Marxismo, capitalismo y feminismo: reflexiones de Silvia Federici

activista feminista Silvia Federici

Seguramente me encuentre en algún punto intermedio entre Madrid y Zaragoza, adonde me dirijo. Aprovecho estos minutos para pensar en las próximas conferencias. El terreno lo domino, no es la primera vez, desde que en 1972 participé en la fundación del Colectivo Feminista Internacional poniendo en marcha una campaña a favor del salario por el trabajo doméstico, no he parado. Ahí comenzó todo.

Bueno ¿Dónde estaba? Ah sí, pues eso, que voy camino de las siguientes charlas pensando qué decir. Lo que tengo claro es que debo exponer mis ideas sobre capitalismo, marxismo y feminismo.

Seguramente diga que hablar sobre marxismo, capitalismo y feminismo es vital en un periodo histórico tan importante en el cual, a nivel mundial, se siente la necesidad de un cambio económico, social y cultural. Yo puedo decir inmediatamente que Marx ha dado un gran apoyo al desarrollo del pensamiento feminista que ve el feminismo como parte del cambio social. Es decir, Marx dio en el clavo al ver que el inicio del capitalismo surgió por una acumulación de riqueza no pagada pero falló al afirmar que esto solo pasaba en la clase obrera. ¿Quiénes son las personas que tienen un trabajo no pagado? Exacto, las mujeres, ricas y pobres. El trabajo doméstico y el trabajo reproductivo no pagado es el germen del capitalismo.

La esclavitud doméstica es un elemento central en la teoría marxista sobre la opresión de las mujeres: la fuente de la opresión de las mujeres radica en el papel de la familia como reproductora de la fuerza de trabajo para el capitalismo, y en el papel desigual de la mujer en su seno. Mientras que la familia de las clases dominantes ha funcionado históricamente como una institución a través de la que transmitir la herencia entre generaciones, con el surgimiento del capitalismo, la familia de la clase obrera asumió la función de proporcionar al sistema una oferta abundante de mano de obra.

Seguramente diré que con esto el hombre se convierte en el supervisor del trabajo no pagado de la mujer que pone a la familia en dos sectores –el asalariado y el no asalariado- creando una situación donde la violencia está latente y en la cual reside la prosperidad del patriarcado porque se pega a la mujer que no cumple: no cocina, no quiere relaciones sexuales… etc. Por dicho motivo, la violencia doméstica nunca ha sido considerada como un crimen real hasta el movimiento feminista de los años 70 del pasado siglo, porque se presumía que el varón tenía el derecho de golpear a su mujer ya que no cumplía su función.

Con esta construcción de la familia se obtienen dos cosas: un trabajo pacificado y menos rebelde y se conquista un trabajo más productivo según el campo de visión del capitalismo y el patriarcado. Así el capitalismo, poco a poco, en su historia y en su desarrollo, reestructura toda la sociedad en su imagen.

Perdón, ¿me estaré enrollando demasiado? No sé, ¡Ah! Algo que no puedo descuidar son las preguntan que puedan hacerme. ¿Y si me preguntan sobre el feminismo hoy? Contestaré que a mí me parece que estamos en un momento muy positivo puesto que hay un nuevo movimiento feminista a nivel internacional, aunque todavía no está resuelto el problema. Hoy las mujeres tienen más poder del que tuve yo en los 70 así que algo se ha conquistado pero hay que seguir luchando.

Tengo entendido que en España está en boga últimamente el tema de la maternidad subrogada ¿Y si me preguntan sobre ella? Contestaría que es un horror. Lo peor es que intentan venderla como una forma de emancipación, como si fuera la realización de la búsqueda de confort sobre nuestro cuerpo. En realidad es la expresión del empobrecimiento brutal de muchas mujeres en varias partes del mundo. No solo deben vender los productos de su trabajo sino también el producto de su procreación.

Seguramente añada que el problema de la mujer no es el mercado, es que nosotras no somos el mercado. Hoy dicho mercado se ha ampliado tanto que puedes vender a tu propio hijo, esto no es emancipación, esto es la nueva forma de esclavitud.  Así que tenemos que denunciarlo, no podemos ser cómplices de la creación de un mercado de niños y niñas. Además, pocas veces se centran en hablar de los problemas que sufren las mujeres tras la separación de su hijo y son muy graves. El cuerpo de una mujer no es un contenedor.

De lo que no estoy hablando mucho es de los hombres… ¿Y si me preguntan sobre los hombres aliados del feminismo? Contestaría que el papel de los hombres, por supuesto, es muy importante. Hay cosas muy positivas que no solamente son compartir el trabajo doméstico y responsabilizarse del proceso de reproducción pero todavía hay que educar y responsabilizar sobre la violencia hacia las mujeres. Los hombres están empezando un trabajo de conciencia y educación. En Nueva York se han contabilizado grupos de hombres que han comenzado a hacer un programa de educación para hablar sobre estos temas.

Otro tema peliagudo es la prostitución. ¿Me preguntan sobre ella? Contestaría que la prostitución es una forma de explotación y acumulación capitalista. No hay más.

Y, por último, si me preguntaran sobre la violencia que sufrimos y como responder a ella o como solucionarla, diría que el movimiento de las mujeres contra ella debe empezar rechazando dicha violencia en la infancia porque nosotras estamos en la misma línea que la infancia. Las mujeres siempre han estado al mismo nivel que los niños, es decir, no somos un ser humano completo y por tanto somos menores. Entonces, como un pequeño animal que se debe disciplinar y controlar, sufrimos violencia. La lucha de esta contra la infancia es fundamental, no se debe educar a los niños así.

¡Alto! Llegados a este punto habrá que confesar… No, no soy Silvia Federici. Pero no se decepcionen ni saquen conclusiones precipitadas. ¿Cómo podría yo enfrentarme a este artículo sino fuera metiéndome en la piel de Silvia?

No se asusten, no me he inventado nada, todo lo que han leído anteriormente es la opinión de una mujer que lleva luchando desde el siglo pasado por la igualdad y los derechos de las mujeres, es la opinión que escuché en una sala abarrotada de gente donde no importaba estar sentado en el suelo o pasar calor, es la opinión de una luchadora, es la opinión real de Silvia Federici. Porque esto, señores míos, lamentablemente es real.

Silvia Federici es una activista, escritora y filósofa italiana que actualmente se encuentra asentada en Nueva York, donde da clases. Ha escrito algunos de los libros más influyentes sobre feminismo como Calibán y la bruja o Revolución en punto cero: trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas. Si tienen la posibilidad de leerla ¡háganlo! y si tienen el placer de escucharla ¡disfrútenla!

Imagen superior: La activista feminista Silvia Federici.

 

Pamela Tomás

Redactora de la Revista Kalós

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