Fotógrafas en la Guerra Civil: Gerda Taro

En capítulos anteriores os contábamos que la fotógrafa sudafricana Vera Elkan acompañó al doctor Norman Bethune por distintos frentes de España. También adelantábamos que fue ese doctor canadiense quien atendió a Gerda Taro antes de fallecer tras un accidente que acabaría con su vida con tan solo 27 años. Ahora os vamos a contar qué hacía la “pequeña rubia” allí, en Brunete.

Y es que Gerda Taro (Suttgart, 1910 – El Escorial, 1937) quizá sea la fotógrafa de guerra más famosa. No sólo por haber sido la ideóloga del nombre Robert Capa, firmado bajo ese nombre y pareja de Ernö Friedmann, quien lo encarnaría el resto de su vida. Su muerte, con solo 27 años, causó una gran conmoción entre intelectuales de la época y su compromiso hacia la causa republicana fue celebrado por todos los periódicos que hablaron de su funeral. 

Gerda se había quedado sola en España para cubrir el frente de Brunete con la sensación de que sería la batalla decisiva sobre la victoria de un bando u otro. Necesitaba esa victoria. Los sublevados se acercaban poco a poco hacia Madrid, las tropas republicanas estaban exhaustas y desmoralizadas por las victorias enemigas. Gerda necesitaba levantar el ánimo, dar una buena noticia. Capa se encontraba en París preparando su siguiente viaje a China cuando recibió la noticia de que su compañera ya no podría ir con él.

Su cadáver fue trasladado a París y enterrado en el cementerio Père-Lachaise en un evento al que acudieron personalidades como Louis Aragon. La escultura que realizó Giacometti para adornar su tumba fue retirada en 1942  durante la ocupación nazi de la ciudad. Unos días después de su entierro se publicó en la revista francesa Ce Soir un reportaje con las fotos rescatadas de su último carrete que se tituló “Lo que Gerda vio la víspera de su muerte”. En él aparecían imágenes de acción de la batalla de Brunete.

Cuando acabó la Guerra Civil Capa se trasladó a Estados Unidos, dejando todo su archivo y el de Gerda en su taller de París. Su origen judío le impedía seguir en Europa,  pero aun así volvió a fotografiar la Segunda Guerra Mundial. A su regreso a EEUU la tensión con la URSS era creciente y  se comenzó a investigar cualquier vinculación con el comunismo. Durante el macartismo, artistas e intelectuales fueron investigados, destituidos de sus puestos de trabajo y encarcelados. A los brigadistas también se les consideró sospechosos y Capa fue uno de los investigados por el FBI, ya que en los medios se había vinculado la causa republicana al comunismo. Por ello, no nos extraña que Capa no quisiera recuperar su archivo de la Guerra Civil. La familia de Taro fue exterminada en los campos de concentración alemanes. Nadie reclamó su memoria.

Su nombre no desapareció de la historia, pero tenía una capa de polvo encima que se empezó a sacudir en 1995 con la aparición de la llamada «maleta mexicana». No se sabe exactamente cómo aparecieron las tres cajas de cartón con 4.200 negativos en Ciudad de México, pero la teoría más asentada es que Weisz, amigo de Capa, le diera la caja entre 1941 y 1942 al general Francisco Aguilar González, embajador de México en el Gobierno de Vichy por miedo a perderlos durante el conflicto. Tras su muerte, se vendieron al ICP de Nueva York, donde hoy se conservan.

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Dos soldados republicanos con otro soldado en la camilla, Puerto de Navacerrada, frente de Segovia, España. Gerda Taro (1937).

Estos negativos contienen fotografías de Capa, Taro y Chim, un fotógrafo reputado en la época y amigo de la pareja. Este  hallazgo fue fundamental para demostrar que Taro también tomó fotografías durante el conflicto con una cámara Leica. Hasta entonces se pensaba que sólo había tomado instantáneas con una cámara Rolleiflex, que genera negativos cuadrados de 6 x 6 cm. En una de las imágenes tomadas por Capa, la vemos con una Leica colgada al cuello en la Ciudad Universitaria de Madrid. También encontramos en los rollos las últimas fotografías de Taro, tomadas en Brunete.

Para entonces Gerda llevaba un mes publicando con su nombre y de forma asidua en Regards y Ce Soir. Antes publicaba los reportajes bajo el nombre de Robert Capa. Esta fue una estrategia que ideó Gerda al ver el bajo precio al que se pagaban las fotos de su compañero. Robert sería un fotógrafo estadounidense con buena reputación y un precio tres veces mayor que el del austríaco. Unos meses más tarde de sus primeros reportajes, comenzarían a firmar como Capa y Taro, hasta que finalmente decidió firmar en solitario.

Dentro de temáticas que trató destacó la imagen mujer moderna y las milicianas. Si bien fue tratado con sorna por la parte más conservadora de la sociedad, e incluso como una moda por ponerse el uniforme, la participación de las mujeres en el inicio de la contienda fue real. Una de las que más ha trascendido en el tiempo fue Marina Ginestá, fotografiada en la azotea del Hotel Colón de Barcelona con el fusil al hombro por Hans Gutmann. Gerda realizó un reportaje de los entrenamientos de mujeres en Valencia que fue publicado en Regards. Cubrió también los frentes del puerto de Navacerrada y La Granjuela, Córdoba, el funeral del General Lukács y los fallecidos en la morgue de Valencia.

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Milicianas entrenando en la playa, afueras de Barcelona. Gerda Taro (1936).

Aunque se han podido identificar las fotografías de los tres fotógrafos, hay una parte de los negativos en la que es indistinguible si la mano es la de Taro o la de Capa. Son de viajes a los que fueron juntos y del periodo en el que ambos firmaban bajo el mismo pseudónimo. Incluso se ha intentado hacer un estudio estilístico, algo que si de normal es difícil en la fotografía, en el caso de la pareja es imposible.

Gerda había aprendido fotografía con Ernö en 1935, cuando ambos vivían en París. Le conoció a través de la agencia Alliance Photo, donde trabajaba desde 1933. Su conocimiento de varios idiomas y su formación en mecanografía eran esenciales para traducir los pies de foto de las imágenes que vendía la agencia. Los había aprendido en una escuela suiza a la que le había mandado su familia para alejarla de la discriminación en Alemania. En ese trabajo comenzó a sentir curiosidad por la fotografía y, cuando estalló el conflicto en España, vio la oportunidad de ponerla al servicio de la sociedad.

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Marineros tocando a bordo del buque Jaime I. Almería. Gerda Taro (1937).

Capa rindió homenaje a su muerte en el libro Death in the Making (1938), despidiéndose con esta dedicatoria: «A Gerda Taro, que pasó un año en el frente español, y allí se quedó».


Imagen superior: Negativo de Dos soldados republicanos con otro soldado en la camilla, Puerto de Navacerrada, frente de Segovia, España. Gerda Taro (1937).


Ana Muñoz Pico

Redactora de la Revista Kalós