Mi Museo ya ha ardido. Relecturas sobre el concepto “Museo” Relecturas sobre el concepto “Museo”

Fallen Blossoms, Cai Guo Quiang, 2009, Philadelphia Museum of Art

Tiempo, Término y Evolución

Tomando como punto de partido el artículo escrito por Iván de la Nuez, Si mi Museo Ardiera esta Noche, contestamos a su provocación reflexionando sobre la necesidad de renovación del concepto “Museo”. Los textos consultados abarcan diferentes perspectivas y ofrecen distintas opiniones en cuanto a la nueva reformulación del término. En alguno de los más destacados, realizados por profesionales en la materia tales como Nekane Aramburu, Isabel Durán o, el ya citado, Iván de la Nuez; observamos el empleo, en repetidas ocasiones, de conceptos como: crítica, diálogo, comunicación, identidad, globalización, sociedad, educación, evolución, responsabilidad social, ética, gestión ambiental, adaptación o ecología; entre otros. Sin embargo, ¿cuántos de ellos se citan en la presente definición oficial de Museo? Y, lo que es más importante, ¿cuántos de ellos son aplicados desde la teoría museológica a la práctica museográfica?

La definición actual y vigente del término “Museo” ha sido acuñada por el ICOM, organización que representa a la comunidad museística mundial en su conjunto. Ésta fue formulada en 2007: “El Museo es una institución sin fines lucrativos, permanente, al servicio de la sociedad y de su desarrollo, abierta al público, que adquiere, conserva, investiga, comunica y expone el patrimonio material e inmaterial de la humanidad y su medio ambiente con fines de educación, estudio y recreo.”. Sin embargo, y con el paso de los años, en 2017 se plantearon una serie de modificaciones o adiciones, pues se ha visto necesario poner en práctica métodos inclusivos, abiertos al progreso y la participación de diferentes comunidades. De este modo, hay que considerar temáticas como los derechos humanos, la globalización, los movimientos migratorios y el cambio climático. Todos ellos ofrecen perspectivas ajenas al discurso tradicional, que, en ocasiones, ha pecado de elitista.

Así, para la búsqueda de un nuevo concepto de Museo, es necesaria una adaptación al contexto social actual. Isabel Durán afirma que los Museos deben ser espacios de comunicación entre cultura, patrimonio y sociedad. Son centros adecuados para la formación y el desarrollo intelectual de una comunidad, pero también para el debate, la inclusión y el despliegue de su libertad. Por otro lado, deben adecuarse a las políticas y prácticas novedosas de cada momento, por lo que la transformación, reinvención y reajuste de los Museos debe ser continuo. Además, esta renovación deberá abarcar las distintas visiones y tradiciones culturales, así como aceptar la desigualdad social, para, de esta forma, poder acercar las demás comunidades y crear un espacio de reunión, intercambio y relación entre ellas. También hace referencia a la política de transparencia que deben seguir las instituciones en relación a los recursos humanos y materiales que emplean a la hora de conservar, transmitir, exponer o investigar el patrimonio.

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Una joven observa una conferencia del ICOM desde su teléfono móvil.

Problemática, Debate y Sociedad

La definición de Museo debe someterse a una renovación ininterrumpida, tiene que reflejar el potencial real alcanzado y todas las nuevas posibilidades ofertadas por el presente. Es en este punto en el que se encuentran el ICOM y la comunidad museística, pues han de hallar la fórmula teórica que incluya los novedosos modelos museográficos, así como sus objetivos, visiones y recientes responsabilidades. Una apertura del término que sea un reflejo de la actualidad. “Museo” no es un concepto del pasado, al igual que no está anclado a una élite social; está vivo y en continua evolución. Se adapta a las necesidades de las gentes de hoy, así como a los progresos técnicos y a las nuevas teorías museológicas; por lo que debe abarcar cada vez más información y ampliar nuevos horizontes. Esto puede suponer un riesgo, pues no se deben perder de vista las bases esenciales del Museo, además de no sobrecargar la definición.

Pero estas no son las únicas cuestiones a valorar. Hay aspectos como el desconocimiento de las instituciones museísticas, su progresiva inmersión en la sociedad de consumo o la pérdida de liderazgo al frente de la oferta cultural. Estamos ante un debate candente y activo en la actualidad, sin embargo, ¿podemos asegurar que toda esta información llega a la población? El ICOM o los principales organismos museísticos podrán realizar una definición del término, pero ésta no llega a su público. De hecho, se tiene una idea sesgada de los museos como cuatro “paredes” que albergan exposiciones —más o menos— organizadas: un entorno elitista, cuando los Museos son mucho más.

Quizá, el desconocimiento de los centros de arte por parte de la sociedad responda a su incapacidad —y dificultad— de atraer a todos los públicos. Las instituciones museísticas son consideradas como una “obligación cultural” sujeta a una serie de premisas establecidas por las instituciones. Esto no puede ser así, tendrían que promover la producción de cultura, así como su exposición. Ojalá pudieran alcanzar en un futuro próximo la integración total y absoluta de las artes y el patrimonio con la sociedad, principal agente que recorre y visita el espacio expositivo, dialogando con el Museo. Todo ello sin dejar de ofrecer una variedad de actividades adecuadas a los diferentes sectores poblacionales, y, con ello, a sus necesidades y realidades. No pretendemos caer en la utopía, todo lo anterior queda condicionado por lo económico, pues los museos replantean sus objetivos y sistemas de trabajo o administración, para adecuarse a la sociedad de consumo.

