Entrevista a Fernando Jiménez Ocaña: literatura entre dos tierras.

Fernando Jiménez

Con el olor a papel y claveles a punto de inundar el Paseo Independencia, hemos querido rendir homenaje a todos los escritores, editores y libreros que salen cada año a la calle para acercarnos las últimas publicaciones.

Una de las mesas que estará este año es la de nuestro entrevistado, Fernando Jiménez Ocaña, quien lleva más de 20 años a la intemperie sacando una sonrisa con su buen humor a los curiosos y seguidores de su editorial.

Fernando nació en Baena (Córdoba) en 1952 y se transfirió con su familia a Zaragoza en 1968. Su inicio como escritor es de lo más particular, puesto que su formación literaria es autodidacta. Su familia trabajaba en el campo y posteriormente ejerció como albañil. Tras un viaje por Europa a los 28 años, sintió el impulso de dedicarse a la literatura, autoeditando su primer libro Musgo en la piel. Relatos carcelarios (1984). En Zaragoza se relacionó con el ambiente más bohemio de la ciudad y fundó varias revistas artísticas durante su juventud.

Su editorial lleva trabajando desde 1994, llamada en un primer momento Zócalo, y desde 2006 ONAGRO EDICIONES. En ella han publicado destacados escritores como Miguel Mena, Carlos Castán, Lorenzo Mediano y Michel Suñén.

Su estilo, que él mismo define como costumbrista, mezcla hechos autobiográficos con su fantasía e ingenio, lo cual nos acerca en muchos casos a una visión particular del pasado en el que se podrán reconocer los lectores. Y es que en su vida no faltan amigos e historias particulares que comparte con nosotros de forma velada en sus letras. En algún lugar del camino (2009) nos acerca a las minas de Andorra (Teruel), en las que estuvo trabajando una temporada. También destacamos entre sus publicaciones El tambor de caña, Regreso a los viejos cafés de Zaragoza y La colina de los sueños.

El año pasado presentó su último libro, Enigmas. Secretos e historias fabulosas del Antiguo Testamento, el cual esperamos que sea un éxito.

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Fernando Jiménez Ocaña en el Día del Libro.

Tu origen como escritor parece de lo más atípico: un albañil sin formación como escritor se lanza a publicar. ¿Cómo fue tu primera experiencia de acercamiento al mundo editorial?

A mí, desde niño, me había gustado mucho leer, contar historias y que me las contaran. He tenido una formación literaria totalmente autodidacta. En 1980 comencé seriamente mi faceta como escritor de relatos y novela corta, y en esa época acometí la fundación de varias revistas de creación literaria, entre 1980 y 1987, más o menos, siendo éste mi primer contacto con el mundo editorial. Años más tarde, en 1994, fundé mi propio sello editorial, ya de un modo profesional y comercial.

Nos ha parecido también interesante tu faceta como “vendedor a la intemperie”, como se titula uno de sus libros. ¿Qué es lo más interesante que ha llegado a tus manos cuando te dedicabas a ello?

Esta faceta  de vendedor de libros usados en el Rastro de Zaragoza, para mí supuso una oportunidad de conocer personas, bibliófilos y chamarileros, de los que aprendí mucho, y algunos de ellos pasaron a formar parte de mis novelas como personajes. En cuanto a libros, compré y vendí muchísimos, desde luego, ningún incunable; quizá el más interesante de entre los autores españoles fue una primera edición de Poemas del cante jondo de Federico García Lorca.  Por citar algunos de los tomos antiguos y sorprendentes, vaya como botón de muestra una edición de 1847 del  Ensayo sobre las revoluciones de Chateaubriand, y un libro de medicina El cirujano instruido. Modo fácil y barato de curar editado en Madrid en 1783. Estos dos últimos aún los conservo y el de Lorca lo vendí…

En tu último libro, Enigmas. Secretos e historias fabulosas del Antiguo Testamento, nos acercas a las historias más peculiares del Antiguo Testamento. ¿Eres católico o tu estudio viene dado por pura curiosidad?

No soy católico, más bien me declaro agnóstico. He leído la Biblia porque considero que es un texto fundamental para cualquier escritor.  De hecho para los grandes escritores del siglo XIX y para bastantes del XX, a los cuales yo admiro y considero mis maestros, la Biblia venía a ser como su libro de cabecera, junto con El Quijote.

