Vuelve Lorenzo Mediano tras 10 años sin escribir

lorenzo mediano

El año pasado por estas fechas entrevistamos a Fernando Jiménez, escritor y fundador de la Editorial Onagro. Este año su editorial anuncia lo que sus lectores han esperado durante tantos años… ¡Vuelve Lorenzo Mediano! Y lo hace con su obra El Código Machado, una novela de humor, filosofía y poesía que nos ha sorprendido. Nos hemos reunido con el autor de La escarcha sobre los hombros para hablar de ella con Lorenzo, su pareja, Pilar y su editor Fernando, acompañado también de Victoria, su mujer. Os avisamos ya de que el día 23 estará en la mesa de la editorial firmando.

 

¿Cuál fue la idea de origen para el libro?

Este libro empezó hace muchos, muchísimos años. No tiene una idea de origen concreta, se fue gestando y se fueron añadiendo capas y capas. Hay una idea básica, que es la evolución mental y espiritual de un joven durante 10 años, pero al que se añaden capas de humor, la capa de poesía de Antonio Machado, etc. Es un libro muy complejo, como una cebolla, difícil de definir cuál es el núcleo porque tiene muchos.

¿Te parece muy distinto el punto de vista desde el que empezaste, hace muchos años, al punto de vista que tienes en la actualidad?

Es un libro muy fácil de leer pero ha sido muy difícil de escribir. El motivo es que es un libro muy original, diferente a todo lo que se pueda leer. Hacer una cosa muy distinta, pero que no la entienda nadie porque es muy complicada de leer, es relativamente fácil.

Sin embargo, hacer algo absolutamente novedoso pero de una manera que parece sencillo y habitual es muy complejo. Voy a poner un ejemplo: en la moda, hacer un traje súper original con neones y alas de mariposa es relativamente fácil; poner una chaqueta normal y una camisa normal y ponerlas de manera que nadie las ha empleado y, encima, quede bien, eso sí que es complicado, te puede costar 20 años, como esta novela.

Es complicado hacer algo que un lector sin estudios lo lea y pueda divertirse y que divierta y advierta su complejidad al mismo tiempo un catedrático.

¿Cuánto de biográfico hay?

Parte del misterio y parte del encanto es que no sabes dónde empieza y acaba la realidad, no hay una frontera determinada. Tendrías que ir página a página pensando: esto es verdad; esto es verdad pero modificado; esto no. Es muy autobiográfico, pero no totalmente.

Es bastante curioso lo mal que tratas a tu yo joven…

(Risas) Es una forma de reconciliarse con las tonterías de joven, que te crees que lo sabes todo y cuando miras atrás dices “anda, ¡las tonterías que he hecho!”. También es una forma de decir, hay que equivocarse, probar y si te la pegas, te levantas. Ser capaz de reírte de lo tonto que has sido es una buena señal de salud.

A veces esa crueldad recuerda al esperpento.

Al igual que la frontera entre realidad y ficción es difusa, también la frontera entre humor y seriedad, no diría tragedia. Si te estás riendo de la situación, de ti mismo, puedes reírte y aprender al mismo tiempo.

En eso también es novedoso, hay una mezcla en la que sientes en cuanto poesía, te ríes con el humor, piensas con la filosofía, y está todo tan entremezclado que realmente no puedes decir dónde empieza y acaba cada uno. Es una mezcla de humor, sentimiento y filosofía, que no he visto antes.

En el libro hablas de la utilidad de la sintaxis para poder expresar ideas.

Es una novela filosófica, y lo primero que hay que hacer en filosofía es cuidar la sintaxis para poder expresar correctamente una idea, porque una expresión ambigua puede llevar a errores graves. Aquí, de manera muy humorística, te das cuenta de que hay un personaje hablando, te das cuenta de lo que está diciendo, pero otras personas lo interpretan de forma distinta, porque es un hablar impreciso. Así que te das cuenta de lo necesaria que es esa precisión.

Hay una frase muy divertida en la que dice “está la guardia civil en camino”… Esas imprecisiones que son muy graciosas en el libro te hacen pensar y decir “cuidado como hablo” porque también según como hable voy a pensar. La filosofía se suele considerar como algo muy etéreo y en este libro se convierte en algo personal, porque de cada lío se sale con una reflexión. En el último capítulo, acaba en el mismo sitio en el que empieza y con los mismos poemas que con los que empieza, pero todo ha cambiado.

Respecto a la poesía de Antonio Machado, hablando de los caminos, ¿este libro ha sido para ti como un camino para conocer tu propia escritura?

Con este libro te planteas muchas cosas. En el inicio del libro te dice: “Cuidado, este libro contiene poesías de Antonio Machado, son muy peligrosas”. Y todo el mundo se ríe, pero a medida que vas viendo las poesías de Machado sí que te das cuenta de lo preligrosas que son.

