Love Actually: acoso por Navidad

Love Actually acoso

Todos coincidiremos en que Love Actually (2003) es, sin duda, la película navideña por antonomasia. Que me perdonen Frank Capra y su ¡Qué bello es vivir! (1946), pero en estas fechas, en muchas casas, se ha convertido en tradición reproducir la cinta de Richard Curtis (Una cuestión de tiempo, 2013). Hace unos días la polémica saltaba cuando Ernesto Filardi en su twitter explicaba cómo eran silenciadas las mujeres en esta película. Nosotros no nos quedamos ahí, a continuación desvelaremos por qué.

Vamos a empezar por el principio: el argumento. Sí, ya sé, todos os lo sabéis pero nunca está de más recordarlo. En Londres, poco antes de las Navidades, se entrelazan una serie de historias divertidas y conmovedoras.

«Love, Actually es una manera abreviada de decir “Love Actually Is All Around” y éste es precisamente el argumento de la película: mires a donde mires, encontrarás el amor en todas partes. Todos los personajes, cada uno a su manera (un primer ministro, una vieja estrella del rock, una asistenta portuguesa que sólo habla su idioma), están relacionados con los aspectos más divertidos, tristes, ingenuos y estúpidos del amor.»

Esta es la sinopsis que aparece en la conocida página cinéfila Filmaffinity a lo que cabría añadir: las mujeres callan y otorgan, los hombres persiguen y acosan. ¡Hurra por el mito del amor romántico!

Pausa larga para que hagáis de tripas corazón.

Bien, ¿ya estamos preparados? Allá vamos.

El primer ministro (Hugh Grant) y Natalie (Martine McCutcheon)
MAL. TODO MAL. FATAL. CATÁSTROFE. PAREN EL MUNDO QUE ME BAJO.
Perdón.

En un primer momento -¡mira, como el primer ministro!- todo pinta bien. A él parece gustarle una chica de esas que definen como normal, de la calle, del día a día, y a ella, cómo no, le atrae el primer ministro para el que trabaja como secretaria. ¿Típico eh? Pero claro todo empieza a flaquear ante tu mirada cuando Hugh –me vas a permitir que te tutee- se empieza a cuestionar por qué le gusta ella si es ¡¡¿¿una chica normal??!!

Sea como fuere lo acepta e intenta flirtear y saber cosas de ella. Bueno, venga, parece remontar….PUES NO. Ante los ojos del resto del planeta ella parece una chica “gordita” ¡¡¡¿¿¿PEEERDDOONA???!!! El único peso argumental en su relación es que ella tiene un defecto insalvable y es que está gorda. No sabemos NADA MAS DE ELLA. ¿En serio lo único que valoramos de ella son los kilos? ¿El amor solo es atracción física? ¿Aún estamos en este punto? Bravo por su argumento SEÑORES.

«Natalie: [hablando de su exnovio] Estoy mejor sin él. Me dijo que estaba engordando y que nadie querría a una chica con los muslos como troncos de árbol. Resulta que no era buena persona en realidad.»

Aquí Natalie parece una chica lista, nada más lejos de la realidad.

¿Os pensáis que esto es lo peor? No queridxs. No acaba aquí. Reciben la visita del presidente de los Estados Unidos, el cual no duda en acosar a Natalie ante la estupefacción de ella. Esta escena es interrumpida por Hugh quien, recordemos, era su jefe quien no solo no hará nada sino que la despedirá A ELLA –porque claro el machito se pone celoso-. Y LUEGO ESTA LE PEDIRÁ PERDÓN A ÉL. ¡Qué vivan las paradojas!

Pausa para cabrearse con el mundo.

Imagen 1 (1)

Hugh Grant y Martine McCutcheon en Love Actually

Karen (Emma Thompson), Harry (Alan Rickman) y Mía “la secretaria” (Heike Makatsch)
¿Quién no ha llorado con Emma? Pocos, muy pocos, yo y alguno más.

Un feliz matrimonio con sus felices hijos. Fantástico. Happy. Genial. Maravilloso. Hasta que, como si de la serpiente y la manzana se tratase, aparece la malvada y buscona secretaria para tentar al buenííííísimo de Harry. Pobrecito jefe. ¿Cómo resistirse a esas posturas, incómodas y absurdas, que adopta ella en su silla de secretaria o a su sexy y provocadora voz? Así se las ponían a Felipe II.

La secretaría se desenvuelve grácil en su hábitat natural, la fiesta de empresa, acechando a su presa con sigilo hasta que decide atacar. Harry en ningún momento hace nada, él, impávido, simplemente se deja hacer. No sabemos qué pasa pero sí vemos que Emma lo presencia todo. Y, cómo no, ella tampoco hace nada.

Famosa es la escena –y brillante dicho sea de paso- en la que esta descubre que hay lagarta encerrada. O regalo equivocado. Pero sigue sin hacer nada. Sufre en silencio como con las hemorroides, al fin y al cabo, su marido es una. Ante todo, Emma es una madraza, una madre perfecta –como tenemos que serlo todas y punto- pase lo que pase no se le concede a ese personaje la flaqueza de ser humana y decir: ¡¿EL PUTO COLLAR PARA QUIÉN ES SO MAMÓN?! Ella es abnegada, sacrificada, ada, ada…

Al final del film veremos, por sus miradas cómplices, que la secretaria ha sido desterrada del paraíso y ellos siguen su vida felices y comiendo perdices.

Pausa para abrirse las venas.

Imagen 2 (1)

Heike Makatsch y Alan Rickman en Love Actually

Juliet (Keira Knightley) Mark (Andrew Lincoln) y Peter (Chiwetel Ejiofor)
Agarraos fuerte.
Él esta terriblemente enamorado de la mujer de su mejor amigo. ¡Oh, pobre hombre! Simplemente es el personaje masculino más despreciable de la historia. ¿Por qué? No cambien de canal.

Mark –o “Rick el de The Walking Dead” para los amigos- trata fatal a Juliet porque la ama y tiene que mantenerla alejada ¿Lógico no? NO.

¿Qué me decís de la idea de presentarse en su casa sin que nadie se lo pida? Recuerdo que ambos personajes no se muestran precisamente gran simpatía. Pero no solo eso sino que le dice que NO DIGA NADA Y MIENTA ¿Perdón? ¿Pero tú quién eres? Con el propósito de soltarle que le quiere e irse tranquilo porque YO YA ME HE DESECHO DE LA CULPA AHORA TE TOCA A TI.

Keira a lo largo de la película solo sonríe. Ella es mona, ese es todo su cometido. Y ya. ¿Para qué mostrar sus sentimientos cuando ve que el ACOSA-NOVIAS solo la ha grabado a ella el día de su boda? Quizá piense que es un puto looser pero ¡bah! Fantaseemos con la idea del acos…¡digo amor!

Mira Rick, perdón Mark, POR AHÍ NO. PE-SA- DO.

Imagen 3

Andrew Lincoln y Keira Knightley en Love Actually

Daniel (Liam Neeson) – Sam (Thomas Sangster) y Joanna (Olivia Olson)
Todo comienza cuando Sam le cuenta a su padrastro, Daniel, que está enamorado de una niña de su colegio. Una niña de la que lo único que sabemos es que tiene un año más, que es la más popular de su colegio y que es inaccesible para ese niño. Esto es lo fundamental claro, no que sea simpática, agradable o lista sino que es guay e inaccesible. Con lo que volvemos a reproducir los estereotipos del guay y de la guay del colegio y con ello el bullyng.

Esa niña es invisible a nuestros ojos. En ningún momento nos muestran cómo es, qué piensa o cómo se comporta. Nada. Da igual. Él es un niño, varón, que luchará por su amor, pase lo que pase. A su padrastro, por supuesto, tampoco le importa. Pero él le insta una y otra vez a que persiga su meta. ¡Y vamos que si la persigue! La persigue pero de forma literal. Para los más neófitos en el tema perseguir es un sinónimo de acosar.

