Sobre Ortega, Haneke y Avengers

Fotograma de Arno Frisch en Funny Games (1997).

Algunas especies […] se apoderan de nuestro afecto y nuestra aprobación en cuanto se nos presentan por primera vez. Y cuando no logran producir ese efecto, es imposible que razonamiento alguno pueda cambiar su influencia o adaptarlas mejor a nuestro gusto y sentimiento.

Investigación sobre los principios de la moral, David Hume.

Bajo la propuesta teórica de Ortega y Gasset sobre el arte cabe preguntarse qué manifestaciones artísticas se pueden modular bajo ese supuesto, y si aún pueden realizarse esos enfoques a un tipo de arte casi cien años después de La deshumanización del arte. Si bien Ortega y Gasset ya había relacionado a Mallarmé y Debussy como miembros del arte impopular y, por tanto, artistas nuevos, vale preguntarse hoy ¿quiénes pueden ser esos artistas nuevos o, mejor dicho, qué puede ser arte nuevo? Porque, aunque de alguna manera vea Ortega esas delimitaciones por medio de un momento histórico concreto, y me refiero en su enfoque al Romanticismo y el Realismo en la literatura, lo cierto es que limitarnos a contextos marcados en la historia de las letras sería limitarnos a un enfoque que hoy en día puede sernos de lo más interesante.

Antes que nada, me parece, los ejemplos bajo los cuales pueden mostrarse ad hoc con la propuesta orteguiana al arte son dos películas: por un lado, Avengers: endgame y, por otro, Funny games de Michael Haneke (aunque me parece que puede caber cualquier película del cineasta en este tema). Pero necesitamos, entonces, saber qué dijo sobre el arte Ortega para mostrarnos compasivos o indignados con dichas propuestas.

Ortega aprecia una situación peculiar con algo que denomina arte impopular. Existen manifestaciones artísticas que cuando se presentan al público generan repulsión y desconcierto. Son estas las que asaltan la comprensión humana de las masas pues no encuentran vaciadas las pasiones y los sentimientos, es decir, al acercarnos a una obra artística, cuando no responde a lo que nos es más cercano ni se encuentra empatía con ella, genera confusión y, hasta cierto punto, hastío; lo que desemboca en un alejamiento y, por tanto, impopularidad de esa obra.

Ahora bien, el Romanticismo, según Ortega, pasó esa situación y pronto recibió la atención que pedía debido a que se notó cómo en esas obras las características humanas se representaban de manera notable; y qué decir del Realismo, hará falta acercarnos a la obra de Balzac o Flaubert para enmarcar de manera precisa la condición humana. No obstante, para Ortega esas manifestaciones artísticas, por ejemplo, las románticas y las realistas, pasan a la delimitación de arte viejo, por tanto, arte popular, pues genera consentimiento. El español considera la poesía de Mallarmé y la música de Debussy contrarias a estas manifestaciones; mientras que la poesía de Baudelaire y la música de Wagner se adhieren a las tendencias artísticas del Romanticismo que encuentran recepción y aceptación.

En conclusión, cuando una obra se presenta y genera aceptación hablamos de arte popular, por lo tanto, de arte viejo; mientras que cuando la obra se muestra desagradable a la comprensión humana hablamos de arte impopular, por tanto, arte nuevo.

Dejadas sentadas las cosas y el patio de juego que el filósofo español propuso, entremos en materia: a mi parecer Avengers: endgame cuenta con características de arte viejo; Funny games de Michael Haneke entra en arte nuevo. Viene a cuenta, hablando de Ortega, acentuar dos consideraciones: por decirlo así, el contenido de la película y la recepción de ella. Avengers: endgame fue la película que generó más entradas en taquillas de la historia y se prestó para que cualquier persona, aún no fan de Marvel, se distrajera con la película, pues lo más fanáticos a la franquicia iban a ver a sus superhéroes favoritos.

La película tuvo aceptación, aunque sería un error creer que fue solamente porque estuvo durante varias semanas en cartelera, en cada sala de cine de, prácticamente, todos los cines. No. La película cerró hilos y buscaba cerrarlos para quedar bien con el público que compró una entrada. Fue una película donde el bien tenía que triunfar sobre el mal, pues es lo que debe pasar o, mínimo, con lo que tienes bien al público, le das sus gustos. Y no sólo eso, pues hemos visto que los superhéroes se gestaron como idealización de los anhelos de la humanidad: bondad, valentía, belleza, por no decir que muchas personas ven en estos personajes sus más profundas aspiraciones ¿no provoca esto empatía con el filme? Más aún, ¿no son estas las características, en cierta medida, que Ortega adjudicó al arte viejo?

Vale decir que el contenido del filme, aunque muy limitado en este ensayo, y recepción en el público, son dos condiciones que podemos decir del, por un lado, arte humano y, por otro, arte popular.

Llegados al segundo caso viajamos al polo opuesto. Haneke, si bien es conocido como un cineasta mainstream, lo cierto es que no creo que sea del tanto así. El autor de Funny Games construye sus películas con aquello que no se quiere ver, nuestros anhelos son ahora triturados por las historias hanekianas, de corte crudo, que no le temen a incomodar al público.

Sobre esto el cineasta austriaco sólo quiere mover algo en el individuo, y si es su indiferencia, qué mejor. Le quiere regresar el poder al espectador porque se le ha quitado voz y voto. Quiere ver su interpretación y no su asimilación y, en el peor de los casos, su pasividad frente al filme. Funny games es todo menos juegos divertidos, las risas aquí son cínicas y eso es bueno; no tendremos la típica historia en que el bien triunfa sobre el mal, es más, no se sabe qué es el bien ni qué es el mal. Haneke es tan bueno que no es moralista.

El filme se concentra en ir deconstruyendo ideas humanas, sentimientos humanos, razones humanas. Lo hace por medio del distanciamiento brechtiano porque él sabe que en la película hay más cosas al margen de lo que acontece en la vida cotidiana, los anhelos y aspiraciones. Al acabar su filme es más que aceptable la confusión, sin embargo, habría que percatarnos si la aceptamos o la rechazamos y el porqué de esta postura.

Dos son las cosas por las cuales, me parece, que el público no se acerca a los filmes de Haneke, no sólo a este: la confusión y el miedo a ver lo que no queremos ver. Por lo tanto, el cine del austriaco se mantiene al margen de las masas, es impopular, porque hace hincapié en el hartazgo y desprecio que nos tenemos a nosotros mismos. Finalmente en sus películas podemos hallar las características, según Ortega, de arte impopular y, por tanto, de arte deshumanizado.


Imagen superior: Fotograma de Arno Frisch en Funny Games (1997).


Óscar Daniel Sandoval Flores

Colaborador de Revista Kalós