El Hollywood de los años 30 llega a la Filmoteca de Zaragoza

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Hollywood. Años 30. Están saliendo de la crisis que supuso la incursión del sonido en el cine. Una de las características que surgió ante estas dificultades fue el enriquecimiento de dos géneros; el musical –por razones obvias- y la comedia.

Nos detendremos en la comedia Screwball o Screwball Comedy, una variante del género con peculiaridades históricas que hay que entender dentro de la gran depresión y del New Deal de Roosevelt.

Este género vivió su máximo desarrollo entre 1934-1944 y tiene unas características muy definidas; por un lado presenta el esnobismo de las grandes clases estadounidenses como una cualidad innecesaria y, por otro, muestra la infertilidad de estas clases altas que sirve para subrayar los valores del sentido común de la gente corriente.

Además, como habéis podido adivinar, son comedias interclasistas. Este contraste sirve para subrayar los valores de la clase baja y la frivolidad de la clase alta. Los elementos románticos arrancan de una pareja en la que sus miembros comienzan la relación enfrentándose, son antagonistas y lo que plantea al final la historia es que ese inicial antagonismo termina siendo complementario. A diferencia del slapstick, donde la comicidad residía en el humor gestual, aquí reside en los diálogos que son fundamentales. Los personajes femeninos son los que comúnmente tienen el poder.

Los autores más relevantes de esta corriente cinematográfica fueron Howard Hawks (Luna nueva, 1940), George Cukor (Historias de Filadelfia, 1940) o Frank Capra (Arsénico por compasión, 1944).

Aquí enmarcaríamos la primera película que Filmoteca de Zaragoza nos brinda la ocasión de volver a visionar en pantalla grande:

La fiera de mi niña (Bringing Up Baby) de Howard Hawks (1938)


David Huxley (Cary Grant) es un paleontólogo tímido y despistado que está a punto de acabar la laboriosa reconstrucción del esqueleto de un brontosaurio, del que sólo le falta una clavícula intercostal. También está a punto de casarse con su anodina secretaria. En un partido de golf con el abogado de una solterona millonaria, potencial mecenas del museo para el que trabaja, Huxley conoce a Susan Vance (Katharine Hepburn), una joven adinerada y caprichosa que lo manipulará para que no lleve a cabo ninguno de sus dos proyectos.

Era la primera comedia que realizaba Katharine Hepburn y esto supuso algunos problemas como que ella no dejara de sobreactuar y llevara al extremo su vis cómica. Howard Hawks siempre le decía: “Lo que tiene que ser graciosa es la situación, no tú”.

La fiera de mi niña cuenta, a mí parecer, con un argumento muy tenue e insignificante, pero su triunfo reside en la construcción de las situaciones y los diálogos. Sin duda, Hawks incluyó todos los ingredientes: juegos de palabras, diálogos rápidos e ingeniosos, bufonadas y personas, supuestamente inteligentes, que corretean de un lugar a otro sin mayor sentido que la carcajada.

Aunque hoy en día es una película muy venerada, en su estreno fue un fracaso comercial y de crítica. Hawks se salió mucho del presupuesto y tanto los espectadores como los críticos calificaron a Hepburn de “veneno para la taquilla” por mucho que demostrase ser una buena actriz cómica.

Dato curioso: Howard Hawks no realizó ningún guion de sus películas.

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Cartel promocional de La fiera de mi niña.

Siguiendo con Howard Hawks también podemos ver:

Me siento rejuvenecer, 1952

Barnaby (Cary Grant) es un químico que está trabajando en una investigación para descubrir la píldora de la eterna juventud. Prueba las fórmulas en chimpancés de laboratorio, y uno de esos animales escapa y accidentalmente mezcla los elementos de manera correcta. Barnaby toma el brebaje sin saber el efecto, y de repente se siente ágil como un adolescente nuevamente. Pero cuando su esposa también toma una dosis aún mayor regresa a la infancia. Un hombre que fue enamorado de ella ve la oportunidad que precisaba para reconquistarla y se inicia la confusión.

