La Historia de la Performance

Performance Sergio Muro

Me gustaría hacer una breve introducción de esta disciplina tan joven, ya que nos encontramos tras el primer 100 aniversario de las primeras performances. Indudablemente no están todos ni todas, pero si los fundamentales. Artistas valientes que influyeron en las demás disciplinas, cambiaron el arte contemporáneo y nos cambiaron la mirada para siempre. Que sirva este esquema a modo de inspiración a los ávidos en conocerla más, y sobre todo como recurso pedagógico y contextual para afrontar un performance actual y lo valoréis en la justa medida.

Hay que saber que el artista de acción se presenta y no representa –como el teatro–. El performer nos regala una idea o un concepto. El arte es aquí y ahora, es un arte vivo y en vivo, irrepetible. Por eso no se puede ensayar, ya que confluyen en el proceso creativo varios factores como la idea, los objetos, el espacio, el tiempo y el público.

En 1916 en el Cabaret Voltaire de Zurich el movimiento DADA (Dadá es NADA), con Hugo Ball y Tristan Tzara al frente, empieza a realizar acciones, lo que podríamos denominar protoperformances, de carácter lúdico, surrealista y con muchas dosis creativas en su puesta en escena y en el atrezzo.

Por estas fechas, Antonin Artaud ya generó el teatro de la crueldad, donde el arte y la vida eran lo mismo.

En España, en los años 30, las primeros protoperformances que se realizaron fueron en Aragón, con La Agonía del Cabo. Donde hacían formas y gestos los miembros de un cabaret para promocionar sus espectáculos.

la agonia del cabo

Homenaje de Sergio Muro, Lucio Cruces y Domix Garrido a La Agonía del Cabo. Fotografia de Txabi Beroitz.

Por esas épocas tanto Ramón Gómez de la Serna, que introduce todas las vanguardias que florecen en Europa, como la generación inverosímil, comandada por Enrique Jardiel Poncela, realizan también performances.

Mas tarde el movimiento Surrealista, con los archiconocidos artistas y activistas André Breton y Marcel Duchamp seguirán sus pasos y tendrán múltiples acólitos y seguidores.

En los 40/50, Yves Klein con sus antropometrías, utilizando a personas como pinceles, Jackson Pollock con sus action painting (dentro del expresionismo abstracto americano) y sus dripping –goteo intencionado– cambiarán las formas de plasmar la pintura en el lienzo, convirtiendo al artista en obra de arte. Los GUTAI, grupo japonés, anterior al action painting americano y con el cuerpo como parte esencial para eliminar las limitaciones del lienzo. Allan Kaprow y Oppenheim crean los happenings, donde el espectador forma parte de la obra e incluso participa en ella. En el manifiesto sobre el happening, que firmaron más de 50 artistas de todo el mundo, llegaron a la conclusión de que no hay evolución sin crisis.

Los desarreglos culturales por un acomodamiento someten a sus propios agentes y les convierte en víctimas. «HAY QUE PRODUCIR ANTE TODO!!», exhortaban. El objetivo es transmutar en poesía los lenguajes que la sociedad de explotación ha reducido al comercio y al absurdo. El arte debe ser vivido como un juego en el que se arriesga la vida. El happening exige una apertura de espíritu libertario. Cuestiona tanto el mundo sensible como el real. El happening articula sueños en acciones colectivas. Ya no hay más un sentido único como en el teatro o el museo. Es necesario salir de la condición de espectador pasivo.

El movimiento Fluxus, con John Cage o Cunningham como artistas más reconocidos, cambió radicalmente la danza y la música. Pretendían que cualquier objeto fuese música y que los músicos no se profesionalizasen, ya que todas las personas podían hacer música. El proceso creativo es lo fundamental y el resultado, accesorio. Algo muy en consonancia con el discurso de Joseph Beuys, con su plástica social, donde admitía que «toda persona es un artista » y en el arte residía el verdadero Capital.

La palabra performance surge en los 70 como aglutinadora de todas esas expresiones artísticas que estaban apareciendo (event, environment, body art, butoh, live art, action, fluxus,…) pero sobre todo en el contexto de que el artista se presenta como una obra de arte, mostrando una idea y realizando momentos únicos e irrepetibles. Así, además, elimina cualquier intermediario entre la obra de arte y el público, no necesita galeristas o marchantes. Además es la herramienta más directa y plausible ante la convulsa sociedad en la que vivían. Recordamos que era una época muy convulsa, donde todos los colectivos sociales están luchando por sus derechos y donde las injusticias se hacen muy patentes y hay un estado crítico (lucha de gays y lesbianas, afroamericanos, la mujer, la guerra del Vietnam, matan a los líderes más representativos…). Surge para romper el establishment.

El Accionismo vienés, con su mayor exponente Hermann Nitsch, ponía en valor la liturgia orgiástica y dionisiaca-chamánica de los actos de culto donde se mezclaban la libinidosidad, el sacrificio, lo carnal, acabando con lienzos pintados de sangre animal. Y donde muchos de ellos acabaron con problemas judiciales, ya que plantaron cara a los valores mas convencionales y tradicionales.

