“Érase una vez… un dibujo”. Crítica sobre la exposición: Imágenes de cuento. Diez años de ilustración infantil desde Aragón.

Durante los últimos diez años, parte del personal docente perteneciente a la Escuela de Artes de Zaragoza ha desarrollado un laborioso proyecto consistente en crear y dirigir una editorial dedicada al álbum infantil ilustrado. A lo largo de esta pequeña trayectoria, bajo el nombre de Apila Ediciones, han estado realizando una ardua tarea basada en la publicación de varios tipos de cuentos junto a actividades de animación a la lectura, así como de promoción de ilustradores y artistas jóvenes que acaban de iniciar su carrera.

Desde el 23 de febrero hasta el 23 de abril del presente 2017 y con motivo de su décimo aniversario, esta editorial junto a la Sociedad Municipal Zaragoza Cultural han organizado una exposición temporal del Centro de Historias de la ciudad titulada Imágenes de cuento.

Esta exposición temporal selecciona diversas imágenes que ilustran los libros publicados por Apila Ediciones hasta la fecha, dejando ver algunas obras de artistas como Yolanda Nuño, Rubén Bellido, Alejandro de Marco… además de otros que también son autores de los textos que acompañan a los dibujos de sus cuentos. Tal es el caso de Olga de Dios, Ernesto Navarro, Celeste Sánchez Demare o Carlos Velázquez, y a los galardonados Lidia Sarriá, con el Premio Primera Impresión de 2015 por su obra Tigo y Tenta, y Eduardo Flores, con el Golden Pinwheel Award to the Best Children’s Boak de 2013 en Shangai por Los zapatos de Freel Astaire y otras historias increíbles.

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Ilustraciones de Leticia Martínez Pérez para el cuento Taro el pescador. Fotografía de Julia Rigual Mur en la exposición Imágenes de cuento.

El espacio expositivo se sitúa en la planta sótano del edificio antes mencionado, adaptándose de forma apropiada a las estancias de las que éste dispone y permitiendo dividir su discurso en dos secciones bien diferenciadas. Por un lado, la parte más exterior está dedicada a la presentación del temario general, es decir, a los diferentes procesos de creación de historias a partir de imágenes (documentación, bocetos, story-board…) y a los materiales más usualmente utilizados en esta labor.

Se trata de un discurso bastante efectivo para poner al visitante en situación sobre lo que va a ver a continuación, transmitiendo la dificultad que supone una obra artística que a primera vista quizá parece muy sencilla y a la que no se le da tanto valor como a otras disciplinas. De este modo, en cuanto a obras en sí, en este espacio apenas hay algunas ilustraciones que sirven como ejemplo de los paneles informativos ubicados en las paredes.

En cualquier caso, para ayudar a poner en situación al visitante, éstos se complementan con los diversos tipos de materiales útiles en su proceso de trabajo (témperas, pinceles, libros…) expuestos en vitrinas. En cambio, la zona restante es documentalmente la más sustanciosa, pues ya está dedicada a presentar once historias concretas con ejemplos y explicaciones sobre éstas y su dibujo.

Pese a que tenga material tanto para el público adulto en general como para todos aquellos interesados por las ilustraciones, la instalación museológica está especialmente pensada para un público infantil aprovechando la temática de la misma. Esto se aprecia en la estética dotada de colores muy llamativos, la presencia de figuras de los protagonistas de los cuentos acompañando al relato museístico, el sentido de bosque dado a la segunda de las salas… y hasta en la altura a la que se colocan los dibujos y las explicaciones, en una situación bastante más inferior a lo usual, que en algún caso obliga al público a agacharse.

No obstante, esto tampoco debe de verse como algo estrictamente negativo. Incluso para aquellas personas de alta estatura, tanto este hecho como el dotar a la habitación de cojines y cuentos, consiguen hacer recordar de manera directa a la etapa más añorada de la vida humana, y dar una sensación acogedora y de disfrute a los niños que todavía la disfrutan.

Aunque la información que integran sí está muy acertada, bien es cierto que las cartelas individuales con los datos de cada imagen pueden considerarse demasiado pequeñas. Además, pese a que la división de historias por temática según lo que sugiera cada color pueda parecer en un par de ocasiones un tanto forzada, ello unido a la integración global del resto de elementos (rincones de lectura, ejemplares de los propios libros a los que se hacen alusión en el discurso…), hacen posible mantener una magnífica y constante sensación de inmersión en la lectura. Llegados a este punto, se puede afirmar que la exposición es altamente interactiva, con la posibilidad de poder ver y tocar in situ los propios cuentos.

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Fotografía general del espacio dedicado a los ejemplos de cuentos de la exposición. Tomada por Julia Rigual Mur en la exposición Imágenes de cuento.

Sin embargo, su sentido no va mucho más allá del educativo, poniendo en el foco de protagonismo algunas historias por encima de la personalidad individual del artista. Ello, no obstante, parece dar un buen resultado a la hora de fomentar la lectura y el desarrollo creativo infantil.

Por otra parte, en cuanto a contenido, posee bocetos de artista originales y obras de buena calidad, varias de ellas galardonadas y traducidas a diversos idiomas. Entre éstos, llaman la atención las imágenes del cuento Taro el pescador de Leticia Martínez Pérez que se basa en una historia tradicional japonesa, por lo que en ellas se aprecia cierto carácter orientalista y un especial detallismo en la delicadeza de los rasgos, las posturas y las ambientaciones.

Spidercat, de Ernesto Navarro Durá, pone de manifiesto, con personajes mucho más caricaturizados, lo importante que es sentirse bien con uno mismo por ser diferente insertando, en este caso, textos en bocadillos además de los de la narración. El mismo mensaje sería, sin ninguna duda, el que propone Olga de Dios con su obra Monstruo Rosa, del que destaca su trazo ingenuo e inocente, usando colores pastel y fondos blancos o neutros que recuerdan a los dibujos que decoran las clases de preescolar, aportándole un aire cándido, amable y atractivo para el disfrute de muy jóvenes lectores.

En definitiva, la exposición no deja de ser una recopilación de ilustraciones de distintos artistas que tienen, como punto en común, el haber sido publicadas por la misma editorial. Se trata de intentar sumergir, con éxito, al espectador en una dimensión de historias infantiles cuyo mejor aliado es la imagen. Con motivo de conmemorar el recorrido de una editorial aragonesa especializada en este terreno, ésta también consigue servir para homenajear y dar valor a la figura de ilustrador en general, el cual es un fantástico ejemplo de creador artístico y de diseño vanguardista completamente actual.

 

 

Julia Rigual

Redactora de la Revista Kalós.