El agua de las ninfas: de Jean Laurent a José Luis Sampedro

Vista del Gran Hotel Cascada desde el lago

«Hace falta que algo cambie para que todo siga igual».

Giuseppe Tomasi di Lampedusa empleaba esta célebre afirmación en su obra El Gatopardo. Lo cierto es que en España estamos acostumbrados a que el Patrimonio de épocas pretéritas sufra demasiados cambios, los necesarios para que al final nada siga igual. Por ello, a poco que uno sea mínimamente romántico, experimenta agradables sorpresas descubriendo lugares que sí han sobrevivido relativamente bien al paso de los años.

Curiosamente, los balnearios españoles son buenas máquinas del tiempo, conjuntos que en la mayoría de los casos vivieron su decadencia en la época del desarrollismo de la segunda mitad del siglo XX, lo que los privó de ser transformados en complejos hoteleros al más puro estilo Benidorm. Buena parte de ellos proceden del siglo XIX, pero fueron recuperados a finales del siglo pasado, y en muchos casos han conservado bien el aspecto que tenían en la época en la que fueron construidos. En Aragón, Termas Pallarés llegó a ser el más importante de la región, junto con el de Panticosa en Huesca. Lo que poca gente sabe es que buena parte de los edificios que hoy en día lo conforman, fueron erigidos por un olvidado de la Historia de España, Manuel Matheu, un importante empresario, político e intelectual catalán, que tuvo el talento de hacer de un pequeño pueblo de la provincia de Zaragoza una extensión de la sociedad y el ambiente madrileños.

Por si la historia del balneario fuese poco evocadora, conviene saber que ya los romanos conocían las propiedades de las aguas de Alhama, a las que llamaban Ninphorum Aquae (agua de las ninfas). Explotadas desde entonces hasta hoy, hubo que esperar hasta 1860 para que Matheu se interesase por estos terrenos para erigir un balneario moderno. Todavía hoy, aquellos que utilicen el regional que va de Zaragoza a Madrid, encontrarán que la estación de tren de Alhama se localiza a las afueras del pueblo. El ferrocarril atraviesa los terrenos del balneario, estando su estación pensada ex profeso para los clientes. La explicación es que Matheu, con su poder e influencia consiguió modificar el trazado del ferrocarril para que este pasase por su propiedad.

Durante los años 60 del siglo XIX, fue construyendo los diversos edificios que integran el balneario: hoteles, un baño de aire morisco, un palacete, jardines de inspiración inglesa y un lago de agua caliente con barcas para la diversión de los usuarios. Alhama, con tren desde Madrid, ofrecía el refugio perfecto para todos aquellos que querían huir de la agobiante capital, fuesen un público paciente o simplemente ocioso. Recibió las visitas del rey consorte Francisco de Asís, esposo de Isabel II, y era casi diaria la referencia a Alhama en la prensa nacional, debido a que los políticos madrileños eran clientela asidua del balneario.

Uno de sus visitantes más interesantes fue el fotógrafo francés Jean Laurent. Borgoñón, pero con estudio fotográfico a partir de 1856 en la Carrera de San Jerónimo, aprovechó el desarrollo del ferrocarril en la España isabelina para desplazarse por toda la geografía nacional. Retrató, gracias a la técnica del colodión húmedo (una de las primeras de escaso tiempo de exposición, pero que obligaba a los fotógrafos a llevar su laboratorio en una especie de carromato cada vez que querían hacer una toma), las ciudades y pueblos, prestando gran atención a los monumentos. Esto le permitió abrir una tienda en París en la que vendía las pintorescas vistas que tomaba en España y Portugal. En aquella época, el imaginario español gozaba de gran éxito en la capital francesa, sobre todo gracias al matrimonio del emperador Napoleón III con la granadina María Eugenia de Montijo en 1853. París asistió a la celebración de corridas de toros y en el catálogo de la Sección Española de la Exposición Universal de 1867 figuró Termas Matheu. Laurent fotografió el balneario, sus imágenes pueden consultarse hoy online en la web de la Fototeca Nacional de Patrimonio Histórico.

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Termas Matheu, Vista del Lago, imagen procedente de Aragón Pintoresco, Archivo de la DGA.

Manuel Matheu erigió su balneario siguiendo los modelos de muchos otros complejos termales europeos. Vichy, Bagnères-de-Luchon, Baden-Baden, Bath, Karlovy Vary, todos ellos estaban siendo construidos en ese momento. Normalmente solían ubicarse en enclaves de gran belleza paisajística, cerca de bosques o en mitad de regiones montañosas. Esto contribuía al deseo de evasión de sus clientes, ansiosos por alejarse de la agobiante urbe industrial.

