La larga sombra del Op Art, de Vasarely a nuestros días

Op Art Vasarely

Estaremos de acuerdo en que los cinéfilos suelen tener múltiples obsesiones. Dejando de la lado la mitimanía, una de las más recurrentes es la de desgranar todas las referencias artísticas localizables en una película. No son pocos los que encuentran en Almodóvar un auténtico puzle de tableaux vivants de pinturas y fotografías del Pop Art y de artistas de la segunda mitad del siglo XX como Hopper o Hockney. Sin embargo, al ver algunas de las películas del cine francés de los 60, de directores como Clouzot, Gérard Pirès o Jacques Demy, lo que descubrimos son cuadros repletos de ilusiones ópticas, con colores flúor y composiciones geométricas. Son ejemplos de una corriente artística que floreció en Francia en estos años y cuya estética impregnó la cultura popular en todos sus niveles. Se trata del Op Art, movimiento que tuvo a Victor Vasarely como principal representante.

Op Art VasarelyLa Prisonnière (1968), Georges Henri Clouzot.

Húngaro de nacimiento (Pest, 1906 – París, 1997), realizó sus estudios artísticos en una escuela de Budapest llamada Mühely, que en húngaro significa atelier. Dicha institución era heredera directa de la Bauhaus fundada por Walter Gropius, uno de los centros de arte y diseño más influyentes de la historia. En 1930, Vasarely escogió París para instalarse. Las competencias adquiridas durante su formación en Hungría le permitieron dedicarse a la publicidad, llegando a trabajar para las agencias más importantes de Francia en esta época. Nunca abandonó esta faceta, ni siquiera cuando era ya un artista consagrado, muy probablemente por el valor que esta tiene como canal difusor de las ideas estéticas a todas las escalas de la sociedad. Entre sus creaciones, una de las más conocidas es el célebre logo de Renault.

Una vez asentado en la capital francesa, contando con el apoyo de una joven galerista, Denise René, Vasarely fue creando toda una imagen de marca entorno a su persona. Al comienzo, sus primeras experiencias plásticas habían sido figurativas. Pero París durante los años treinta era un auténtico hervidero de nuevas tendencias y el contacto con los artistas de Europa del Este, en especial los soviéticos, le llevó hacia la abstracción. Sin embargo, su plástica se aleja del lirismo de Kandinsky. Tampoco presenta la implicación con un movimiento político concreto como sucede por ejemplo con Malevich, a quien Vasarely admiraba. El reconocimiento de Victor Vasarely como padre del Op Art vino fundamentalmente a partir de la celebración de la exposición The Responsive Eye en el MoMA de Nueva York en 1965. En ella pudieron verse obras de otros artistas de esta tendencia, como Bridget Riley o Larry Poons.

La abstracción que el artista húngaro propone nace de la deformación de la imagen, capaz de derivar en la ilusión óptica. En su sueño de hacer un “arte para todos”, encontró en estos trampantojos un elemento comprensible por todo tipo de público. La base de la ilusión óptica es la imperfección de nuestra retina. Habitualmente en la Historia del Arte, la temática de la obra es heredera de toda una tradición cultural inherente a una determinada sociedad. Al observar una Virgen barroca, independientemente de si somos o no creyentes, rápidamente identificamos la imagen y la dotamos de un significado gracias al bagaje cultural específico de nuestra comunidad. En cambio, para un indígena del Amazonas, muy probablemente la Virgen barroca carezca de todas esas implicaciones. La ilusión óptica es capaz de anular esa distancia, es algo que cualquiera puede experimentar, de ahí su valor como elemento democratizador del arte.

Uno de los objetivos dentro de esta tendencia es el de lograr posicionar activamente al espectador ante la obra. El público del Op Art se ve obligado a moverse ante el objeto artístico, a forzar la mirada intentando experimentar la quimera de lo que no existe.

No es un arte pensado para ser observado cómodamente. Su primer objetivo no es el de resultar agradable a la contemplación.

Busca transformar un mundo que se enfrenta a grandes cambios, es la época de la carrera espacial y de la popularización del LSD. Y en medio de esta desenfrenada aceleración, Vasarely tenía como sueño el trasladar sus diseños a edificios reales para crear lo que él llamaba “la ville polychrome du bonheur”. Frente al espíritu austero y anodino de los grandes inmuebles de postguerra, él proponía edificios de vivos colores y atrevidos diseños para intentar que sus habitantes fuesen más felices.

Con el objetivo de cumplir esta utopía, el artista húngaro inauguró en 1976 una gran construcción a las afueras de Aix-en-Provence, la que sería la Fundación Vasarely. Previamente ya había creado en el castillo de la pequeña localidad provenzal de Gordes su “Museo Didáctico”, con más de 500 obras suyas. Por ello, la Fundación Vasarely no nació como un museo, sino como un centro de investigación para los arquitectos y creadores plásticos. Con espacios previstos para residencia de artistas, congresos y conciertos, este inmenso edificio construido en aluminio, cristal y mármol, constituye un ejemplo único de la materialización de los ideales del artista bajo la forma de una arquitectura completa. Vasarely no pudo cumplir su sueño de crear su colorista y utópica ciudad, pero su buena relación con los poderes políticos del momento le permitió realizar integraciones en importantes edificios no solo en Francia sino en todo el mundo. Una de las más tempranas fue la realizada en 1954 para la Ciudad Universitaria de Caracas.

Op Art VasarelySala número 5 de la Fundación Vasarely, integraciones arquitectónicas realizadas en cartón.

El legado de Vasarely en América Latina no solamente se materializa a través de sus obras, sino también en la aparición de toda una escuela de seguidores como los venezolanos Jesús-Rafael Soto, Carlos Cruz Díez, la chilena Matilde Pérez o el argentino Julio Le Parc. En España Eusebio Sempere fue su discípulo más directo, con obras en el Museo de Escultura al Aire Libre de la Castellana. Todos ellos han contribuido en cierta manera a desarrollar una vía de investigación en la plástica contemporánea, centrada en los juegos cromáticos y la experimentación formal. Es el caso de las instalaciones luminosas que ha realizado Carlos Cruz Díez en los últimos años. Bajo el título de Cromosaturaciones, introduce luces de colores intensos en salas vacías con el objetivo de liberar al color de la forma.

Op Art VasarelyCromosaturaciones (serie desarrollada desde 2010 hasta la actualidad), Carlos Cruz Díez.

La herencia del Op Art llega hasta nuestros días. Con motivo de los 40 años de la Fundación Vasarely y del 110 aniversario del nacimiento del artista, una exposición a modo de tríptico fue organizada durante el verano de 2016. Las salas de la Fundación en Aix-en-Provence, el castillo de Gordes en el Louberon provenzal y el Musée Vouland de artes decorativas de acogieron toda una serie de obras inéditas de Vasarely pertenecientes a coleccionistas particulares. Por primera vez pudieron contemplarse muchos de los diseños que realizó durante los comienzos de su carrera, fundamentalmente figurativos y consagrados a la publicidad.

Otro de los valores de esta muestra la invitación al artista marsellés Étienne Rey a realizar varias instalaciones en estos tres históricos edificios. Sus obras de arte retoman del arte óptico de los 70 ese interés por hacer del espectador un sujeto activo. Sin embargo, los medios son los propios de nuestra época, sin renunciar, como sí hizo Vasarely, a la tecnología digital. Durante ese mismo verano, también en la Fundación Vasarely, el colectivo de artistas Seconde Nature ocupó las salas de exposición de los pisos superiores con su muestra Irisations. Basada en el fenómeno de la irisación cromática y la creación del arcoíris, estos jóvenes artistas realizaron impactantes instalaciones y obras de arte en diversos formatos.

El legado de este movimiento artístico no solamente llega a la praxis creativa. Hoy en día, a partir de todos estos juegos ópticos, son varias las instituciones que realizan una intensa labor de mediación cultural con niños y adolescentes. Los vivos colores del Op Art y el intentar desvelar todos sus enigmas implican la puesta en marcha de numerosas capacidades cognitivas. El arte óptico permite conocer e identificar formas geométricas, colores y también técnicas artísticas muy diferentes: mosaico, tapicería, pintura, escultura, cerámica, cartón… Por ello, sus creaciones son idóneas para el desarrollo de actividades didácticas y recorridos pedagógicos. Pero no solamente para los niños, sino también para adultos que no necesariamente tienen por qué tener conocimientos previos de Historia del Arte. Para disfrutar de estas obras no hace falta ser un experto en las vanguardias de la postguerra, basta con mirar atentamente y dejarse sorprender por los intensos efectos que proponen las obras de estos artistas, tan poderosamente vigentes como cuando formaban parte del decorado de las películas de los 60.

Imagen superior: Elasticité (2016), instalación de Étienne Rey en la sala número 5 de la Fundación Vasarely.

PARA SABER MÁS…

– VV.AA., Victor Vasarely, Multiplicité, Lyon, Fage Éditions, 2016.

– VV.AA., Victor Vasarely, De l’œuvre peint à l’œuvre architecturé, París, Hermann Éditions, 2013.

 

 

Guillermo Juberías Gracia

Redactor de la Revista Kalós

¡Difundelo!
Share on FacebookTweet about this on TwitterEmail this to someone