La escenita que se marca el niño en el aeropuerto es pa’ mear y no echar gota. No solo se salta el control de la tarjeta de embarque sino que se salta un segundo control y lo más fuerte no es eso sino ¡QUE NO LE ABATEN A TIROS! Ah y que la niña tampoco dice: ¡¿Pero qué haces PUTO LOCO?! ¡Déjame vivir!

Pausa para desternillarse de la risa.

Imagen 4

Liam Neeson y Thomas Sangster en Love Actually

Jamie (Colin Firth) y Aurelia (Lucia Moniz)
Jamie, Jamie, Jamie… ¿Cómo empezar contigo? Ah sí, tu mujer te engaña (la muy puta), la pillas –escena que merece la pena revisar porque lo absurdo se torna comedia- y decides poner tierra de por medio. Pero ¿cómo va a sobrevivir un hombre sin una mujer? Y así aparece Aurelia.

Bien, hasta aquí todo regular, empeorémoslo. Aurelia es una muchacha portuguesa que no sabe inglés. Otro claro ejemplo de una mujer a la cual se le niega la voz, llegados a este punto, ¡qué más da! Y, otra vez, en ningún momento sabemos lo que ella piensa, no interesa.

Tres semanas le bastan a Jamie –recordemos que la que era la mujer de su vida le acaba de romper el corazón- para saber que está enamoradísimo de Aurelia pero se lo tiene que decir en Navidad, cuando ella se ha ido a su ciudad. ¡Si Jamie aprende portugués y todo! Qué buen chico ¿eh? Es lo que hace el amor.

Jamie va CON TODO EL PUEBLO –todavía no he encontrado lógica alguna a esto- a pedirle matrimonio a Aurelia frente la atenta mirada de TODOS. El acoso aquí es tan real como la presión que está sintiendo Aurelia ahora mismo. Lo ideal –y genial- hubiera sido una respuesta del tipo: ¿Qué dices? ¡Si soy bollesca! Pero no, otro chasco más, ella contesta que sí. Ríen. Saltan. Bailan. Jamie ya tiene su trofeo.

Pausa para tirarse de los pelos.

Imagen 5

Lucia Moniz y Colin Firth en Love Actually

Sarah (Laura Linney) y Karl (Rodrigo Santoro)
La historia comienza cuando nuestro jefe preferido, el de unas historias más arriba, aconseja a Sarah que se declare a Karl porque toda la plantilla sabe ya que está coladita por él ¡hasta el propio Karl! Claro que sí, guapi, le tienes que decir tú lo que tiene que hacer, ella es demasiado boba-insulsa. Aceptamos pulpo como animal de compañía.

Lo sorprendente es que todo va bien. Se quieren, se respetan y ¡follan! Bueno, lo intentan porque el hermano de Sarah –enfermo y hospitalizado- no deja de llamarla requiriendo ayuda. Ella, por supuesto, corre a los brazos de su hermano ¡Qué buena es! Y no lo dudamos, esta vez no es irónico. Lo que sí parece una ironía es que la relación entre nuestros protagonistas no seguirá adelante porque ELLA TIENE QUE CUIDAR DE SU HERMANO ¡¡¡Si está en un centro muy bien atendido!!! Da igual, ella se sacrifica, y punto. No hay explicaciones para Karl.

Otra vez más una mujer silenciada por un hombre, en este caso su hermano. La cualidad de mujer desciende en pro de la de cuidadora. ¡Bravo! No entiendo nada.

Imagen 6

Laura Linney y Rodrigo Santoro en Love Actually

John (Martin Freeman) y Judy (Joanna Page)
La única pareja coherente de toda la película. ¡Siguiente!

Imagen 7

Joanna Page y Martin Freeman en Love Actually

Colin (Kris Marshall) y las chicas

¡AY MI MADRE! ¡AY MI MADRE!

Lo mejorcito para el final.

La vergüenza ajena la inventó Colin. ¿Pues no va el tipo y coge un avión hasta Estados Unidos para follar? CLARO QUE SÍ MACHOTE. Os podéis imaginar la función de las mujeres en esta trama.

Pausa, sin regreso, para vomitar.

imagen 8

Kris Marshall en Love Actually
Imagen superior: Andrew Lincoln en Love Actually

 

Pamela Tomás

Revista cultural Kalós