Septiembre significa Asalto: XII Edición del Festival de Arte Urbano Asalto

Asalto XII mantra

Una semana después del final del Festival Asalto hemos podido recuperarnos de la resaca artística que sus murales han dejado en nuestra retina. Como cada septiembre desde hace 12 años, Asalto ha convocado a artistas de todo tipo para cambiar el entorno urbano de un barrio. El elegido de este año fue Valdefierro, en el que se intervino del 8 al 17 de septiembre.

Este barrio se encuentra en una localización especial: situado entre el río Ebro, el Canal Imperial y las vías del tren, Valdefierro ha estado siempre algo apartado del resto de la ciudad. Y es que sin duda su historia es singular, ya que en él se levantaban por la noche los edificios de los nuevos vecinos que llegaban a trabajar en la industria para que  la policía no pudiese multarles. La arquitectura particular que allí se genera se combina con edificios más recientes, generando un paisaje bastante ecléctico, en el que casas de una planta se yuxtaponen a enormes bloques de pisos.  El área no fue reconocida por el Ayuntamiento hasta 1971 y la instalación de agua corriente todavía se pospondría algunos años.

Además de ello, las calles tienen nombres de flores y constelaciones. Esta última iniciativa fue tomada, según se dice, por un grupo de estudiantes. Todo ello ha provocado que los artistas se interesen por el entorno en el que iban a intervenir. El artista modifica el espacio y el espacio modifica el arte.

En esta edición del festival, se eligió como headquarter el antiguo reformatorio El Buen Pastor, el cual llevaba abandonado doce años. Sus instalaciones son de grandes dimensiones, pero debido al desuso y vandalismo se encuentran en estado de ruina. Sin embargo, en el acceso ya encontramos la primera obra, realizada por Antonyo Marest en toda la fachada frontal como una apertura de color que avanza con optimismo el futuro del centro.

La organización del festival acoge todo tipo de actividades, entre los que encontramos talleres, charlas, conciertos, intervenciones artísticas, tours guiados y un mercado. Además, los debates colmaban la experiencia, combinando así la teoría y la práctica. Y es que el arte urbano a día de hoy, el momento del “post graffiti”, se encuentra en un momento de encrucijada en el que se debate qué hacer con los murales. Pese a tener vocación efímera, algunos especialistas intentan conservarlos, musealizándolos de alguna manera, bien sea garantizando su permanencia mediante paneles protectores o con la realización de recorridos turísticos por la ciudad a modo de museo al aire libre. Lo que está claro es que la sociedad ha empezado a concienciarse de que esas “pintadas” tienen un gran valor artístico y las empiezan a considerar parte de su patrimonio como propietarios a la vez de ese espacio público.

Esta edición ha acogido artistas de diferentes estilos y nacionalidades. Antes hemos hecho gran hincapié en el barrio porque los artistas no han sido herméticos a su condición. Ejemplo de ello son las intervenciones de cuatro mujeres a través del proyecto Galería Urbana, una asociación cuyo objetivo principal es el de proporcionar muros legales a los artistas para que se intervenga en ellos de una forma orgánica, por lo que se podrán cambiar cuando otro artista lo pida. Así, Lorena Cosba, Coco Escribano, Rebeca Zarza y Susana Blasco han dejado sus obras relacionadas con el barrio además de tratar el estado de la mujer artista.

Los retratos de cuatro vecinos que hizo Lorena Cosba, de quienes pudo conocer su historia antes de retratarlos, dejan la constancia de cuatro vecinos (se repite vecinos) muy importantes en el barrio, unidos a su vez por el hilo rojo de la orografía del terreno. Coco Escribano, una joven ilustradora que ha intervenido en los Jardines de la Estrella Polar o “plaza de la maceta”, como la conocen en el barrio, ha tomado el nombre de la plaza como inspiración de su mural, en el que podemos ver en un lenguaje naíf la personificación de la misma. Rebeca Zarza realizó un mural colorista alusivo también al paisaje de la zona.

Susana Blasco realizó un collage en 3D muy interesante, en el que usando fotografías antiguas del rastro de Zaragoza, ha creado tres retratos sucesivos que aparecen a medida que nos desplazamos.

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Collage 3D de Susana Blasco.

Otra mujer interesada en tratar la peculiaridad del barrio fue la británica Hellen Bur, quien en su mural de la calle Azalea resaltó la falta de agua corriente que tuvo esta zona durante tantos años con un estilo realista.

También ha habido intervenciones que han modificado totalmente el espacio existente, como la del francés Zest, que nos ha dejado en unas escaleras el contenido espiritual del color del que hablaba Kandinsky. Otra de ellas es la intervención de Ampparito sobre el hormigón del Parque Valdefierro, bajando la altura claustrofóbica de los muros y generando así una nueva sensación espacial.

La escultura también ha estado presente de la mano de Cúmul, un colectivo de artistas que ha hecho varias instalaciones con objetos cotidianos, Octavi Serra -que nos dejó un molde de su cuerpo- y Jofre Oliveras, creando con palomas de cerámica gres sobre una fachada la constelación de la Osa Menor. El grado de realismo de sus piezas llegó a provocar revuelo entre los vecinos al pensar que estaba clavando palomas reales.

Los murales de enormes mariposas que realizó Mantra, en los cuales encontramos tanto especies locales como una que aparece cuando llega el cambio climático, crean un trampantojo en el que la fachada se convierte en la caja de un taxidermista, retratando con gran belleza y contenido crítico a los insectos.

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Mural de Mantra en proceso.

En el Asalto Fair pudimos ver otro soporte para el arte: los tatuajes. De la mano de Isometric Gallery pudimos ver en directo cómo se tatuaba una obra de arte, clásica o contemporánea, en antebrazos de personas a ciegas que descubrirían el resultado una vez se acabase la obra.

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Isometric Gallery en acción.

A lo largo de estos nueve días se nos ha ofrecido la oportunidad de abrir nuestra idea del arte. El arte urbano ha dejado de ser un acto de vandalismo para ser reconocido como “el arte de nuestro tiempo”, capaz de hacer más agradables e incluso revalorizar las zonas más deprimidas de una ciudad. Por todo ello, este festival supone un foco de confluencia entre artistas, teóricos y ciudadanos que participan y colaboran en la misma dirección, lo cual hace que sea uno de los eventos más populares e importantes que tienen lugar en Zaragoza.  A pesar de que aquí no hemos podido hablar de todos los artistas que han intervenido, os animamos a conocer y pasear por este barrio en busca de los murales y otras obras de arte que se han realizado durante el festival.

 

Imagen superior: mural de Mantra

Ana Victoria Muñoz Pico

Redactora de la Revista Kalós

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