dos horas seguidas. O me he levantado treinta mil veces. Entonces eso funcionaba porque me daba vergüenza a mí misma… Eso que dices “uy qué mal me caigo ahora mismo, volver a apuntar otro descanso… Voy a seguir un poco más”. Hay veces que es necesario levantarte, estirarte y tal pero otras veces casi necesitas más esfuerzo para volver a acordarte dónde estabas que lo que has ganado con el propio descanso.

En general es un caos que ojalá se organice ya de una vez… El nuevo taller ayuda mucho, es un espacio dónde los tiempos y los horarios se concretan, tengo una compañera que también está currando, paras a hacerte un café un momento, dices una chorrada y te vuelves a poner. Pero yo me estoy dando cuenta de que las rutinas son necesarias a la hora de desarrollar proyectos, y una de las más importantes es el deporte, mi mayor error porque no tengo la costumbre. Sin embargo luego ves que el cuerpo no arranca, no funciona la cabeza tampoco. Necesitas un cuerpo para estar cinco horas limando, lijando… Contracturas, fisio… ¡Ahí está Saioa para ponerme recta! (refiriéndose a su fisioterapeuta).

Por ejemplo con el textil escucho mucho Netflix (carcajada). ¡Porque son muchas horas! Los meses que me apunto a Netflix es porque tengo que tejer. De hecho cuando estaba en la Escuela de Arte con mi proyecto final estaba con la escayola en el pie y tenía ocho semanas justas para entregar el proyecto. Estaba en casa sin poder hacer nada más que trabajar. Entonces tenía que hacer una parte textil que era muy larga, muchas horas. Al final te piden poner las horas de trabajo, y calculé: “Uno, siete temporadas de Californication, y dos, El amor en los tiempos de cólera, catorce horas. Yo seguro como mínimo me he tragado para este proyecto tantos capítulos por tantas temporadas, más catorce horas de audiolibro…” Le eché ochenta horas de bordado o algo así. Es una técnica donde las manos funcionan de otra manera. En la joyería, el fuego te pide otras cosas, totalmente. Si no estás ahí al cien por cien, en cuerpo, alma y pensamiento no funciona.

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Collares de Ida y vuelta creados por ete . Fotografía: Evyenía Tzortzi.

En el último proyecto, el Ida y vuelta, en momentos de desesperación donde ya tenía que soldar a las mil de la noche para llegar a la feria al día siguiente o algo así, descubrí que la soldadura se funde cuando le cantas (carcajadas). Yo en algún momento de desesperación estaba por pegarme un tiro con el soplete diciendo “venga cariño, que no puedo más”. Y no se fundía. Eran niveles de cuarenta y ocho horas antes de la feria y yo… “No sé por dónde van los dos alambres, no se por dónde soldar, por qué no puedo tomar ninguna decisión”… Con la cabeza espesa. Y entonces dije “mira, la lista de cantar en la ducha gritando”. Y así empezó a fundirse (risas).

Yo creo que existe una cosa con las piezas de joyería… que con el textil también funciona así. Me pasó con la última pieza que presenté en Hilaku. Cuando empecé al principio estaba super tensa, bordando, no sabía por dónde tirar, no me salía bien la talla que quería sacar… Y a medida que me lo voy creyendo, a veinte días de la exposición, trabajando todos los días, con todo el estrés… La pieza también absorbe tu estado de ánimo. Era un collar que a una altura apretaba mucho, y cuanto más iba avanzando el trabajo los hilos empezaban a abrirse y relajarse, y la costura fue distinta.

Como es un proceso mental, plasmas un poco las ideas en un dibujo, pero por el camino en proyectos artísticos tan largos te das cuenta de otra información que está cambiando el discurso de la pieza, que se tiene que justificar con la propia manera de acabarlo. Es un trabajo muy íntimo porque es como si tuvieran vida”.

Como lo cuentas parece haber una sintonía artista – obra…

Sí, porque te escucha. Es como si en aquel momento estás transformando energía de tu intención de creación por medio de los materiales. Todo eso es un ente que hay que respetar y escuchar de la misma manera.

Las rutinas las manda muchas veces el propio proceso creativo. Ojalá pudiera tener un método más riguroso… Pero en el día a día yo no puedo tener dos días iguales, porque surgen cosas. O te llaman a currar en otro sitio. Lo dejo tres días, vuelvo.

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 Evyenía Tzortzi posando en la entrevista. Fotografía: José Ángel Monteagudo.

¿A qué problemas te enfrentas en tu profesión? ¿Alguna vez ser mujer te ha supuesto alguna dificultad para desarrollar tu trabajo, como discriminación o machismo?