Los paseos y las salidas a la naturaleza eran una de las actividades más populares en los balnearios. En Alhama de Aragón la visita obligada era al cercano Monasterio de Piedra. Curiosamente, este había sido recuperado en 1844 por otra familia de origen catalán, los Muntadas. Juan Federico Muntadas heredó de su padre Pablo la propiedad del monasterio, y tuvo el talento de convertir los terrenos circundantes en un jardín de estilo romántico, descubriendo en 1860 la gruta de la Cola de Caballo. Los libros de visitas del Monasterio de Piedra conservan los autógrafos de todas las personalidades que visitaron este parque, alojándose muchas de ellas en Termas Pallarés.

El 1872 falleció Manuel Matheu, siendo entonces cuando la propiedad fue adquirida por los Pallarés. En esa época se levanta el Casino, uno de los edificios más representativos del balneario, obra del arquitecto zaragozano Miguel Ángel Navarro. Su planta baja la sigue ocupando hoy en día el café del balneario, una agradable terraza con vistas sobre esos jardines que Matheu llenó de esculturas y fuentes entre la vegetación fingidamente salvaje. Otro de sus edificios era el Gran Hotel Cascada, inaugurado en 1915 con un concierto del tenor Gayarre.

Juan Ramón Jiménez fue asiduo visitante del balneario. Se refiere al lago cuando dice: «por sus manantiales ocultos entre rocallas, su vegetación sombría, su embarcadero entre la maleza, sus puentecillos rústicos y sus islas artificiales con quioscos tapizados en hiedras». Miguel Fleta y la cantante Lucrecia Arana también se hospedaron en el balneario. En el auditorio del Casino eran habituales los conciertos, las comedias o las zarzuelas, todo ello destinado a la diversión de la clientela.

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Escalinata de acceso al Casino de Termas Pallarés.

Durante los años 30 del siglo XX, ya en manos de la familia Taboada, Termas Pallarés inició un periodo de crisis que se vería culminado durante la Guerra Civil,  momento en el que fue utilizado como hospital de sangre debido a su cercanía a los frentes del Ebro, Teruel y Guadalajara. Pero también sería testigo de un desconocido episodio de la II Guerra Mundial. A partir de 1942, gracias a un contrato firmado con el Ministerio del Aire, el balneario acogió a numerosos aviadores aliados de paso por España, muchos de ellos ingleses, estadounidenses, canadienses y australianos, todos a la espera de ser destinados de vuelta a sus países de origen. En Alhama fueron recordados durante muchos años los partidos de waterpolo organizados por estos militares en el lago de las Termas.

Pero además, el balneario ha servido de escenario para cuatro películas del cine español. La primera de ellas Los jueves milagro, una de las más célebres de Luis García Berlanga, en 1956. Posteriormente para Accidente 703 de José María Forqué. La tercera Cinco almohadas para una noche, de Pedro Lazaga y protagonizada por Sara Montiel en 1974. Finalmente Villaviciosa de al lado de Nacho García Revilla en 2016. Con motivo del rodaje de esta se restauró el antiguo teatro de Termas Pallarés.

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Vista interior del palacio del balneario, fotograma de Los jueves milagro.

En Alhama todavía se recuerda con nostalgia las visitas al balneario del escritor José Luis Sampedro. En 2003 fue nombrado hijo adoptivo de la localidad. Las alusiones a Alhama aparecen en obras suyas como Octubre, octubre o La vieja sirena. En 1925 visitó el balneario por primera vez con tan solo ocho años, en compañía de sus padres. Regresó a él a finales de los 50 a inspirarse para El río que nos llevó, y desde entonces se convirtió en uno de sus lugares favoritos, muy cercano a Soria, de donde procedía su familia.

Hoy en día Termas Pallarés protagoniza reportajes de El País Viajero. No ha cerrado sus puertas durante los años de la crisis. Sin embargo, algunos de sus edificios languidecen en un estado de abandono. El patrimonio de este balneario ya sufrió un duro golpe en 2003 con el derribo de la capilla neomedieval que diseñó a comienzos del siglo XX Miguel Ángel Navarro.

Es la doble cara de un negocio rentable, que promociona de todas las maneras posibles sus establecimientos hoteleros y termales, pero que se olvida de proteger un Patrimonio que forma parte de la Historia aragonesa de los siglos XIX y XX.

 

Imagen superior: Vista del Gran Hotel Cascada desde el lago.

PARA SABER MÁS…

– TABOADA C., Memorias del Balneario, Zaragoza, Balneario Termas Pallarés, 2007.

Guillermo Juberías Gracia

Redactor de la Revista Kalós

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