La música pop y su agresión machista

Eva Pérez. Música machista

Los ataques contra el género femenino son lamentablemente una realidad constante en todos los sectores y disciplinas. Aunque cada vez hay más conciencia social y poco a poco se van introduciendo medidas de protección e igualdad para las mujeres en las políticas públicas, no son suficientes. Ni lo serán siempre que la cultura y los medios de comunicación sigan explotando y transmitiendo mensajes de odio hacia el género femenino.

En la industria de la música el problema del género se hace visible de forma patente. La historia de la música occidental ha venido marcada por una fuerte desigualdad y una carrera que inicialmente era sólo de hombres. Diferencia social que el siglo XXI todavía está lejos de alcanzar. Hoy en día la mayoría de cantantes de música pop salen al escenario de una forma sexualmente provocativa y, por supuesto, semidesnudas.

Por este motivo este artículo pretende realizar un pequeño análisis sobre algunas canciones del panorama de la música mainstream actual, cogiendo como ejemplo algunos temas de artistas como Nicki Minaj, Becky G, entre otros, y teniendo como objeto de estudio sus letras y videoclips.

El tema que hace de punto de partida es Lateral, de Ariana Grande y Nicki Minaj. El videoclip se puede ver una constante sucesión de imágenes de mujeres prácticamente sin ropa, bailando de forma extremadamente provocativa entre ellas, por supuesto, las dos cantantes principales. Ropa provocativa, bicicletas estáticas que marcan culos en movimiento, tacones, coreografías sensuales y primeros planos de cámara directos a la parte trasera de las chicas, son las sucesivas imágenes por las que se compone el videoclip.

El problema que aquí se presenta no es la desnudez y la actividad y las libertades sexuales que quieren representar, sino la fuerte sexualización y cosificación que se crea alrededor de sus figuras. Se han convertido en piezas de carne y de las que sus cuerpos son su mejor publicidad. Dejando el elemento musical en segundo plano, canciones como esta promueven y fomentan cánones de belleza, estereotipos y roles de género que, una vez más, son desfavorables hacia la figura de la mujer.

En el segundo caso Hey mama de David Guetta con Nicki Minaj, Bebe Rexha y Afrojack, el videoclip muestra a todas las personas en un desierto bailando. Una vez más la cantante caribeña Nicki Minaj adopta una actitud provocativa de objeto sexual pasivo y delicado, con la menor ropa posible. Esta actitud se repite en todas las mujeres que aparecen en el vídeo, delante de una actitud prototípicamente masculina por parte de los hombres: agresivos, activos y desafiantes.

Con respecto a la letra, algunos de los versos cantados por Nicki Minaj, tampoco se quedan lejos de mostrar roles hetero-patriarcales: «sí, yo cocinaré. Si, yo limpiaré. Además, mantendré la na-na dulce para alimentarte. Si serás el jefe, sí, te esperaré». Con esta frase la cantante asume las roles típicos de las mujeres, mostrando además una figura femenina que es enteramente dependiente de la figura masculina.

El caso más reciente que se va a trabajar aquí es el de la cantante Becky G y su canción Mayores. El videoclip muestra la cantante en un bar en busca de un hombre que llevar a la cama, hasta que lo consigue y le roba todo el dinero para ir con uno más joven.

Este caso demuestra una vez más cómo se cosifica la figura femenina, ya que ella sólo puede lograr lo que quiere con su cuerpo, y no por sus propias aptitudes que van más allá de su género. Una vez más muestra los prototipos y estereotipos de feminidad, en su actitud, su vestimenta y la dependencia de la mujer en el género masculino: ella se acaba yendo con otro hombre, cuando podría perfectamente haberse marchado sola, y mostrar así una mujer independiente.

La letra de esta canción ha creado una gran controversia debido a lo que dice su estribillo: «A mí me gustan más grandes, que no me quepan en la boca», letra que fue censurada por TVE durante la primera gala de Operación Triunfo hace unos meses. La cantante fue invitada a cantar en vivo en la gala, pero se vio obligada a cambiar la letra.