(Medita) A la hora de plantear proyectos y proponerlos a los sitos y tal, no tengo tanta trayectoria como para poder decir que me han discriminado. Me preocupa la presencia de los tíos en general y tíos artistas en particular en exposiciones o eventos de mujeres como por ejemplo la inauguración de una exposición individual o colectiva de mujeres. No sabría decir cómo funciona el mundo artístico en Zaragoza, estoy esperando a ver qué pasa. Sin embargo me gustaría que hubiera más diálogo, y creo que eso faltaCreo que no existe tanto apoyo al arte creado por mujeres, y no me refiero sólo económico. Como si hubiera una etiqueta que ahuyentara a la gente, como si fuera una calificación despectiva que no conseguía generar interés.

Yo creo que tienes que ganarte tu posición. Te la tienes que ganar con un discurso mas desarrollado y concreto que si fueras hombre. Hay personas con un discurso artístico poco desarrollado, personajes que por su condición masculina se les escucha, se les cede espacio. Sin embargo, una mujer no sólo tiene que crear, o exponer, tiene que convencer”.

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Pendientes realizados con la matriz calcográfica impresa sobre papel. Fotografía: Evyenía Tzortzi.

Me gustaría que para finalizar nos dieras tu opinión acerca del panorama cultural de Aragón en sentido genérico y en particular en la capital. ¿Crees que es una ciudad donde resulta sencillo desarrollarse artísticamente?

Viniendo de fuera sinceramente desconozco tantas cosas que mi opinión va a ser personal y muy fragmentada. Me he sentido siempre muy acogida en Zaragoza pero desconozco el resto de Aragón. Sé que en Huesca se hacen cosas pero no he tenido la ocasión de disfrutarlas, ni siquiera la oportunidad para ir a Periferias (risas). ¡Tiene que ser artísticamente muy activa y flipante! En cuanto a Zaragoza o no me da la pasta o no me da la vida. Me parece que sí existe una gran oferta a la hora de la diversidad. ¿Podría existir algo más vanguardista, transgresor, extrovertido? Pues sí, siempre se puede ir a más. Pero, personalmente, no he echado nada en falta.

Luego a la hora de desarrollarse una como artista siempre he encontrado a alguien que me ha dicho: “¡Vente a hacer esto!”, o una convocatoria abierta y alguien de repente aceptaba mi obra, cuando a mí no me conocía nadie aquí… ¿Me explico? No me he sentido jamás mal, o que resulte difícil, pero supongo que es cuestión de moverse y estar en los sitios.

Yo misma estoy flipando porque acabo de descubrir ZCULTURA ACOMPAÑA. Es una página web de asesoramiento a artistas donde publican todas las convocatorias. Puedes preparar tu documentación y  hay alguien con quien puedes contactar para que te ayude y te eche una mano cuando pidas una beca o una subvención.

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 Evyenía Tzortzi posando en la entrevista. Fotografía: José Ángel Monteagudo.

De repente ves cantidad de ofertas, convocatorias para audiovisuales, para artes escénicas… Y claro yo vengo de Grecia, donde no hay dinero para estas cosas. Allí es todo mucho más lento, y el arte en Grecia ha sufrido mucho, como también las propias personas que están intentando desarrollar proyectos allí. Había un momento en el que casi cualquiera te decía: “Pfff, y para qué”. La gente se había rendido. Sin embargo yo aquí jamás he encontrado obstáculos. He encontrado a varias personas locas, en distintos ámbitos para hacer cosas y he hecho performance, recitales de poesía, exposiciones, y he encontrado espacios para hacer locuras sin ningún tipo de coste. Entonces esto para mí es muy fértil a la hora de probar cosas.

¿Si se te queda corto? Tendrás que salir a otro lado, ya está. Zaragoza es una ciudad preciosa para trabajar en tu pequeña cueva, donde apenas tienes problemas, no tienes tráfico, casi dejas la puerta abierta y no te roban. Te da comodidad y tranquilidad. No te roba tiempo en trayectos absurdos en metro, no te roba dinero de alquileres altos absurdos como en Madrid o Barcelona… Que las veces que he intentado dar el salto he pensado… “Mejor me quedo aquí”.

Creo que en Zaragoza puedes desarrollar tu proyecto y vivir bien, porque al final es tu vida personal la que va a apoyar la creatividad, y existe una oferta cultural interesante para poder seguir creando, haciendo, enriqueciéndote. A veces he pensado que mi proyecto podría estar mejor en otro lado, por crecer o ver otros mundos también, y en realidad al final no he llegado a eso porque he valorado las cosas que estaban ocurriendo aquí. Y las obras no son de ningún lugar, ni tampoco son mías. Si tienen que volar a otra parte lo harán, si llega el momento.

 

 

Imagen superior: Matriz de la calcografía utilizada para crear las joyas en el proyecto Ida y vuelta. Fotografía: Evyenóa Tzortzi.

Raquel Monteagudo

Redactora de la Revista Kalós