Robert Capa en color: la obra más desconocida del fotógrafo

Hablar de Robert Capa es hablar de reinvención. Nacido en Budapest como Ernö Friedmann en 1913, tuvo que huir a Alemania por el aumento del antisemitismo, y posteriormente a París, donde coincidió con otros tantos artistas e intelectuales en las mismas circunstancias que influyeron de forma decisiva en su formación política y estética.

Al inicio de la exposición vemos una fotografía tomada en 1937 por su pareja Gerda Taro mientras sujeta una cámara cinematográfica en el frente de Segovia -la cual es, por cierto, la única alusión a ella que encontraremos en la exposición-. En cierto sentido dice mucho de lo que será la vida de Capa. El joven húngaro tenía el sueño de llegar a convertirse en un rico y famoso cineasta al modo estadounidense y, aunque no fue exactamente así, sin duda su nombre será un punto clave en la historia del fotoperiodismo.  

Sus inicios como fotoperiodista están en la Guerra Civil española, donde Taro desarrolló una estrategia para dejar de ganar dos duros por sus fotografías: el personaje de Robert Capa, un prestigioso fotógrafo estadounidense que, desde luego, cobraba su calidad. Bajo este nombre firmaron ambos hasta 1937, año en el que Gerda muere durante la retirada de la batalla de Brunete. La exposición comienza a partir de este momento, en el que él solo deberá hacerse cargo del nombre de Robert Capa.

Se articula en 15 secciones por las que recorremos sus años a color: Segunda Guerra Mundial, Hungría, URSS, Marruecos, Estados Unidos, Israel, Esquí, Deauville y Biarritz, Roma, París, En rodaje, Generación X, Noruega, Londres y Japón e Indochina. En ellas veremos las fotografías, las revistas donde fueron publicadas y las cartas a su hermano y sus editores donde defiende arduamente su trabajo a color.

Al terminar la contienda española se estableció en Nueva York, donde de nuevo tuvo que reinventarse como fotógrafo, viendo en el color una posible vía. No fue del todo bien acogido inicialmente, lo que le obligaba a acompañar sus envíos con material en blanco y negro. Esto puede explicarse por las dificultades técnicas, ya que el uso de la película Kodakchrome hacía que tuviera que enviar a la fábrica las fotos para ser reveladas, devolvérselas al autor y reenviarlas a los editores, de manera que el proceso se alargaba entre tres y cuatro semanas. Este gran inconveniente para tratar noticias de actualidad hizo que lo abandonara entre  1943 y 1947.

La primera sección recoge su vuelta a Europa en 1941 para cubrir la Segunda Guerra Mundial, cuyo viaje en buque sería su primer reportaje a color publicado. A  partir de ese momento lo utilizará de forma más o menos continuada, si bien ya había hecho algunas tomas con la cámara de Walter Bosshard durante su viaje a China en 1938.

Tras la guerra debe reinventarse de nuevo. El turismo empieza a crecer, los vuelos conectan Europa y América y las revistas se interesan por publicar en color la visión más optimista de estos avances. «Bob» se acerca al mundo del cine, fotografía rodajes, personas de alta alcurnia en Roma, París y vacaciones en los Alpes suizos que parecen sacadas de un anuncio de refrescos. El color le restaba solemnidad a la fotografía y hacía la escena más humana, transmitiendo el sentido del humor del fotógrafo. Un ejemplo de ello es el reportaje que hizo a Picasso con su hijo Claude en una playa francesa. Sin embargo, pasados unos años se cansa de la banalidad de esta vida y siente la necesidad de volver a lo que él llama «trabajo serio». Así viajó a Japón en 1953, donde no consigue centrar su trabajo hasta la celebración del 1 de mayo.

Al año siguiente, en 1954, le encargan cubrir la guerra de Indochina, con la que no tendrá ningún vínculo personal. Según Cynthia Young, comisaria de la exposición y conservadora de sus fotografías en el ICP de Nueva York, son las mejores imágenes que existen del conflicto por su capacidad de captar la desilusión general. Por desgracia allí pisó una mina antipersona que acabaría con su vida. 

Esta exposición es una oportunidad de ver a Capa más allá de las fotografías de la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial. El color nos acerca más a la realidad e incluso favorece cierta ironía en la forma de verla. Si os preguntáis por qué no se había visto antes este trabajo, podemos decir que el nuevo interés por el color de la época ha influido mucho en su recuperación, así como la posibilidad técnica de digitalizar los negativos y corregir su color. Podéis verla hasta el 9 de septiembre en Caixaforum.

 

 

Imagen de cabecera: Imágenes tomadas en los Alpes por Capa.

Ana Muñoz Pico

Redactora de la Revista Kalós