Estamos frente a una enloquecida comedia filmada con monos reales, los cuales protagonizan largas tomas, sin cortes, con la dificultad que eso implica en el rodaje. Cary Grant hace gala de su faceta más cómica y Ginger Rogers está magnífica, de hecho consiguió un globo de oro por su actuación. Y como contrapunto el jefe, Charles Coburn, termina de completar un trío cómico perfectamente compenetrado.

Me siento rejuvenecer supone una reflexión acerca de la naturaleza humana, del individuo y de la sociedad que va desgranándose entre los pliegues de una comedia que no deja tampoco demasiado tiempo al espectador para la reflexión. La habilidad para mostrar a los mismos personajes como adultos responsables, jóvenes alocados o niños traviesos, le otorga una loca y magnifica impulsividad al guion.

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Fotograma de Me siento rejuvenecer.

Posteriormente, entre los años 50 y 60, va a aparecer una nueva fórmula. Se va a reelaborar la Screwball Comedy perdiendo el componente social y rompedor de las comedias interclasistas y añadiendo dos nuevos elementos: el humor gestual y, en ocasiones, los números musicales como podemos ver en Cantando bajo la lluvia (Stanley Donen y Gene Kelly, 1952) o Siete novias para siete hermanos (Stanley Donen, 1954). En este periodo va a tener un enorme prestigio la llamada alta comedia y es lo que nos vamos a encontrar tanto en Lubitsch como en Preston Sturges en películas como, por ejemplo, Los viajes de Sullivan.  

A partir de Sturges es donde va a evolucionar la comedia de Billy Wilder. Wilder había trabajado como guionista de Lubitsch de modo que el sentido de la ironía pasa a Wilder. Su filmografía es muy variada, ya que es autor de algunos de los dramas más populares así como del cine negro.

Dentro de la comedia Billy Wilder va a hacer crítica de la sociedad en El apartamento, sobre la estructura familiar en Bésame tonto o En qué pasó con tu padre y mi madre. Va a hablar de la influencia de la prensa en Primera plana, de la avaricia y del ansia del dinero en La bandeja de plata y del falso puritanismo de la sociedad estadounidense y de la ley seca en Con faldas y a lo loco. De este maravilloso director podremos ver:

El apartamento, 1960

C.C. Baxter (Jack Lemmon) es un modesto pero ambicioso empleado de una compañía de seguros de Manhattan. Está soltero y vive solo en un discreto apartamento que presta ocasionalmente a sus superiores para sus citas amorosas. Tiene la esperanza de que estos favores le sirvan para mejorar su posición en la empresa. Pero la situación cambia cuando se enamora de una ascensorista (Shirley MacLaine) que resulta ser la amante de uno de los jefes que usan su apartamento (Fred MacMurray).

Con mucha habilidad, Billy Wilder presenta su lado divertido en El apartamento antes de dejar atrás el humor, pelándolo capa por capa, hasta que vemos la desolación que hay debajo. Sin embargo, se conserva un matiz de optimismo gracias a la señora Kubelik, al menos hasta que su propio mundo también se oscurece demasiado. Jack Lemon explora aquí nuevas profundidades que le permiten alcanzar el perfecto equilibrio entre la capa superior del filme, la cómica, y sus implicaciones más lóbregas.

Es una de las películas que mejor radiografía la condición humana. Es una mezcla extrañísima y afortunada de un guion maravilloso que conjuga melodrama, comedia, sátira, farsa y psicología.

Dato curioso: La idea para la película le vino viendo Breve encuentro (David Lean, 1945). Los amantes de la película de David Lean van a un apartamento a intimar por lo que Wilder pensó en la persona que les deja dicho apartamento, ¿qué pasa con él? Por lo que decidió contar la que pudo haber sido su historia.

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Fotograma de El apartamento.

 

 

 

Imagen superior:  Katharine Hepburn y Cary Grant en La fiera de mi niña.

 

 

 

Pamela Tomás

Redactora de la Revista Kalós