En la actualidad, estas instituciones han adoptado un modelo empresarial donde priman la exposición y adquisición de novedosas y pujantes mercancías. Actúan como contenedores al servicio del espectáculo, del público y de los beneficios que puedan generar. Tampoco podemos olvidar factores como la reciente crisis económica o la efervescencia del mercado artístico. La búsqueda de nuevas exposiciones sorprendentes para un público insaciable e impasible, ha dirigido a los Museos a atender el interés del visitante medio. Así, la especulación, las tendencias y las modas son causantes de la progresiva masificación del arte, el patrimonio y los museos. ¿Cuál es el peligro? La falta de visitantes y medios es un problema real que debe combatirse con urgencia, pues no solo han reducido las posibilidades de éstos, sino que además, ha provocado el descuido y el olvido de algunos centros menos frecuentados.

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“Visitantes ante la «Mona lisa» en el Louvre en París; tomar fotos con el celular, en vez de ver la pintura, se ha convertido en la experiencia principal”.

Cambio, Futuro y Comienzo

Creemos que el “nuevo museo” debe mantener ante todo, una actitud de respeto y reciprocidad con la sociedad de su tiempo y el patrimonio que atesora. Si en verdad los museos deben ser instituciones vivas y dinámicas dentro del panorama cultural, tienen que abrirse al público a nivel global y sus intereses.

Tradicionalmente, los Museos se habían constituido como instituciones exclusivas, pues a ellas solo tenía acceso un pequeño porcentaje de la población. A pesar de los progresos y la actual masificación de visitantes, el público museístico suele tener un perfil concreto de cierta formación académica y capacidad económica media. Si solamente acudiese este sector social, el Museo no sería representativo de la diversidad que busca reflejar. Por este motivo, se debe trabajar en torno a diferentes vías inclusivas, modelos expositivos capaces de adaptarse a todos los públicos, además de ser cercanos a los sectores poblacionales tradicionalmente excluidos. No solo debe ser ofertado a toda la población, sino que, además, creemos que debe alejarse del sistema de especulación o las modas expositivas. Estos factores, a pesar de que los Museos se declaren como entidades sin fines de lucro, ponen en riesgo la integridad del patrimonio, y, por lo tanto, de nuestra historia e identidad.

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“La tecnología está cambiando la manera en que los espectadores visitan los museos”- Jennifer Czajkowski (Museo de Arte de Detroit).

Como hemos comentado, el debate en torno al concepto de “Museo” es un frente abierto y en continua renovación del panorama artístico-cultural. Debe dar cabida a todos los nuevos modelos museográficos, realidades y problemáticas sociales, en definitiva, nuevas tendencias que deben ser incluidas y formalizadas en la definición. No por ello, hay que dejar atrás toda la problemática existente y que, si no se soluciona devoraría las instituciones museísticas. Es decir, la teoría es fundamental a la hora de ofrecer museos actuales y de calidad, pero también lo es la práctica, necesaria para un correcto funcionamiento y evolución de los centros.


Para concluir, queremos mencionar que estos debates y nuevas corrientes en la museística no son nuevas. Lo que planteamos tiene ya sus bases en las teorías de Henri Rivière, creador de la Nueva Museología. Como Rivière decía, el museo debe ser un espacio abierto a todo tipo de público, un espacio donde el medio rural, los modos de vida tradicionales y las costumbres locales se valoren, y que permanezca bajo las necesidades de la sociedad. Estas teorías fueron ya planteadas en las primeras décadas del s.XX, lo que nos hace plantearnos por qué no se han hecho efectivas y qué estamos haciendo como sociedad para que el Museo no logre ser aquello que aspiramos que sea. Desde luego, nosotros no queremos que esto siga así. No queremos que de nuevo futuras generaciones se vuelvan a plantear por qué no hicimos nada para construir un Museo, una cultura y una sociedad digna.

Lo dijo el mismo maestro; Yo pinto La Violencia porque era un menester. Debía hacerlo. Es el reflejo inmediato de que hablo. Los periódicos, la gente, todo el ambiente te espicha y hay que sentar tu protesta, hay que cumplir el encargo social. (Panesso, 1975). Un encargo que se ha cumplido con creces, Obregón lo logró con una paleta nutrida y vistosa y con la capacidad deformadora de su imaginación aguda. Una imaginación que fue capaz de encontrar belleza en el horror, no para exaltarlo sino para asegurar que se recuerde.


Imagen superior: Fallen Blossoms, Cai Guo Quiang, 2009, Philadelphia Museum of Art.


Sofía Gabás, Paula Jaulín, Noemí Toro y Pablo Villuendas

Bajo la dirección de Guillermo Juberías

Colaboradores Revista Kalós



Bibliografía

Créditos fotográficos: