Goya y Dalí. Dalí y Goya.

dali goya exposición

¿Qué es lo que caracteriza la obra de un genio? La atemporalidad y la universalidad. Goya es y será eterno. Dalí también.

Me atrevo a afirmar que todos hemos visto, o al menos oído hablar, de Los Caprichos de Goya, la primera serie de grabados (1797-1799) que realizó el aragonés más ilustre e ilustrado. Lo que quizás no nos suena tanto es la reinterpretación que hizo Salvador Dalí de esos ochenta aguafuertes y aguatintas casi doscientos años después.

Los Caprichos reflejan las ideas y postulados más subjetivos de su autor; Goya fue fiel y activo partícipe de una Ilustración de origen europeo, que llegó con muchas ganas a la España de finales del XVIII. A través de ese lenguaje tan propiamente subjetivo, irracional y onírico, Goya llevó a cabo este programa satírico, una crítica feroz hacia todos los ámbitos de la sociedad, ridiculizándola, arremetiendo contra la moral, educación, la política, la Iglesia –¿os suena?–, pero también con la finalidad de que todo ello fuera corregido. La mejora de la sociedad, el principio ilustrado por excelencia. Por supuesto, fue de lo más peligrosa, y su venta un fiasco –apenas se vendieron sesenta de las doscientas ediciones publicadas. Para cubrirse las espaldas, Goya le regaló al entonces rey Carlos IV las restantes.

Dalí retoma entre 1973 y 1977 la atemporal obra goyesca, conservando su carácter satírico y añadiendo su visión más surrealista. Por medio del heliograbado –técnica que permite hacer réplicas exactas de gran resolución–, reproduce las ochenta estampas y sobre ellas dibuja, aplica color y juega con lemas e ideas. Somos capaces de ver ambas obras, pertenecientes a dos tiempos diferentes, e identificar a los dos artistas en todos y cada uno de sus elementos.

El gran masturbador, relojes blandos, sangre, calaveras, estilizadas siluetas, las montañas de Port Lligat. Todos ellos elementos puramente dalinianos. Nos hablan del paso del tiempo y la muerte, así como del componente erótico, siempre presente, y las dobles morales. Dalí aplica su filtro, y lo que antes era sátira, ahora es juego.

Con Los Caprichos de Goya de Dalí este Museo inaugura nada más y nada menos que un ciclo de cuatro exposiciones que se llevarán a cabo en los próximos meses. Las tres restantes estarán basadas, como en este caso, en la interpretación e influencia del Goya Grabador y sus series, La Tauromaquia, Los desastres de la Guerra y Los Disparates, en Pablo Picasso, los conceptuales hermanos Chapman y el zaragozano Víctor Mira.

Dos universales que confluyen hoy y hasta el 9 de julio en el Museo Goya de Zaragoza. Prometedor, ¿no?

 

Imagen superior: Los relojes blandos y el Capitán Nemo, Salvador Dalí (1973-1977).

 

Julia Tramullas Buisán

Redactora de la Revista Kalós