¿Cuál ha sido el descubrimiento del Antiguo Testamento que más te ha llamado la atención?

En realidad el libro es mi propia selección de las historias más apasionantes o sorprendentes, siempre bajo mi criterio. De entre ellas podría destacar la de Tobías, el primer sepulturero de la historia, texto considerado apócrifo en la Biblia Protestante y la de Débora, la primera mujer revolucionaria.

¿De dónde vino la idea de formar una pequeña editorial?

Tras quedar finalista en varios premios de novela, entre ellos el Dolores Medio y  el Ciudad de Barbastro, me sentí un tanto frustrado porque pensaba que ello conllevaba o facilitaría la publicación, pero no fue así. De modo que éste fue el detonante para que me lanzara a crear mi editorial: cansado de enviar mis novelas a editoriales sin conseguir una publicación, decidí crear mi propio sello, para sacar a luz mis textos y los de otros autores que se hallaban en mi misma situación de escritores inéditos. Empecé desde cero, con mucha ilusión y poco a poco fui conociendo las glorias y  miserias de este apasionante oficio.

¿Cómo ves el panorama cultural en Aragón en la actualidad?

Voy a centrarme en el panorama literario, que es lo mío. A este respecto, creo que se hace mucho ruido pero en realidad el árbol da  pocas nueces, y me explico… Es cierto que en los últimos años asistimos a una eclosión de pequeñas editoriales, algunas de corta duración, que generan una numerosa oferta de publicaciones, sin embargo no hay proporcionalidad con el número de lectores. Lo que yo percibo es que en Aragón no hay un incremento de lectores, que el libro en papel se vende menos que hace una década, y se mantiene gracias a las mujeres, que son mucho más lectoras que los hombres, y que representan la gasolina de nuestro motor editorial.

¿Qué papel consideras que tienen las pequeñas editoriales como la tuya? ¿Son una salvaguarda de la libertad de contenidos?

Quizá el papel más importante y satisfactorio es el descubrimiento de autores y textos, que han pasado desapercibidos a las grandes editoriales. Es lo que podríamos llamar “el olfato” del pequeño editor que te permite encontrar alguna que otra perla.

Sobre la segunda parte de tu pregunta: Sí, estoy de acuerdo en que desde cierta perspectiva, las pequeñas editoriales somos una salvaguarda de la libertad de contenidos.  El ser independiente, te da la libertad de elegir aquello que publicas sin tener que rendir cuentas a los “poderes”  de decisión o económicos, y te otorga libertad de expresión también como editor.  Pero también corremos el riesgo económico, de modo que hay medir bien lo que haces, porque tal y como me dijo en una ocasión Rosa Regás, que también fue editora durante 20 años, es más importante el “tiraje” que el “titulaje”; por decirlo en román paladino, si calculas mal la tirada y no consigues vender el suficiente número de ejemplares, por muy bueno que sea el título, pierdes dinero, y si esto se repite con asiduidad tendrás que cerrar el “quiosco”.

¿Publicarías si crees que no va a vender aunque veas calidad en ello?

Como editor, cada vez que aceptas y que rechazas un texto, corres el riesgo de equivocarte. Tampoco tengo yo “la bola mágica” para adivinar cuál va a ser la reacción del lector y de la crítica, factores que si se conjugan positivamente hacen que un libro funcione.  Pero en este momento no me la juego, por mucha calidad que tenga, si  olisqueo que el libro va a ser de difícil venta. Los almacenes de las empresas distribuidoras están llenos de libros magníficos que no han conseguido vender. Tengo ya las suficientes experiencias negativas acumuladas en este sentido. Durante los primeros 10-15 años de mi editorial, publiqué autores excelentes literariamente, según mi opinión, pero totalmente desconocidos, y fue un fiasco económico.

¿En qué estás trabajando ahora?

En una novela ambientada en la Guerra de Independencia española, contra la invasión napoleónica. Es mi segunda intentona en la novela histórica, ya que me considero más bien como un escritor costumbrista.

 

Imagen superior: Fernando Jiménez Ocaña.

Ana Muñoz Pico

Redactora de la Revista Kalós