Pero el problema que supone la letra va más allá del tamaño ideal para la cantante, pues está en que la letra de la canción de Becky G promueve la idea tradicional de que una mujer tiene que ser una señora que necesita un caballero que la proteja, la alimente y  vele por ella: «A mí me gusta que me traten como dama»,  «Me gusta un caballero», o «Yo no soy viejo pero tengo la cuenta como uno».

 

La otra perspectiva para abordar las cuestiones de género en la música es el tema de la masculinidad. Ver cómo se comporta la figura masculina, individual y las actitudes hacia las mujeres.

Los ataques contra la mujer también se hacen patentes en las prácticas musicales actuales que muestran una masculinidad hegemónica. Un claro ejemplo de este rol es la canción que salió hace unos años, del cantante Robin Thick Blurred lines.

En el videoclip se puede ver al cantante en el centro de la imagen, rodeado de chicas desnudas, vestidas sólo con zapatos blancos y una tanga de color carne (este es el vídeo original que después tuvieron que censurar poniéndole a ellas algo de ropa).

El hecho de que él vaya vestido, y ellas desnudas, transmite la imagen de un hombre invulnerable, de acuerdo con un número de chicas que lo son, tienen que ser protegidos por este hombre invulnerable, intocable e inexpugnable. Las figuras masculinas muestran una actitud seria y dominante, mientras que las femeninas tienen una actitud provocadora y subordinada. También es importante que él es el sujeto sexual activo y autónomo, frente a las chicas que son sólo un objeto sexual pasivo, sin valor por sí mismas más allá de eso, intercambiables.

Con respecto a la letra el ataque contra las mujeres continúa, y es que dice textualmente frases como «tenía un pu** pero no era tan mala como tú», «Para partirte el culo en dos», «eres la pu** más sexy». Un ataque más contra la mujer independiente se puede ver en un punto de la letra en el que dice «Qué, ¿no te gusta trabajar?», construyendo la imagen del hombre que es el protector, que trae el dinero en casa, frente a una mujer que no sirve más que para calentarlo en la cama.

El año 2014 el actor del canal infantil Disney Channel, Nick Jonas, compone una canción que se llama Jealous. Sólo el título de la canción ya es una declaración de intenciones del cantante; la mujer es su propiedad y cualquier estímulo de otro hombre hacia ella es una amenaza. La letra dice textualmente «no me gusta la manera que él la mira. Estoy empezando a pensar que lo que quieres es a él también». No contento con esto el cantante continúa «puedes llamarme obsesionado. No es tu culpa que se te acerquen. Me refiero a que, sin faltarte al respeto, es mi derecho ser infernal». Descriptiva por sí misma, la canción pone sobre la mesa todos los roles por los que el feminismo lleva décadas luchando: el hombre como poseedor de la mujer, mujer como objeto de un solo hombre que lo hace todo para sólo él.

Incluso en esta sucesión de imágenes se pueden observar metáforas como el mito de Pigmalión, el hombre que crea a la mujer según la conviene, y todo esto como un derecho universal que tiene el personaje masculino por haber nacido hombre».

En relación con el elemento visual es igualmente revelador. Nick Jonas cumple con creces todos los roles y estereotipos de la masculinidad hegemónica: agresividad, racionalismo, activo, productivo, vestido en cuero y montando una motocicleta, semióticas directas de virilidad y masculinidad. Delante de mujeres con actitud pasiva, no agresiva, asociadas con las emociones y, por supuesto, como objetos de la sexualización por parte de la figura masculina.

Es cierto que cada vez aparecen figuras más innovadoras de roles y estereotipos femeninos, y que la figura de la mujer no es la misma en todos los géneros y estilos musicales. Pero esta es una lucha que todavía tiene mucho camino por hacer, muchas políticas que crear y una fuerte concienciación social que alcanzar. Hacer saber a los adolescentes que los mensajes que transmite la música que escuchan todos los días denigra a las mujeres y genera desigualdades, otorgar a los más jóvenes la capacidad de análisis crítico para que sean capaces de detectar los bombardeos masivos de todos los sectores contra las mujeres, son algunos de los primeros pasos que podemos adoptar para construir el futuro y trazar el camino en el que puedan, algún día, desaparecer las desigualdades sociales y de género.

 

 

Eva Pérez Herrero

Colaboradora de la Revista Kalós