El propio protagonista pensaba que era un chiste, pero le mete en muchos líos. El núcleo de este libro es ese, que la poesía de Machado tiene un código que contiene lo que siempre ha querido la humanidad. Todo el mundo piensa que eso es imposible por lo sencillas que son, pero si ya ves que hay algo que no llegas a entender, al menos tienes que aceptar la hipótesis de que algo hay detrás. Cuando empiezas con la primera poesía, que menciona tres arcas y tres llaves, ya te introduce a esa idea, te planteas qué son las tres arcas y cuáles son las llaves. A medida que vas leyendo el libro te vas introduciendo en el código y puedes llegar cerca de descifrarlo.

Además de Machado y Cervantes, ¿cuáles son tus influencias?

Hay mucho del Lazarillo de Tormes, no se menciona, pero hay un momento en el que los personajes empiezan a sospechar que son personajes de un libro y al final él se da cuenta de que puede reescribir el libro. En el último capítulo está en un burdel y le dice a la Madame, “mira, yo soy Don Quijote, y he visto muchas historias, pero como esta ninguna”.

También hay un capítulo dedicado al Quijote, en el que los personajes se meten a él. También hay mucho de budismo y de humor absurdo. Una hija mía me dijo que si este libro fuese una película sería una de Kung fu interpretada por los Monty Python.

Háblanos sobre tu proceso creativo.

Uf, pues tengo una idea que va madurando, me cuesta mucho encontrar la forma adecuada porque tengo que ser muy original pero ser simple. En este libro han sido 20 años para encontrar la forma, pero en el anterior fueron 10 años. Cuando ya veo cómo va a ser dejo volar la imaginación en todo momento, mis personajes cobran vida y desarrollan su naturaleza. Todo esto me puede costar muchísimo. El proceso de escribir, en cambio, es rapidísimo, es como que me golpean mis personajes y no puedo evitar ponerme a escribir a toda velocidad. Tengo unas pequeñas normas de supervivencia: dormir al menos 6 horas y comer, porque si no me lo salto. A veces mi mujer me tiene que dar de comer, porque me abstraigo tanto que se me olvida.

Generalmente escribo un capítulo y me lo leo, e intento que acaben de forma que el que los lee quiera saber qué pasa después y siga. Luego viene el proceso de corrección, pulir, quitar, corregir las expresiones que suenan mal…

Mi concepto de literatura no es escribir para que llame la atención la forma, sino que quiero que sea tan sutil que llegue al corazón sin que apenas te des cuenta de ello. Yo lo comparo con un cuchillo muy afilado, que no te das cuenta de que te ha cortado hasta que ya te sangra el dedo. A veces hago oraciones que parecen muy sencillas pero sintácticamente son muy complejas. Hablo de ello en un momento del libro con las comillas de seguimiento, las cuales se han dejado de usar, pero son importantes en tanto que representan un pensamiento muy complejo que es largo y necesita seguir.

Eso en general, es mi teoría formal de la literatura.

Y tú Pilar, ¿cómo lo vives?

Pilar: A mí me encanta cuando está escribiendo, porque es muy salvaje, muy natural. Le veo tan feliz y tan absorto que no me importa colaborar. Tampoco pide nada, pero es bonito verle. Además, como ha vuelto después de varios años sin escribir, todos nos hemos alegrado.

Fernando: Es que la gente lo estaba esperando como agua de mayo, cada feria venía la gente a preguntarnos si teníamos algo nuevo de Lorenzo.

P: Luego es muy duro consigo mismo, nos lee los capítulos y, a veces, los tira enteros si no nos ha gustado o no nos ha hecho gracia.

¿Cómo es el proceso editor-escritor?

L: Fernando y yo somos amigos desde hace años. Cada vez que le dejo un libro le digo que si no le gusta me lo diga abiertamente.

F: Cuando leí el libro le dije, sinceramente, que es un libro que a mí me gustaría haber escrito.

Victoria: Este año se cumplen 20 años de su relación literaria.

F: Un día apareció Lorenzo en una presentación de Carlos Castán con su libro, La escarcha sobre los hombros. Me lo leí de golpe y me encantó.

L: Me dijo, “me ha gustado, pero la primera página creo que estaría mejor si le quitases este párrafo”. Y así empezó todo.

F: Es que empezaba con una filosofada que, como primer párrafo, no llamaba la atención. Pero tampoco lo cambié más, no me gusta cambiar la obra de nadie.

V: Y Lorenzo siempre nos ha sido fiel, somos una editorial pequeña, y hubo un momento en el que él fichó con una editorial más grande, pero el proceso era mucho más complejo porque ahí sí que cambian lo que escribes. Tras esa experiencia, Lorenzo paró de escribir y para nosotros fue una sorpresa cuando nos dijo que estaba escribiendo.

Para terminar, ¿qué te parece el panorama cultural de Aragón?

La verdad es que vivo tan apartado de todo que no lo sé, soy un poco ermitaño.

 

Imagen superior: Fotografía de Fernando Jiménez (izquierda) Lorenzo Mediano (derecha).

Ana Muñoz Pico

Redactora de la Revista Kalós