Vito Aconcci cultiva el arte corporal y el minimalismo escultórico. Focaliza su temática en la sexualidad, y es famoso por masturbarse  en el subsuelo de una galería mientras susurraba contenido erótico y los asistentes podían escucharlo en la planta calle.

Yoko Ono muestra su fragilidad y vulnerabilidad con Cut piece donde el público le va cortando las ropas, en una época en que el cuerpo femenino era tabú y se luchaba contra el machismo imperante. Valie Export, feminista, muestra sus pechos por la calle, y su pubis lleno de vello sentada en posición agresiva y machista con un arma en sus manos, como repulsa y protesta a la cultura y sociedad que se vivía en los 70. Como ya hiciera también Ana Mendieta o Carolee Shneeman sus performances.

Abramovic/Ulay buscan el contraste, la dicotomía mujer-hombre, su dependencia y su complementariedad. Ella ya había buscado en el dolor y en su propio cuerpo el leit motiv de sus planteamientos. Posteriormente, Marina Abramovic en sus 512 horas en el MoMA pasan cientos de personas, una por minuto, donde se comunica, transmite energía, a través de su mirada.

Gilbert and George en Gran Bretaña fueron las primeras esculturas “cantarinas” que durante la apertura del museo estaban presentes como obras vivas.

Chris Burden se dejó disparar en una galería por un amigo en el brazo, o se adhirió al capó de un coche mientras circulaba por las calles.

John Giorno, de la generación beat a su más estilo spoken word, contestaba a diferentes líneas de teléfono a cada espectador que le llamaba para escucharle un poema, haciendo así un acto artístico íntimo y personal.

En esos momentos surge en España también el arte de acción con el grupo ZAJ, Juan Hidalgo y Ramón Barce, y por el compositor italiano Walter Marchetti. Posteriormente se uniría en 1967, Esther Ferrer. También, de esa época hay que destacar a Isidoro Valcárcel Medina, con su arte más conceptual y antimercado del arte. La Fura dels Baus en sus inicios, se convierten en un referente de la transgresión, con montajes espectaculares y llenos de agresividad.

La video performance empieza en la época dorada del pop de Andy Warhol ya se comió una hamburguesa pausadamente a modo de acción artística grabada y documentada. Posteriormente, Paul McCarthy, utiliza la violencia, para criticar el sistema actual, ya sea con su painter o él mismo metiendo la cabeza en un bowl de ketchup –paradigma del consumismo–. Bruce Nauman presenta el cuerpo humano, y el antropocentrismo, ante las limitaciones del espacio y/o sus múltiples posibilidades de movimiento y adaptación al mismo.

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Cartel de la exposición de los dibujos de Sergio Mur, paralelos en la Historia de la performance.

En la actualidad, Santiago Sierra pone precio a cualquier encargo artístico que propone a personas normales, siendo ellas artífices de ese intercambio y plusvalía que el capitalismo impone. El francés Olivier de Sagazan crea múltiples criaturas, el golem, con el barro y la pintura como únicos elementos. O el ruso Petr Pavlensky, que se juega la vida cada vez que planta cara a la dictadura opresora de Rusia –se ha clavado, totalmente desnudo, el escroto en la Plaza roja de Moscú, o se ha cosido la boca–, como las Pussy Riots, con más poso feminista y de Guerrilla girls.

Tenemos alrededor grandes creadores, imprescindibles en cualquier programación de arte en vivo como Domix Garrido, Paquito Nogales, Carlos Llavata, Ignacio Galilea, Ramón Quanta, Angelica Liddel, Bartolomé Ferrando, Alicia Framis, Los Torreznos, Omar Jérez o Abel Azcona entre otros.

NO SE TRATA DE COMPRENDER LA PERFORMANCE SINO DE EXPERIMENTARLA Y DE ENFRENTARSE A LA EXPERIENCIA QUE GENERA CAPACIDAD DE REFLEXIÓN.

¿Todo es performance? ¿La vida es una performance? La palabra performance significa hacer algo delante del público (un speech, un corredor de 100 metros, un striptease…), pero no todo es performance. La performance es arte en vivo, es transformar lo cotidiano en una experiencia artística. El artista se presenta con una idea y hace partícipe a los espectadores de ella. Ha habido y hay performances body art, políticas, rituales, seriadas, de tareas, de introspección, butoh, fonéticas, poéticas, spoken words, acciones, enviroments, duracionales…

Os animo a que vayáis a ver performances, a que intentéis hacer performances, a que pidáis que se programen performances. Seréis más libres.

Imagen superior: Sergio Muro en en una escena de La Historia de la Performance fusionando el movimiento Femen, las Guerrilla Girls y las Pussy Riots. Fotografía de Antonio Ibáñez.

Sergio Muro

Colaborador de la Revista Kalós

Creador, docente y gestor cultural
Director de La Historia de la Performance (espectáculo realizado junto a Lucio Cruces y Domix Garrido en teatros del territorio nacional)
Co-Director del Festival de Performance Out of Mind en Zaragoza
Director de La Semana de la Performance en Madrid.